Las penas del Agente Smith

6/6/2009

Los ritmos de Londres

Archivado en: Libros — Perpetrado por RinzeWind a las 7:00 am

Los trenes que llegan a Londres son como barcos que navegan sobre los tejados. Pasan entre las torres sobresaliendo en el cielo como bestias marinas de largo cuello y los grandes cilindros de gas se revuelcan en la espuma sucia cual ballenas. En las profundidades, hay filas de tiendas pequeñas y franquicias de dudosa legalidad, cafés con la pintura de sus fachadas desconchadas y negocios insertados entre los arcos sobre los que pasan los trenes. Los colores y las curvas de los grafitis marcan cada pared. Las ventanas de los pisos superiores están tan próximas que los pasajeros pueden intuir el interior de las pequeñas oficinas insulsas y de los almacenes; pueden imaginarse los contornos de los calendarios de negocios y las pin-ups de las paredes.

Los ritmos de Londres se tocan ahí fuera, en la zona de pisos desperdigada entre los alrededores y el centro.

Las calles se ensanchan gradualmente y los nombres de las tiendas y los cafés se vuelven más familiares. Las carreteras principales son más salubres, el tráfico más denso y la ciudad se eleva para acoger las vías.

Al final de un día de octubre, un tren recorría su trayecto hacia King’s Cross…

Así empieza el primer capítulo de la versión en castellano de El rey rata, de China Miéville, que le voy a regalar a mi hermano hoy por su cumpleaños; si consigo que se enganche a este autor será un triunfo. Si nadie ha leído aún ningún libro suyo, creo que éste proporciona un primer contacto bastante amigable: aunque retiene el estilo de Miéville, a muchos les recordará seguramente a Neil Gaiman, pero menos dulzón. Y luego ya, si gusta, se puede lanzar uno a por cosas más fuertes.

5/6/2009

La obra que mató a Orwell

Archivado en: Cultura, Libros — Perpetrado por RinzeWind a las 7:00 am

Creo que he contado esta historia otras veces. Cuando me compré 1984, mi casa estaba en obras. No recuerdo exactamente qué tipo de reparaciones estaban llevando a cabo mis padres, pero sé que mi habitación, o lo que antes era mi habitación, al menos, pues luego me mudé a una más grande y le dejé esa a mi hermano, tenía únicamente un somier pelado en el suelo, y encima un colchón viejo, sin funda ni nada. Pocos días antes me había comprado The Wall, de Pink Floyd. Allí, entre las paredes desconchadas de la habitación, tirado en el colchón roído y escuchando la magna obra de Roger Waters fue como me leí las desventuras de Winston Smith. Quizá fue la mejor forma de leer ese libro.

Ayer, ojeando la sección de literatura del Guardian, llegué a este precioso artículo de Robert McCrum, que narra los últimos días de Orwell, cayendo tremendamente enfermo mientras intentaba terminar él solo el primer manuscrito de 1984; se entregó a finales de 1948 y se publicó en enero de 1949; celebramos, pues el 60 aniversario de esta obra. The masterpiece that killed George Orwell:

In May 1946 Orwell, still picking up the shattered pieces of his life, took the train for the long and arduous journey to Jura. He told his friend Arthur Koestler that it was “almost like stocking up ship for an arctic voyage”.

It was a risky move; Orwell was not in good health. The winter of 1946-47 was one of the coldest of the century. Postwar Britain was bleaker even than wartime, and he had always suffered from a bad chest. At least, cut off from the irritations of literary London, he was free to grapple unencumbered with the new novel. “Smothered under journalism,” as he put it, he told one friend, “I have become more and more like a sucked orange.”

Tanto si lo han leído como si no, aquí hay una adaptación para radio emitida en la NBC el 27 de agosto de 1949 que me trae a la memoria pasajes enteros del texto original.

