Los guruses que saben de esto y van por ahí dando charlas con micrófonos de diadema sobre cosas tecnológicas tienen ya varias frases comodín que sonaban muy modernas al principio pero que ahora vienen prácticamente impresas en cada brick de leche. A saber: la nube son los servidores de los demás o, más acorde al tema que nos trae, vivimos en una economía de la atención o si no eres el cliente, eres el producto. Pueden comentar esto con ellos escribiéndoles a sus cuentas gratuitas de Gmail o dejándoles un comentario en Facebook.

Creo que en realidad todo esto se está quedando a medio gas.

El 90 % de la web hoy en día consiste en poner un anuncio y algo apetecible al lado: una foto de un colega, un artículo de periódico, un servicio de correo electrónico o un vídeo. Pero el contenido principal, la chicha, el motor económico de todo el tinglado, es el anuncio, lo demás es el señuelo. Visto así, Facebook no es una red social que nos permite comunicarnos de forma instantánea con el resto de sus usuarios, estén donde estén, y que tiene anuncios para financiarse, sino que es una red de anuncios rodeada de un montón de gilipolleces diseñadas para subir el engagement. Si esa optimización cae en un mínimo local genocida, pues la vida es dura.

Si el anuncio es el centro del universo podemos pensar en una aplicación de móvil que quite las sobras. Sería así:

El usuario se registra; para ello ha de rellenar un formulario cuyo propósito es tener un perfil demográfico lo más ajustado posible. Tras el proceso de registro, la aplicación muestra un anuncio por minuto. No hay prisa. Después del anuncio, el usuario tiene que responder a una serie de preguntas sobre el contenido del mismo (enviadas por el anunciante) para comprobar si efectivamente se estaba prestando atención o nos habíamos dejado la aplicación abierta mientras estábamos a otra cosa. Hasta que no se contestan las preguntas (de forma correcta o incorrecta) no se puede acceder al siguiente anuncio. No hay límite en la cantidad de anuncios que se pueden ver en un día. El incentivo es que, cada semana, el 50 % de la recaudación de la app se sortea entre todos los usuarios, ponderando por el número de respuestas correctas (los usuarios que prestan más atención tienen más probabilidad de ganar).

El anuncio por el anuncio. Puro, sin adulterar. Serás el producto, pero te puedes forrar.


Bola extra: la app utiliza su propia red de anuncios que solamente ingresa dinero si se completa una acción de compra. Es decir, no vale con enseñar anuncios ni pinchar en ellos, tienen que ser relevantes.