Twitter es, cada vez más, un soberano coñazo. Era un sitio en el que decir tonterías y se ha convertido en la versión malasañera de los indignados de Hazte Oír, pero de centro. No sé si me explico. Es posible que no. Creo que me estoy haciendo mayor y, lo que es peor, estoy empezando a notarlo. El otro día me enteré de que hay algo llamado alt-right, que vienen siendo los facheruzos de toda la vida pero con cuenta en Instagram. Esto no venía a cuento de nada pero me apetecía dejarlo escrito.

Por dónde iba...

Como en las últimas semanas cada vez que cargo Twitter se me empañan las gafas y me salen más canas, pero no quiero dejar de ver qué es lo que comparten ciertas personas, me he programado este pequeño apaño, que convierte a RSS los tweets de usuarios incluidos en listas configurables, con el añadido de que puede excluir todo aquello que no lleve un enlace. Es lo más parecido a la función de compartir que tenía Google Reader y que tanto echo de menos.

En principio lo estoy rulando en mi servidor personal, pero si montar un tinglado similar se les hace muy cuesta arriba, envíenme un e-mail y miraré a ver si puedo añadir sus fobias y filias personales a mi archivo de configuración. Si no nos hemos tomado alguna vez aunque sea un café en persona no les haré ni caso, aviso.