Cita extraída de The Finance Curse, de Nicholas Shaxson:

The overall result of this sea change from progressive economics towards identity politics created a paradox, explained Matt Stoller of the Open Markets Institute in a landmark article in The Atlantic in 2016 entitled 'How the Democrats Killed their Populist Soul'. 'At the same time that the nation has achieved perhaps the most tolerant culture in US history, the destruction of the anti-monopoly and anti-bank tradition in the Democratic Party has also cleared the way for the greatest concentration of economic power in a century.' This 'is part of the larger story of how the Democratic Party helped to create today’s shockingly disillusioned and sullen public, a large chunk of whom is now marching for Donald Trump'. And this shift paved the path for the Third Way. Hillary Clinton even crystallised the shift in an election rally speech in 2016.

'If we broke up the big banks tomorrow,' she shouted, 'would that end racism?'

'No!' her audience replied.

'Would that end sexism?'

'No!'

And on she went, razzing the crowd up with a pro-big bank message couched as something very different.


Mi apuesta para las elecciones estadounidenses de 2020 es que, en el momento más inesperado, Donald Trump mirará directamente a cámara y, al grito de "¡gracias por participar!", el objetivo (el espectador que durante estos cuatro años no ha podido apartar la vista del espectáculo) enfocará a otra cámara (la de verdad) y se descubrirá que hemos estado viviendo el proceso de selección de un reality marca de la casa. Matt Christman, de Chapo Trap House, dice que la idea que tiene Trump de ser presidente es verse a sí mismo en televisión tuiteando mientras hace como que preside.

Si este episodio de Trumpception no llegara a ocurrir, mi segundo caballo favorito es la combinación de que 1) el partido Demócrata tendrá como candidato a Biden, Bloomberg, ¡Clinton!, o algún otro representante del extremo centro sensato y responsable; 2) Trump volverá a ganar gracias a la incompetencia de unos adversarios que vuelven a recurrir un San Antonio menos entretenido que el suyo; 3) y por supuesto la culpa será de los rusos.

Relacionado: Russiagate is this generation's WMD, por Matt Taibbi. Si pueden hacerse con una copia de Hate, Inc., háganme caso y no se lo piensen.