En mi antiguo blog publiqué una idea de negocio que me habría llevado, sin duda, a forrarme, si la hubiese puesto en práctica. Consistía en dar cursos de criptografía aplicada a empresarios de la construcción y políticos de Levante. Hoy continúo esa serie.

Estos días estoy leyendo Data and Goliath, de Bruce Schneier. Todavía voy por las primeras páginas pero ya siento la necesidad de recomendarlo. Como mínimo, es una estupenda recopilación de todos los usos que se le pueden dar a la riada de datos que generamos. Que generamos muchas veces sin darnos cuenta, añado.

En todo caso, uno de los ejemplos recurrentes es la posibilidad de tenernos permanentemente localizados, principalmente a través del teléfono móvil. Por ejemplo, esto es lo que Google sabe de nuestra ubicación si tenemos un móvil con Android y nuestra cuenta asociada, siempre y cuando no hayamos desactivado esa opción.

Y eso es Google, claro, que lo hace todo por nuestro bien en pos de su proyecto mundial de poner un río de leche y una fuente de miel en cada esquina de cada barrio. Pero si se trata del gobierno...

"Dear subscriber, you are registered as a participant in a mass riot."

This was the message received by mobile phone-users present near the scene of violent clashes in Kiev early on Tuesday morning, in what appeared to be a novel attempt by authorities to quell the protests that have swept through the city and turned violent on Sunday night.

En la búsqueda del equilibrio entre la utilidad que proporcionan estos cacharros y la pérdida de privacidad que se produce hay una idea de negocio.

Estoy seguro de que muchos honestos (¡qué digo honestos, honestísimos!) empresarios harían uso de un servicio como el que paso a describir: por un módico precio, yo les paseo el teléfono móvil. Igual que esa gente que pasea perros, pero con su idolatrado iPhone.

Si necesitan estar en alguna parte pero les resultaría tremendamente conveniente que quedase registrado que en realidad estaban en la otra punta de la ciudad, aquí estoy yo. Ustedes solamente tienen que entregarme el dispositivo y decirme por dónde les gustaría haber estado localizados. No es necesario que me expliquen sus motivos: a mí no me conviene saberlos y a usted tampoco le interesa contármelos. Ya sé que también pueden apagar el teléfono o dejárselo en casa, pero eso está ya muy visto y la alternativa que yo planteo es mucho más colorida. Limpio la pantalla gratis.