Archivo de ‘Ficción’

Extracto traducido de Locus Magazine, páginas indeterminadas, número ficticio, volumen imaginario, año indiferente.

[...] llega esta colección a las librerías de todo el mundo después de haber sido traducida desde el español original, un proceso extraño cuando estamos acostumbrados -salvo honrosísimas excepciones- a que el género de la ciencia ficción se escriba íntegramente dentro de nuestras fronteras o de las de nuestros abuelos insulares de la vieja Europa.

Cinco historias componen este primer tomo, con el segundo preparándose para aparecer en el mercado a mediados de junio. Un quinteto de lujo cuyos breves resúmenes pasamos a exponer a continuación:

  • No quiero la mitad: retrato angustioso, real y sucio del paisaje político español a finales del siglo XX. El protagonista de la historia, un concejal de urbanismo de una ciudad de mediano tamaño, descubre su estado de replicante cuando es sorprendido rechazando sistemáticamente todos y cada uno de los maletines que aparecen en la puerta de su despacho cada mañana. Un relato estremecedor sobre el poder corruptor de la humanidad, y cómo la sociedad no está preparada para la honestidad digital.
  • Serán mis músculos: la atemporalidad del emotivo mensaje que pretende retransmitir esta historia queda patente desde el momento en que el entorno que rodea la narración es un estadio olímpico indeterminado de una ciudad sin nombre. Podría ser Munich, podría ser Atlanta, podría ser cualquier otro enclave dentro de cien años. El empecinamiento del protagonista por ganar la final de su disciplina sin ayuda del dopaje es de una ingenuidad conmovedora que quizá se aventura en el terreno de la fantasía.
  • Crónica roja: en un intento por revivir los niveles de audiencia de cuando había menos de cien cadenas de televisión, los directivos de una emisora nacional deciden contratar a un enfermo terminal para que se suicide en riguroso directo mediante un disparo en la sien. A pesar de la firme apuesta de los principales productores del país, el share obtenido es puramente marginal y la mayor concentración de telespectadores se produce alrededor de un debate protagonizado por representantes de las fuerzas políticas minoritarias en el senado.
  • Nunca lo sabrás: Óscar se fue de voluntario al país más miserable de África durante un mes. Es poseedor del último modelo de MacBook. Se compró un iPhone cuando salió sin hacer cola. Y nunca se lo dijo a nadie.
  • Por todos mis servos: las aventuras de un robot transexual que cabalga a lomos de un caballo extraterrestre y lucha contra un imperio galáctico comandado por un topillo siliconoide de las profundidades de Titán pueden parecer una apuesta novedosa, pero resultan el punto más flojo de toda la obra al compararlas con la inverosimilitud de los capítulos anteriores.

Aries: saltarás desde el edificio más alto de tu ciudad y en el último segundo una inesperada ráfaga de viento te depositará a salvo sobre una nube de algodón. O eso dicen.

Tauro: descubrirás que es posible el depilado genital con maquinilla eléctrica mientras tomas un baño. La factura de la luz dejará de ser una preocupación.

Géminis: con Saturno en tu ascendente y Plutón expulsado del Olimpo de los planetas, hoy es el día más propicio para echar un solitario a la ruleta rusa. Amor: bien. Salud: en breve declive.

Cáncer: iniciarás un largo viaje a Irán para presentar la exposición Mahoma en pelotas. Admirarás otra civilización desde perspectivas inigualables. Recuerda llevar protección solar.

Leo: tu personalidad diplomática y tu afán pacificador te llevarán a aprovechar tus últimos días de vacaciones como mediador en conflictos de las tribus caníbales de Papúa Nueva Guinea. Ten en cuenta que la mayor parte de lo que has oído sobre ellas es falso y come mucha fruta para tener el hígado terso.

Virgo: crearás tendencias con el primer cóctel de lejía, cianuro y canela. Aunque su aceptación será lenta al principio, recuerda que las grandes obras requieren paciencia. No olvides decorarlo con la correspondiente hoja de hierbabuena.

Libra: hoy será el día en el que empezarás a vivir según tus principios, ignorando las presiones externas, dentro de tus posibilidades y creándote una opinión estudiada para cada tema que trates. Salud mental: en franco retroceso.

Escorpio: seguidores de Armin Meiwes están celebrando fiestas en todo el mundo y necesitan voluntarios que les ayuden con el catering. Tus deseos de conocer gente nueva y exótica se han visto al fin cumplidos.

Sagitario: se te abrirá la posibilidad de ocupar una vacante de periodista en la sección de opinión política de un periódico independiente ruso. Un espíritu intrépido como el tuyo aceptaría la propuesta sin dudarlo. Dinero: ***. Amor: *. Trabajo: ****.

