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Llevo semanas pensando que la cuenta de Twitter de Donald Trump aguantaría exactamente hasta el 20 de enero, momento en el que dejaría de ser presidente y hasta ahí llegó la broma. Me equivoqué por unos cuantos días.

No voy a comentar nada sobre los asuntos de empresas tecnológicas decidiendo qué cuentas cierran y cuáles no. Cualquier cosa que vaya a comentar yo ya lo habrá comentado alguien antes, y seguramente mucho mejor.

En su lugar, he venido aquí a hablar de incompetencia. Dos notas breves:

  • El equipo de Trump fue el protagonista de esta gran gesta.
  • El libro de Michael Lewis The Fifth Risk ya hablaba en gran parte de esto: la gente que Trump colocaba en los distintos departamentos del gobierno durante su transición tenían las rodilleras en su sitio, pero ni puta idea de nada que tuviese que ver con su cargo.

La pregunta que me hago es: sabiendo que las cuentas de Trump en redes sociales tenían los días contados, ¿por qué no montarse un tinglado paralelo con tiempo para anunciarlo? Ni siquiera tenía que ser algo avanzado, como un servidor con Mastodon, es que hasta un blog estático como el que están leyendo serviría para comunicar cualquier mensaje de forma inmediata. Trump sigue teniendo su página personal, pero no tiene ningún uso práctico, es un mero escaparate.

Opción 1: a nadie se le ocurrió. Me cuesta creerlo.

Opción 2: estaban tan metidos en su propia mitología que no pensaron que de verdad Trump pudiese perder la presidencia, y si alguien pensó en ello, ¿cómo iban a anunciar el segundo sistema? Sería como dar a entender que iban a perder el primero.

Sea lo que sea: panda de tuercebotas todos. Fiar nuestra paz mental a que el próximo fascista en jefe también sea un completo incapaz no es óptimo, pero ahora mismo es lo que hay.