Archivo de ‘Música’

Volví del TAM London. STOP. Me lo he pasado como los niños. STOP. El café de British Airways es cancerígeno, o sabe como si lo fuese. STOP.

Y, a continuación, unos minutos musicales:

Anthony Perkins murió el 12 de septiembre de 1992. En el noveno aniversario de su muerte, su hijo se encontró con que también tenía que darle sepultura a su madre, que viajaba en uno de los aviones que se estrellaron contra las torres gemelas.

Elvis Perkins decidió que quizá sería más productivo componer canciones que quedarse sentado lamentándose.

Toca hoy en la Sala Heineken, en Madrid.

Anticipándome al domingo, les voy dejando ya con las campanadas de la iglesia. Algún día avisarán por SMS y no distraerán a los que no necesitamos ir a hacer el comentario de texto ni tomar el piscolabis posterior.

Con esta canción se terminó Pink Floyd. Fue el último corte de su último disco.

Aunque uno no sea fumador, después de ciertas cosas dan ganas de encenderse un puro.

A estas horas, si no ocurre nada, estaré en un tren de Cercanías camino a la estación de Chamartín. No me esperen hasta el martes.

Me llevo el mapa del tesoro.


Ver San Sebastián en un mapa más grande

Y una entrada para un concierto de jebi metal. Mar de cuernos, melena al viento.

Pórtense bien, o por lo menos que no me entere yo de que se han portado mal. En caso de duda, recuerden: miren qué hace Berlusconi y actúen al revés.

La sustancia que hace que un lunes sea lunes está todavía por descubrir, pero se sabe que comparte un gran número de propiedades con los banqueros, los curas, Leire Pajín y con el domingo que se queda después de la merienda, especialmente si hace sol y uno se lo está pasando bien. La cantidad de sustancia imbuida en un determinado día tampoco es constante: es un hecho comprobado que algunos lunes son más lunes que otros lunes, cosa que rara vez ocurre, por ejemplo, con un miércoles, y muy excepcionalmente con un jueves. Ha quedado reflejado, en grimorios de raros arcanos, que en el infierno, sea cual sea su variante religiosa, siempre es lunes a las diez de la mañana, justo al volver del café.

Se realiza la incidencia sobre un día laborable, aunque, por inercia en los ciclos del calendario, un lunes festivo conllevará temperaturas de cinco grados menos si ya hace frío, cinco grados más si ya hace calor y comida de mierda en cualquier restaurante que haya abierto, amén de mal rollo, agonía y tedio generalizados. Un lunes de puente adquiere, por inducción, parte de las propiedades del martes, pero da por culo en cualquier caso, al igual que un jueves laborable después de un miércoles festivo, aunque este último ejemplar no se encuentra tan documentado, principalmente por no aparecer saludando al inicio de cada semana del año.

En resumen, que me extiendo demasiado y no tengo por qué:

Me cago en los lunes

Conviene advertir, no obstante, que lo de arriba se basa en una generalización y que, como siempre en estos casos, existe alguna excepción que escapa a la explicación general. Sin ir más lejos, acuérdense hoy de mí a eso de las diez de la noche. Estaré con mi camiseta de El nota viendo a un colega común.

Dicen que Thom Yorke toca el piano borracho en ésta.

Es viernes. Sean más felices. Besen con más saliva.