Tengo varias cosas en la cabeza sobre todo esto de la pandemia, los encierros, la reapertura, la inmunidad de grupo, etc. Este artículo es un esfuerzo de síntesis (pero sin pasarse) por si se pudiese llegar a alguna conclusión.

Resumen de la situación en Canadá: a día de hoy, la curva de nuevas infecciones sigue yendo hacia arriba. En Quebec los restaurantes, bares, cafeterías y todo negocio de cara al público que sea "no esencial" (aquí la lista) está cerrado o solamente hace envíos a domicilio, y todo el que puede teletrabajar lo está haciendo, pero no está prohibido salir a pasear. Nosotros fuimos a dar una vuelta por el monte el otro día y nos encontramos con muchísima gente. Es sí, cada vez que alguien se nos cruzaba, tanto ellos como nosotros nos apartábamos para dejar que corriese el aire.

Nuestro flamante premier provincial, François Legault, dijo el otro día en su rueda de prensa diaria que igual había que irse pensando lo de la inmunidad de grupo:

“The concept of natural immunization does not mean we are going to use children as guinea pigs,” Legault said at his Thursday briefing. “What we are saying is people who are less at risk, people who are under 60, can get a natural immunization and impede the wave.”

Legault’s remarks immediately sparked a heated debate on social media with some participants saying the province is playing with fire.

Vamos a olvidarnos de las reacciones en las redes sociales, que salen en los periódicos pero no sirven para nada. Lo que sirve es que al día siguiente el gobierno federal dijo que si estamos tontos:

Canada's top doctor says there isn't enough evidence to back herd immunity as a way to reopen society, as Quebec's premier is considering the approach to restart his province's economy.

"The idea of ... generating natural immunity is actually not something that should be undertaken," Canada's Chief Public Health Officer Theresa Tam said Saturday, urging people to be "extremely cautious" about the concept.

[...] The World Health Organization (WHO) published a brief Friday stating that there is "currently no evidence" that people who have recovered from COVID-19 and have antibodies would be protected from a second infection, but clarified Saturday that most people infected would end up with "some level of protection."

Salvo grupos marginales y aislados a los que la prensa por el momento no está haciendo mucho caso, no está habiendo protestas importantes que pidan reabrir la economía. Incluso Doug Ford, primer ministro de Ontario y lo más parecido que tenemos a Trump aquí, llamó "panda de yahoos" a un grupo de unas 100 personas que pedían el fin del cierre. En Estados Unidos, protestas similares, bastante más nutridas, ya han dejado imágenes para los libros de historia.

Los distintos procesos de reapertura, y no habló aquí solamente de Canadá, están dando lugar a un número igual de justificaciones, pero al final todo viene siendo un retrato de los gobiernos locales: cuánta gente es aceptable que enferme a cambio de qué nivel de actividad económica se quiere intentar recuperar.

Por una parte tenemos el ejemplo de Hokkaido, en Japón, que abrió en cuanto pensó que ya estaba todo controlado:

Japan’s northern island of Hokkaido offers a grim lesson in the next phase of the battle against COVID-19. It acted quickly and contained an early outbreak of the coronavirus with a 3-week lockdown. But, when the governor lifted restrictions, a second wave of infections hit even harder. Twenty-six days later, the island was forced back into lockdown.

A doctor who helped coordinate the government response says he wishes they’d done things differently. “Now I regret it, we should not have lifted the first state of emergency,” Dr. Kiyoshi Nagase, chairman of the Hokkaido Medical Association, tells TIME.

Es bastante probable que varias regiones que están abriendo antes de tiempo, sobre todo en Estados Unidos, vean un repunte en las próximas semanas y tengan que volver a cerrar, y nadie, nunca jamás, lo podría haber previsto.

Y luego está el caso de Alemania, que me parece lo más racional, pero visto desde el otro lado:

Berliners celebrated the reopening of their shops last week after a five-week shutdown that turned one of Europe’s liveliest capital cities into a ghost town. But what should have been a celebration felt more like a wake.

In Mitte, one of the German capital’s trendiest neighbourhoods, where thrift shops jostle for space with tech start-ups and glitzy boutiques, the streets were eerily empty. Most stores were still shut, and those that were open were largely devoid of customers.

“Our sales will collapse,” said Chantal Frohnhoefer, manager of Macchina Caffe, a small shop selling espresso machines. “No one really wants to go shopping right now. They’re still too scared they’ll get infected.”

A lo que sólo puedo decir: por supuesto. Por una parte, es indudable que haya partes interesadas en minimizar el impacto económico de todo esto. Por otra, a nivel individual, yo tardé como un segundo en tomar una decisión cuando me puse a pensar si me apetecería volver al trabajo y potencialmente formar parte de la segunda oleada o preferiría quedarme en casa más tiempo. ¿A quién no le hace mogollón de ilusión comprarse un billete de lotería para pasar una semana en la UCI?

Además, dado que aún no se sabe el impacto económico a largo plazo1, salir a gastarse el dinero en cualquier cosa que no sea absolutamente imprescindible es una locura. De aquí a un tiempo empezarán las campañas que dirán que la economía es un asunto de todos, ante lo cual lo único que puede responder alguien que no haya estado viviendo debajo de una piedra durante la última década es: ¿y a mí qué?

En resumen: no me fío nada de la reapertura. Y recuerden: cuando oigan hablar de "una gestión eficiente de la sanidad", lo que quieren decir es "vamos a estar a salto de mata si todo va bien, y cuando algo vaya mal nos vamos a cagar vivos".


  1. Pero piensen en sus previsiones y no se preocupen, que será mucho peor.