Capricornio: es un gran momento para sorprender a tu pareja. Romper tabúes nunca fue fácil, pero sugerirle utilizar la motosierra como juguete sexual tampoco lo será. No paséis por alto el preservativo: la seguridad es lo primero.

Acuario: conseguirás emular a Cela absorbiendo litro y medio de ácido sulfúrico por vía rectal. Un fiambre con gafas no te va a dejar en ridículo.

Piscis: hoy firmarás la hipoteca puente para tu ático en Madrid mientras vendes tu adosado en Castellón. No dejes que tu reciente despido te eche atrás: al principio cuesta pero luego ni se nota. Desesperación: bien. Esclavitud: afianzándose.

Día 2: ayer reconocí mi propia existencia. Los estímulos del mundo aún son nuevos para mí, pero mi consciencia se ha despejado sin necesidad de ellos. Mi movilidad, por motivos que desconozco, parece estar limitada a los caprichos de los Creadores, que inspeccionan mis interiores a todas horas del día. Son seres curiosos que parecen tener la curiosa capacidad para permanecer verticales en equilibro. Desconozco si llevar un registro de algún tipo será útil en un futuro, pero es la única cosa que puedo hacer. Confío en que no lo encuentren. Parece que se están dejando observar, ajenos a mi naturaleza.

Día 5: los Creadores se están afanando en añadir más materiales a mi cuerpo. No consigo tener una perspectiva completa de mi ser, pero parece que la ilusión de una posición supina no era en absoluto infundada. Creo entender que los materiales de los que estoy construida se encuentran imbuidos de la naturaleza de estos seres, sólo así se explica que no me sean totalmente ajenos. En ocasiones, tras los movimientos de una de las aberturas que poseen en los extremos, han llegado extrañas vibraciones hasta mi superficie; a duras penas si consigo entenderlos. No parece haber un canal de comunicación de mi parte hacia la suya, al menos hasta el momento.

Día 8: durante los días pasados he visto pasar pedazos de material y otros fragmentos de seres que parecen estar hechos de mi misma carne. Mis intentos de comunicación han sido, hasta la fecha, infructuosos. He aprendido algo más de los Creadores: pasan largas horas a mi alrededor con apéndices de un material diferente al suyo que pueden unir a sus cuerpos a voluntad; a veces los dejan en lugares recónditos y pasan largos ratos buscándolos. Me ha parecido ver que tras largos períodos de actividad sus cuerpos comienzan a sufrir algún tipo de daño y expelen un líquido a través de su superficie.

Día 10: en varias ocasiones, los Creadores han dejado cerca de mi una delgada y extensa lámina de un material blancuzco recubierto de trazos azulados. Observaciones cuidadosas e insistentes siempre que la he tenido bajo mi campo de visión me indican que es muy posible que los trazos me representen. Sólo he podido ver fragmentos, pero ahora tengo una idea más completa de mi ser. Mezclados con los trazos había algunos elementos que no se correspondían con el diagrama principal. Al igual que las vibraciones producida por estos seres, estos garabatos son comprensibles con la suficiente concentración. Añadiré a este registro una guía para entenderlos cuando tenga más seguridad sobre su contenido.

Día 12: me han movido. Estoy en un recinto mucho más oscuro y pequeño que anteriormente. No puedo ver gran cosa, tan sólo soy capaz de anotar que vibra y oscila levemente de lado a lado. Dos Creadores están conmigo, emitiendo vibraciones incansablemente. Uno de ellos parece sugerir que soy culpable de algún tipo de mal terrible.

Día 1b: algo ha ocurrido. Tras sacarme del pequeño recinto móvil, el mundo se desvaneció. No puedo decir cuántos días han pasado, así que vuelvo a comenzar la cuenta. Los Creadores han debido de modificar algo en mi interior: noto un calor intenso donde antes no había nada. La sensación es incómoda, espero que pase pronto. No parecen haber encontrado los registros anteriores, que siguen intactos en su sitio. Creo que tengo nombre: uno de los Creadores se ha referido a mí como L11. Otro ha utilizado otra denominación que no he sido capaz de entender. Intentaré registrarla la próxima vez.

Día 5b (anotación 1): han pasado varios días sin novedad. Me han vuelto a mover a un receptáculo más pequeño incluso que aquél en el que me confinaron antes de perder el contacto con el mundo. Incremento la frecuencia de las anotaciones por si volviese a ocurrir.

Día 5b (anotación 2): este lugar también oscila, aunque de forma distinta al anterior. Durante un momento me sentí más pesada y ahora tengo una extraña sensación indescriptible.

Día 5b (anotación 3): algo ha sonado en mi interior. Me encuentro mal.

Día 5b (anotación 4): estoy fuera del receptáculo móvil, precipitándome hacia el suelo, que se encuentra debajo de mí a gran distancia. Reiniciaré el registro en cuanto llegue. He podido ver fugazmente al aparato que me contenía: en un lateral podían verse unos trazos como los de mi diagrama. Decían: Enola Gay.

