Evito la publicidad en la medida de lo posible. No me gusta que me intenten convencer de comprar cosas que no necesito con técnicas propagandísticas (que es lo que es la publicidad en última instancia). De un tiempo a esta parte, me estoy fijando más en cómo la publicidad ocupa espacios públicos, y no puedo sino alegrarme cuando alguien modifica uno de estas instalaciones para expresar un mensaje de protesta o contrario al de la corporación de turno (véase: subvertising).

Desde hace ya un tiempo, se viene cumpliendo religiosamente el rito de que a cada película para niños le sigue una campaña promocional unida a alimentas típicamente asociados a la infancia (ej: con cantidades de azúcar, grasa o ambos superiores a las recomendadas para un elefante). Un buen ejemplo es Spiderman y sus putas grúas en las cajas de cereales.

Pero esto, vivido en mis propias carnes esta mañana, ya es pasarse.

Anuncio en la pegatina de un 
plátano

Me alegra al menos que alguien haya pensado que esto puede tener un cierto impacto porque hay niños que comen fruta.