No tengo ni idea de a quién votaré en las elecciones de diciembre. Mis partidos de referencia se han ido a hacer puñetas y cada vez me cuesta maś entender la (no) confluencia popular de Judea.

En las autonómicas el voto me llegó el penúltimo día en el que se permitía ejercer el voto en el extranjero. Incluso entonces yo ya estaba feliz porque en el fondo pensaba que así no iba a tener que decidir, pero al final se me hundieron esas apacibles vacaciones mentales.

Dado el actual panorama, me vendo barato: tendrá muchos puntos el candidato que, en el debate (si es que hay uno en condiciones), le pregunte a Rajoy por ¿y la española? Con ese fino ejercicio de elegante trolleo me quedo contento.