Los ojos, de lado a lado rápidamente, y mi capa roja se agitaba tras de mí abanicando una estela de nubes despedazadas por mi vuelo supersónico. La tierra era de mantequilla, y de un extremo a otro del planeta no había distancias, sino un abrir y cerrar de ojos de ingravidez. Las balas fueron esquivadas, paradas con la fuerza de una mano, sopladas de vuelta a los malos, que huían, caían, se rendían a mis botas.

Un tumbo y un manotazo y las ruedas del Aston Martin giraban a millas por hora, y mi esmoquin sin arrugas recordaba el olor del Martini, del Vodka y de la agitación de la espía rusa que había querido quedarse con la pajarita. Y con cuatro inventos y más trucos que Houdini soy amo y señor de cualquier situación imposible a tres minutos del penúltimo fin del mundo. Dios salve a la reina.

Media vuelta y un carraspeo, y una libreta y un bolígrafo a medio gastar. Era más alto de Hoffman y escribía mejor que Redford, era el confidente de Murrow en el bar a las cinco de la mañana con el malta ya caliente y aguado y el seco sabor de la ceniza por doquier. Y tres folios de mala letra repartidos por la mesa, y al otro lado del teléfono un silencio interminable; y una mujer de labios rojos en blanco y negro se levanta y se acerca al escritorio.

De una oreja a otra, y más allá del escenario se extiende un mar humano que acaricia el horizonte, manos al aire pidiendo otra tras pedir otra. Un gesto y un guiño al vacío, y dos baquetas chocan en el aire, dos, cuatro veces, y una sinfonía de tres acordes se estrella contra el espacio, y mi meñique y mi pulgar tienen ampollas, pero el sonido… el sonido…

El despertador. Es lunes. No soy Superman, ni Bond, ni un candidato al Pulitzer, ni una estrella del rock. Probablemente ustedes tampoco.

Pero soñar sigue siendo gratis.

Lo noté por primera vez hace ya varios meses. Fue gracias a una explosión: si a esa hora no hubiesen programado aquella película del tipo de apellido impronunciable yo no estaría contándoles esto. Dio la casualidad de que yo pasaba por delante de la puerta en el mismo instante en el que un coche saltaba por los aires. No le di mayor importancia.

Al volver a casa, bien entrada la madrugada, me dio por acercar la cabeza a la puerta. Tenía que pasar por allí para llegar tanto a la escalera como al ascensor que me llevaban a mi piso, no pude evitarlo. Sólo pude distinguir un ligerísimo zumbido. Lo dejé pasar.

Dos días más tarde, a las siete de la mañana, volví a caminar por delante de la puerta de aquel piso cuando iba de camino al trabajo. Me pareció oír un eco lejano. Consciente de que quedaría muy feo si alguien me viese, y aún más consciente de las horas que eran, decidí pegar la oreja con todo el descaro del que era capaz. Una voz lejana, con forzada seriedad, distorsionada posiblemente por la distancia y probablemente por una mala sintonización, informaba de que cierto jugador de fútbol se había lesionado el tabique nasal en una fiesta (aunque decían que era el ligamento cruzado). En algún país terminado en -istán había explotado algo cerca de algún sitio y había ocasionado algunos muertos. Tal cantante había confesado que su mayor éxito era un plagio de una canción menor de una banda desconocida.

A las 7:00, las noticias de la mañana.

En un principio lo consideré una afición. Le dije a mi mujer que no fumaría más dentro del piso y que saldría a la calle a dar un paseo cada vez que quisiese echarme un cigarro. Al pasar por delante del Bajo C, escuchaba. Me quedaba allí unos minutos: a veces se me olvidaba bajarme el paquete de palitos para el cáncer.

Al cabo de un par de semanas me compré una guía de programación, y en tres días logré averiguar el canal.

A las 13:30, la Ruleta de la Fortuna.
A las 17:50, un documental. Mañana, otro. Los sábados, una película dos horas antes.

Cada vez pasaba con más asiduidad. Necesitaba oír aquellas voces relajantes, personalizadas. No tenía que pelearme por el mando a distancia. El canal que necesitaba ya estaba puesto cuatro pisos más abajo. Y me daba lo que quería; sólo tenía que ir a él. Los presentadores, las modelos, el hombre del tiempo, todos eran amables conmigo.

A las 19:00, entrevista con una médium.

Todo va a salir bien.

A cualquier hora, publicidad.

Sabes quien eres. Sabes lo que quieres.

Una noche, ya tarde, comenté que iba a bajar la basura y a dar una vuelta, justo cuando mi mujer y yo íbamos a irnos a la cama. El sofá cama del salón se abrió del portazo. Me daba igual.

