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Sin venir a cuento, les tengo que comentar que hoy, durante aproximadamente 10 minutos (minuto arriba, minuto abajo), he discutido con alguien en público en un foro de Internet. He intentado argumentar ante otro ser humano en un medio electrónico concurrido para convencerle de algo. En un inusitado arranque de optimismo me he venido arriba y al grito de "¡Sí, se puede!", he publicado tres comentarios en un foro.

Luego he visto el resultado y me he acordado de por qué no tengo cuenta ni en Twitter ni en Facebook, de por qué este blog no tiene comentarios, y de por qué frecuento un puñado de foros estrictamente en modo de solo lectura, salvo para hacer alguna anotación puntual y luego retirarme.

Me voy a repetir para sintetizar: la probabilidad de que una discusión en un foro público (remarco: público) sea fructífera tiende a cero.

Pongamos el asunto de las mascarillas y el coronavirus. O el simplemente el coronavirus, que por supuesto hay gente que dice que no existe. ¿Por qué? Pues porque la filosofía es la cosa esa coñazo de los griegos locos que iban por ahí en pelotas, y epistemología es una palabra rara que me acabo de inventar, y porque la respuesta a la pregunta "cómo puedo saber si algo es cierto si no lo puedo comprobar yo personalmente" no es trivial. No solo no es trivial, sino que es difícil.

¿Saben qué es fácil? Acudir a argumentos muy simples y fáciles de entender que refuerzan nuestros sesgos personales. Es usted alguien que cree que su gobierno (o alguna institución que depende de él) es poco menos que un ser maléfico (¡y burocrático e ineficiente1!) y de repente oye algo que le permite ser un Ciudadano Libre(TM) y unirse a la rebelión y que le cabe en un mensaje de texto de una línea. ¿Cómo no hacerle un huequito en su corazón? No voy a repetir aquí qué argumentos son esos, porque son de sobra conocidos y no estoy por la labor de ayudar a extenderlos, pero seguramente tengan dos o tres en su cabeza según leen esto. A cualquiera de ellos debería seguirle el pensamiento: "pero si esto fuera tan sencillo ni siquiera estaríamos discutiéndolo2"; y por algún motivo eso no ocurre. Y eso no lo arreglan cuarenta comentarios ni treinta reenvíos en un grupo de WhatsApp, y eso suponiendo que su interlocutor está conversando de buena fe, que ya les anticipo yo que no.

Contra esto, el argumento a favor de las mascarillas viene a ser: "por favor, úsenlas, pero tengan en cuenta que no son perfectas, así que mantengan la distancia de seguridad, y recuerden que no las usan tanto por ustedes como por los demás, para evitar contagiar a los que les rodean si ustedes son asintomáticos, etc", con todos sus matices, sus peros y sus incertidumbres.

Es como intentar pellizcar un cristal.


  1. no como cuando intentaron darse de baja de su compañía privada de telecomunicaciones, que eso seguro que no fue ninguna de las dos cosas. 

  2. esto es cierto para multitud de teorías de la conspiración o negacionismos variopintos. Ni fuimos a la Luna porque no se ven las estrellas en las fotografías que sacaron, ni puede existir el calentamiento global porque el invierno pasado nevó, ni la evolución puede ser cierta porque sigue habiendo monos. Otra variante de esto mismo es que estas refutaciones extremadamente simples no van a la cuestión central, sino a una versión distorsionada de la misma, pero precisamente funcionan porque nuestra tranquilidad mental depende de no entenderla.