Se acerca la semana santa y la gente necesita urgentemente un plan para las vacaciones. Mientras algunos deciden acercarse a ver representaciones teatrales de los últimos días del zombie cósmico en ropa interior, nosotros contraprogramamos con trapos.

En el sitio de siempre (The Clover House) a la hora de costumbre (19:30) del día habitual (último sábado de marzo — día 27), Félix Ares, presidente de ARP-SAPC y autor del libro «La sábana santa… ¡vaya timo!», nos hablará precisamente de esa tela que tanto nos hemos cansado de ver en noticias y telediarios (y lo que te rondaré, morena).

Como en ediciones anteriores, no se cobra entrada, pero se pide al menos una consumición para que los dueños del local nos dejen volver en mayo (y en junio, y después del verano). En este formulario se puede confirmar la asistencia tanto al evento como a la cena posterior (y se puede uno suscribir a la lista de correo de avisos).

Nos vemos el 27 de marzo.

En periodismo médico no cabe equidistancia entre la evidencia científica y las teorías no demostradas. Los productos homeopáticos se aprueban sin estudios de eficacia.

La frase de arriba, aunque la podría haber firmado yo, la ha escrito Milagros Pérez Oliva, defensora del lector en El País, en un artículo de respuesta a las quejas enviadas por la publicación de Homeopatía, ¿quimera o ciencia?

Cuando escribí sobre esto, algún lector me dejó un comentario diciendo que «habría que cocer a cartas a la Defensora del Lector». Dicho y hecho: desde ARP-SAPC enviamos una carta de protesta que hoy tiene eco en la respuesta publicada:

Más allá de los errores concretos, el artículo presenta un problema de planteamiento general: en periodismo científico no cabe la equidistancia entre teorías demostradas y teorías por demostrar. Lo expresa bien un escrito de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico remitido por Ismael Pérez Fernández : “Bajo la apariencia de un texto periodístico imparcial y objetivo, termina ensalzando la homeopatía como un tratamiento que, en general, funciona aunque no se conozca su modo de actuación (…). Se trata de un patinazo seudocientífico fruto de una falacia periodística muy frecuente en nuestros tiempos, según la cual si una persona dice que la Tierra es redonda y ligeramente achatada por los polos y otra cuadrada y hueca, hay espacio para el debate y todas las opiniones son respetables. El título del artículo podría ser La tierra, ¿esfera o cubo?”.

Éste es, en mi opinión, el meollo del problema. Para evaluar la veracidad y pertinencia de las teorías sobre las que informa, el periodismo científico necesita aplicar mecanismos de verificación y control de calidad. Los diarios rigurosos suelen adoptar el sistema de validación del que se ha dotado la propia comunidad científica: para dar credibilidad a una teoría, es preciso que haya sido publicada en una revista de prestigio, dotada de un sistema de revisión por pares (peer review).

A veces quejarse funciona. No solamente a nosotros: el comentario que les hizo llegar Fernando Frías también ha tenido respuesta.

… la vereda se termina, pero el tonto sigue. Cita hoy Escolar a Juan Carlos Escudier:

Las mentiras no suelen vivir hasta hacerse viejas, o eso mantenía Sófocles, pero las del 11-M siguen cumpliendo años con buena salud. Esta semana se ha conmemorado el sexto aniversario de la matanza y nuestros embusteros de cabecera, a los que la difusión de conspiraciones y patrañas sobre los atentados les ha reportado pingües beneficios, continúan en la brecha y amenazan con eternizarse en esa “búsqueda de la verdad” tan lucrativa.

Justamente esta mañana me he encontrado con esta pegatina en una parada de Metro en Madrid (sin peones negros a la vista, cosa curiosa):

Cansinos incansables

En realidad, todo está en la sentencia. Está hasta la explicación de la tontería:

El argumento es falaz y parte de las premisas falsas, con lo que la conclusión es, necesariamente, errónea. Se aísla una dato, se descontextualiza y se pretende dar la falsa impresión de que cualquier conclusión pende exclusivamente de él, obviando así la obligación de la valoración conjunta de los datos que permita, mediante el razonamiento, llegar a la conclusión según las reglas de la lógica y la experiencia.

Hemos pasado del tic, tac, tic, tac, están nerviosos al la próxima vez podrías ser tú. Eso sí que es un salto lógico.

A todos aquellos que se dedican a la investigación, el siguiente vídeo (una de las innumerables parodias surgidas a partir de una de las escenas más memorables de El Hundimiento) les hará gracia. Pero de una forma amarga.

(Visto en A bordo del Otto Neurath.)

En esta época de buenismo, de quedar bien con todo el mundo, de no dar una voz más alta que otra, de meritocracia inversa, de pensar que las opiniones son respetables y, en general, de mamoneo, cada vez pienso más que nos hace falta un hombre como Koichi Toyama:

(Había visto este vídeo ya hace tiempo, pero una entrada en bookforum.com me lo ha vuelto a traer a la memoria. Estas cosas no se pueden dejar pasar.)

Hoy, si no me adelanto a los acontecimientos, hago mi primer doblete en Público con un artículo sobre un proyecto español de lingüistas e informáticos (e ingenieros que vivieron en estaciones de tren abandonadas) que están desarrollando un buscador basado en procesamiento de lenguaje natural. De apoyo, una pieza más divulgativa.

Que los gobiernos abran los datos públicos que poseen y los pongan a disposición de todo aquél que quiera bajárselos no es solamente deseable por el mero hecho de tener acceso a ellos de una forma fácil y sencilla, sino que además, como consecuencia de lo anterior, empezarán a surgir aplicaciones de análisis y visualización que permitirán observar el mundo a nuestro alrededor de formas completamente diferentes.

Quizá no quede del todo claro en qué puede beneficiar el que las administraciones proporcionen datos crudos en formatos abiertos. En lugar de escribir largos párrafos sobre esto, dejo aquí esta charla de Tim Berners-Lee en TED que dura 6 minutos y en la que explica, con ejemplos precisos, de qué va todo esto.

Mientras tanto, la ley española de acceso a la información pública sigue escribiéndose. Y ya ha llovido. Y cada vez nos hace más falta, aunque sea para que los vecinos no nos señalen. Los asturianos y los vascos ya se han adelantado, y con razón.