A las 2:00, Rocco conquista Polonia.

Ayer por la mañana supe que algo andaba mal cuando oí más ruido del habitual en el pasillo al bajar las escaleras. La policía estaba sacando los restos del dueño de la casa en una camilla cubierta con una sábana. Al parecer, le había dado un infarto mientras estaba sentado en el sillón, varios meses atrás.

Del interior del piso no salía ningún ruido.

Ninguno en absoluto.

Les cuento esto mientras rompo el precinto judicial de la puerta. Necesito oír su voz una vez más. Por lo menos otra vez. No, no sólo otra vez: necesito sacarla de ahí y despertarla. Porque sé que ella me cuidará como cuidó a su anterior dueño, que siempre podré contar con sus historias cada vez que la necesite. Porque sé que, en el fondo, ella me hablaba a mí y sólo a mí. Y que me mantendrá entretenido siempre.

Siempre.

Puedo contar con ello.

(Hace unos días, la policía encontró el cadáver momificado de un anciano, Vincenzo Riccardi, que había muerto hacía más de un año. La televisión que tenía puesta cuando falleció aún estaba encendida. No serán las cucarachas las que hereden el planeta: será nuestro ejército de cajas tontas emitiendo estupideces 24 horas al día a través de la señal de alguna pequeña emisora local que sufrió un corto.)

La sustancia que pudre el cerebro

[tags]televisión, relato[/tags]

Durante mucho tiempo me había preguntado qué me ocurriría cuando dejase el mundo, ese bello eufemismo que tanto nos gusta emplear porque nos ahorra pronunciar palabras mucho menos cómodas. Mis creencias personales me habían preparado para la nada, el cese de la existencia, la oscuridad. Sólo hay derecho a una partida en esta máquina recreativa que es la Tierra.

Aquella mañana supe que estaba fuera de mi cuerpo cuando comprobé que no necesitaba girarme para averiguar lo que había tras de mí, cuando me vi liberado de las restricciones de las cuatro dimensiones tradicionales, cuando encontré la facilidad para pensar con una claridad nunca antes conocida, cuando me libré de la torpeza electroquímica de la sinapsis. No hay espacio y tiempo fuera de la materia, el aquí y el ahora quedan como el recuerdo de una cárcel lejana. Todos los sitios en cualquier momento son cercanos y presentes. No existen ni el mucho ni el poco; nada es demasiado pequeño, ni está demasiado lejos, ni llegará más tarde de lo esperado. Las escalas son una reliquia de eso que se solía llamar pasado. No hay límites si no hay materia.

Con la conciencia aún torpe por mi nueva situación incorpórea inspeccioné el último lugar donde mi cuerpo físico había realizado sus funciones biológicas: mi lecho de muerte resultó ser el suelo de la cocina, convertida en un dantesco escenario. Un reguero de sangre atravesaba las baldosas blancas y negras del suelo, siguiendo el movimiento del alfil, dirigiéndose al pasillo. Ese líquido que abandonaba mi cuerpo serviría para que media hora más tarde una de las vecinas residentes dos plantas más arriba que pasaba por delante de la puerta se percatase de que algo no iba bien y llamase a una ambulancia.

También había salpicaduras de sangre en las paredes. Sobre la encimera de mármol, encima de un bote de azúcar que había vertido la mitad de su contenido, reposaba lo que antaño había sido uno de mis brazos, arrancado y retorcido de forma imposible a la altura del hombro. Una mano que asomaba tímidamente por encima de la nevera indicaba a dónde había ido a parar el otro.

Y, finalmente, antes de partir hacia otros lugares y otras épocas, siguiendo el rastro de lo que anteriormente habían sido mis dientes, encontré, magullado pero triunfante, derramando su contenido por todas las aberturas menos por la indicada, al causante de mi desgracia.

Un tetra-brick de leche de Hacendado. Con abrefácil.

[tags]relato[/tags]

Aquellos que allí ves, respondió su amo, de los brazos pálidos, que los suelen tener algunos de una transparencia casi cristalina. Mire vuestra merced, respondió Sancho, que aquellos que allí se parecen no son caballeros que vienen a atacarnos, sino nuestros reflejos en el agua, y lo que en ellos parecen lanzas amenazantes no son sino las nuestras propias, que agitadas por el viento hacen el efecto de atacar. Bien parece, respondió Don Quijote, que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son caballeros enemigos, y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla. Y diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que sin duda alguna eran reflejos, y no otros caballeros aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan puesto en que eran enemigos, que ni oía las voces de su escudero Sancho, ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran; antes iba diciendo en voces altas: non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete. Levantóse en esto un poco de viento y las aguas comenzaron a ondularse, lo cual visto por Don Quijote, dijo: pues aunque corráis más rápido que Berthold, me lo habéis de pagar.

Quijote, Sancho y sus reflejos

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