Recuerdo con lágrimas en los ojos (pero de las de llorar mucho) aquella vez que dije que iba a comentar aquí los libros inmediatamente después de que me los leyese para que no se me acumulasen. Este artículo lleva en estado de borrador desde finales del año pasado, y las únicas ediciones que le he hecho desde entonces han sido para añadir títulos nuevos, pero sin rellenar absolutamente ningún texto.
Como precisamente por eso la lista se me ha hecho un poco más larga de lo habitual (y eso que no están todos, algunos han aparecido fugazmente en el blog en forma de cita), me voy a limitar a un breve comentario de cada uno. Va siendo hora de ir haciendo limpieza en la pila de libros leídos. Atención, que empezamos:
Zaplana, el brazo incorrupto del PP (Alfredo Grimaldos)
Me lo compré en un momento de debilidad porque lo vi en una estantería en la Fnac (o quizá fue en la Casa del Libro). No es que el tema me interesase especialmente, sobre todo teniendo en cuenta que una simple búsqueda en Google ya da idea de la catadura moral del personaje. En todo caso, tener una lista pormenorizada de todos los chanchullos abiertos siempre viene bien. Luego uno lee noticias como ésta y se le cae el alma a los pies. Eso sí, no se puede negar que, cuando fue ministro, tuvo algunas iniciativas por voluntad propia que son para quitarse el sombrero.
La posibilidad de una isla (Michel Houellebecq)
Houellebecq me sigue pareciendo una especie de Chuck Palahniuk pero con más mala uva, un estilo más simple y bastante más asqueroso, quizá por narrar las cosas desde una perspectiva más realista, más humana, menos humanizada y más personal. No hay grandes diferencias entre éste título y el anterior que me leí del mismo autor (Plataforma). Al que le haya gustado el primero, posiblemente le gustará el segundo, y viceversa.
The men who stare at goats (Jon Ronson)
El 22 de enero estrenan la película en España. Si se quieren ahorrar la lectura del libro, la película es un resumen que mantiene cierta fidelidad con el texto original, o al menos eso aseguró el autor en el reciente TAM London. De todas formas, yo tengo que recomendar que se agencien este libro (en inglés, pues me temo que en castellano todavía no está), que cuenta ni más ni menos que las peripecias por las que pasó el autor cuando empezó a investigar el interés del ejército de los Estados Unidos en la componente ofensiva (y defensiva) de lo paranormal. El título es real: en una base americana ensayaban con soldados supuestamente agraciados con poderes para ver quién podía matar a las cabras simplemente mirándolas.
Y eso se lo creen los que, hoy día, y en este planeta, tienen las armas gordas.
Singularity sky (Charles Stross)
Había oído cosas muy buenas de este autor pero no había tenido la oportunidad de hincarle el diente. Como primera obra de este hombre no la recomendaría: empieza muy bien, las 20 primeras páginas van muy fuerte, pero poco a poco va perdiendo fuelle, promete una historia que no es, se centra en un puñado de personajes que, a priori, son los menos interesantes de todo el conflicto (la llegada a un planeta con un férreo régimen casi feudal de una civilización tecnológicamente más avanzada que promete a los ciudadanos los medios para poder llevar a cabo su revolución a cambio de historias), y acaba renqueando sin saber muy bien dónde está el final. Afortunadamente, le di una segunda oportunidad. Afortunadamente porque
Halting state (Charles Stross)
es un pedazo de libro de ciencia ficción. De ésos que enganchan desde el principio y hasta el final, con una premisa tan absurda que tiene que ser divertida: en una empresa de la República de Escocia (fecha de independencia: 2012), una horda de orcos ha robado el banco de uno de los juegos virtuales que estaban bajo su gestión. Mucho futuro cercano, mucha realidad aumentada (todo implícito, como lo explicaría -es un decir- William Gibson, pero entendiéndose) y mucha sensación de que lo que ahora es una historia de ficción mañana puede ser una noticia en un telediario, a pocas vueltas que dé el mundo.
Vacío perfecto (Stanislaw Lem)
¿Qué mejor excusa para hablar de cualquier cosa que a uno se le venga a la cabeza que escribir una compilación de críticas de libros que no existen? Este libro es Lem escribiendo de lo que le da la gana, tan pronto desde su punto de vista humorístico como saltando a su faceta de filósofo de la ciencia, pero nunca en serio.
Catedral (Raymond Carver)
Leí que Chuck Palahniuk tuvo grandes influencias en su estilo de este autor y de Amy Hempel, entre otros, así que había que pegarle un tiento. Una amiga estuvo al quite y me lo regaló por mi cumpleaños. Es una recopilación de historias cortas peculiares cuanto menos. La narracción comienza en medio de la vida de una persona (da igual quién, en cada historia es alguien diferente), se describen una serie de acontecimientos, que no tienen por qué desencadenar ninguna tragedia, drama o catarsis, y como empezó termina. Tengo que recomendarlo por lo extraño. La primera historia descoloca un poco, pero las siguientes no hacen nada por mejorar la situación. Al cerrarlo uno tiene la sensación de habérselo pasado bien, pero no sabría decir por qué.
Rant (Chuck Palahniuk)
El tío Chuck me gusta hasta cuando se sale de lo que uno espera de él: el relato en primera persona de una historia que va a terminar como el Rosario de la Aurora. Este libro está escrito en forma de testimonios de amigos, familiares y conocidos de Buster “Rant” Casey, cuyos detalles vitales no puedo comentar porque seguramente destripe algo del libro a los que se lo están deseando leer. Como todo lo que escribe este hombre, es muy recomendable.
Catch-22 (Joseph Heller)
Había oído esta frase utilizada en algún escrito en inglés, pero no sabía que era una novela hasta que un colega estadounidense me dijo que es la mejor novela americana jamás escrita. “¡Y ese hombre nunca volvió a escribir nada de provecho!”, añadía siempre. Catch-22 (en español, Trampa 22) es una historia sobre la Segunda Guerra Mundial que roza el absurdo, pero por la parte de dentro; es una novela de ésas que se quedan durante mucho tiempo en la memoria porque todos y cada uno de los personajes que lleva dentro son memorables. Aquí en España me temo que no es muy conocido y es una verdadera lástima. Que me digan dónde está el club de fans de Yossarian más cercano, que me apunto.
Ensayo sobre la lucidez (José Saramago)
Me temo que no hacía falta. Después del grandioso Ensayo sobre la ceguera, esta segunda parte sabe a poco, y además a refrito. En el mismo país que hace unos años se vio invadido por una ceguera blanca, el día de las elecciones todos los habitantes de la capital deciden presentarse en las urnas con un voto en blanco. A partir de aquí todo se fuerza para acabar llegando a los protagonistas de la primera novela de una forma muy triste. Aunque sea Saramago y cada página sea un monumento a la literatura, la historia en este caso no merece la pena. Parece que empieza bien, pero es una ilusión. Si lo sé, me lo ahorro.