Lynce, la empresa que se dedicaba a medir manifestaciones, cierra:
[...] resultó que la demanda no fue suficiente para lograr hacer rentable la empresa a pesar de ofrecer el mejor servicio posible de recuento de multitudes y de contar con excelentes clientes entre los medios de comunicación (entre los que ha destacado la Agencia EFE). Ello, y la compleja dificultad de “paquetizar” el software que hemos logrado desarrollar nos ha llevado, cuando el balance de pérdidas ha alcanzado un nivel suficientemente insoportable, a cerrar la persiana. Como tantas otras empresas en esta época de crisis, por otra parte.
LYNCE cierra, tras haber recopilado mucha información sobre cómo se desarrollan las manifestaciones urbanas y las mejores maneras de medirlas de forma precisa. Pero otros vendrán y mejorarán nuestro trabajo. Nosotros lo hemos hecho con toda nuestra ilusión. Y creemos haber dado un importante toque de atención al respetable público para que no acepte cualquier dato no contrastado, no elaborado o procedimentado de forma clara. Por eso esperamos que nuestro paso deje alguna huella.
El Manifestómetro coincidió con Lynce en dos manifestaciones, si Google no me engaña. En la primera de ellas estimamos entre 48.530 – 72.795 asistentes; ellos dijeron que había 55.361, con un margen de error del 15%. En la segunda, 20.000 para nosotros, 18.341 para ellos, con un error del 5%. Parecía claro que ambos estábamos midiendo lo mismo y que esto era completamente diferente a lo que medían los organizadores (2.000.000 y 200.000, respectivamente).
El nacimiento de esta empresa llegó con el agotamiento del Manifestómetro. La idea era buena y el método de brocha gorda, pero funcionaba precisamente porque eso era lo que queríamos enseñar: que con un poco de trabajo de campo se podían hacer unas estimaciones razonables –no exactas: razonables; como decía El Teleoperador, no decíamos cuánta gente había, sino cuánta no había– para no tener que fiarse de las cifras de la organización.
Resultó que se produjo un efecto completamente distinto: los periódicos empezaron a llamarnos para que les diésemos la cifra que habíamos calculado. Y está muy bien dedicarse a hacer lo que sea por amor al arte y que haya gente externa que lo reconozca: yo me ilusionaba, supongo que como los demás, cuando nos llamaban de algún medio de comunicación para que les explicásemos el invento en detalle, como si fuera eso que los ingleses llaman rocket science. Pero el objetivo es que fuese la prensa la que hiciese su trabajo. Su trabajo. Que viese que tres tipos con cámaras de fotos del montón, un plano y un poco de paciencia es todo lo que hace falta. El País al menos lleva haciendo este tipo de mediciones desde hace un tiempo. Si algún medio se puso manos a la obra es posible que lo haya olvidado, pero lo que me dice la cabeza es que, en todo caso, echaban mano de nosotros primero y de Lynce después.
Poco a poco dejamos de ir a realizar recuentos. En 2010 no se publicó nada en el blog y en dos de las tres mediciones que se publicaron en 2011 hubo que echar mano de artistas invitados. Si quieren un detalle de la crónica rosa, les añado que hace años que no conseguimos juntarnos los cinco, y eso que lo hemos intentado varias veces.
Estaría muy bien volver al tajo, que sigue haciendo tanta falta como antes. No he hablado con el resto de los tarados que hacemos esto, así que no sé si les apetecerá o no. Lo que sí creo es que, hasta cierto punto, fracasamos en lo que queríamos hacer: pretendíamos que los medios aprendiesen a cocinar y en lugar de ello les dimos el teléfono de un restaurante que les llevaba la comida a casa. Y gratis.