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Tengo la suerte de tener algo un trabajo que depende únicamente de tener un ordenador y una conexión a internet, así que llevo desde marzo de 2020 poco menos que currando en pijama en una habitación que tenemos acondicionada como estudio. Los inicios fueron cutres, pero con una silla nueva y un par de brazos articulados para elevar los portátiles esto es mucho más cómodo.

Mi trabajo consiste en sentarme delante del ordenador y desarrollar y poner en producción modelos de machine learning. Funciona igual desde mi casa que desde una oficina a 45 minutos de distancia en Metro. Pero si trabajo 7 horas al día y tardaba hora y media en ir y volver todos los días, antes le tenía de dedicar 8 horas y media de mi vida a esto. Ahora son 7 exactas. Un 18 % menos, cobrando lo mismo. Como aumento de sueldo indirecto no está nada mal.

No he encontrado ningún argumento que me convenza de que ir a la oficina es obligatorio para mi puesto u otros similares. No es una lista exhaustiva, pero:

"Es que desde casa no se tienen las conversaciones creativas que se tenían antes".

Será usted, que con el ruido del marcapasos no es capaz de oír las alertas del chat. Si le gusta mirar a las pantallas de los empleados mientras se pasea por sus feudos dígalo abiertamente.

"Es que trabajar desde casa está bien para cosas simples, pero si el proyecto es complicado no es posible".

Todavía estoy esperando a que alguien me señale en un mapa la oficina exacta desde la que se escribe el código del kernel de Linux. Siempre pensé que se hacía de forma distribuida con un editor de texto, control de versions, chat y e-mail y gente que sabe leer y escribir.

"Es que hay gente que trabaja mejor desde la oficina".

No sabe cuánto me alegro. Que vayan, que se saben el camino.

"Es que la gente que se queda en casa no asciende igual".

Es que yo quiero el puesto que tengo ahora, no alcanzar mi nivel de incompetencia. No se preocupe, que los dos sabemos que no voy a heredar la empresa.

"Es que esto es algo temporal y ahora hay que volver a como estábamos antes".

Hay dos argumentos de peso contra esto. Uno es que muchas empresas se han dado cuenta de que para qué van a estar pagando alquileres de oficinas y ofrecen el teletrabajo casi por defecto. Empresas compitiendo por empleados, la locura ya está aquí.

El otro es que ahora la situación por defecto es trabajar desde casa. Si tu empresa quiere forzar tu vuelta, te da menos trabajo buscar otra que te deje seguir como estabas. Más de un mando medio no va a entender esto, cuando precisamente su trabajo consiste en entender esto.