30/5/2009

La Feria del Libro Analógico No Autoeditado

Archivado en: Cultura, Libros, Opinión — Perpetrado por RinzeWind a las 7:00 am

Hace ya muchos años que no voy a la Feria del Libro de Madrid. Lo hice durante un par de años (o quizá fueran tres) justo antes de empezar la universidad; lo dejé cuando el evento se solapaba con los exámenes de junio, aunque algún año me habría dado igual no ir a según qué examen y pasarme la tarde paseando entre las casetas del Retiro. Al terminar la carrera tampoco volví: en algún punto del camino me había dado cuenta de que, en gran medida, lo que se exponía en la feria no me interesaba lo suficiente, más allá del descuento que podía conseguir en alguna librería del centro. Que para darse un garbeo por el parque siempre habrá días más vacíos.

En todo caso, a lo que iba. Dice Vargas Llosa:

En una entrevista publicada en el diario El Tiempo de Colombia, el autor de ‘La fiesta del Chivo’ declaró que “la gran amenaza son las máquinas que puedan acabar con el libro. No sabemos qué va a pasar con ese desafío para la literatura que es la pantalla”.

[…]

El escritor explica que “no es que esté en contra de la Red” pero cree que “si la literatura se hace solo para las pantallas se empobrecerá, porque la pantalla hace que pierda profundidad y riesgo”.

[…]

Para Vargas Llosa, “la tecnología imprime a la literatura una cierta superficialidad. En la pantalla se escribe informalmente, no infunde respeto.” El papel, en cambio, “infunde un respeto casi religioso al escritor. Uno se queda pasmado de la indigencia gramatical de los textos hechos para internet”, dijo.

Si el libro tiene que morir, muera. Yo no echo de menos el telégrafo; no creo que nadie de los presentes lo haga, seguramente porque muchos de nosotros jamás hemos tenido que hacer uso de esa tecnología[1]. Estamos acostumbrados, al teléfono, pero más al móvil que al fijo, y más de uno utilizará mucho más algún sistema de voz a través de internet. Para lo mismo con los periódicos: raro es el día que yo compro uno en papel, ¿para qué, si en la pantalla del ordenador tengo todos y puedo leer dos versiones de la misma noticia para caer en la perfecta esquizofrenia? En ningún caso una tecnología que ha mejorado a un sistema anterior ha supuesto una amenaza como tal, salvo para aquellos que tienen las posaderas pegadas a una poltrona construida sobre la anterior en plena obsolescencia. Pero no tiene sentido, más allá del berrinche, abrazar la mula y predicar contra el caballo de hierro.

De igual forma, generalizar la “indigencia gramatical de los textos hechos para internet” es como “alabar la perfección de los textos hechos para ser editados en papel”: una generalización. En internet, como en el papel, hay gente que es capaz de estructurar un texto, dar forma a los párrafos, hilar ideas de principio a fin y, además, hacerlo con facilidad y un estilo legible. También en el papel, como en internet, hay gente que no es capaz de dar pie con bola, de hacer bailar las comas, los acentos, el énfasis necesario para el tema que se está tratando y la cabeza del lector, que no puede sino cerrar su tomo y abandonarse rendido a los brazos de Morfeo. La afirmación tiene parte de razón desde el momento en el que cualquiera puede abrirse un blog y empezar a escribir en un par de minutos, pero para tener un libro en papel, hasta hace bien poco, había que saber escribir o al menos tener la capacidad de firmar un cheque. Ahora, con la autoedición, eso está dejando de ser cierto: cada vez más, cualquiera puede tener un libro con su nombre escrito en la portada.

Internet y autoedición son, por tanto, dos sistemas que permiten que cualquier persona, independientemente de sus cualidades como escribano, termine un texto y lo ponga a disposición del público, sin ningún filtro previo que establezca sobre qué puede escribir, con qué extensión tiene que hacerlo ni con qué punto de vista; que permiten que la selección comercial de temas no funcione. Ahora les recuerdo que la Feria del Libro de Madrid está organizada por la Asociación de Empresarios de Comercio de Libro de Madrid y los Distribuidores de Libros de Madrid. ¿Adivinan qué dos puntos pueden encontrarse en el artículo 6 del reglamento, que establece quién no puede tener representación en las casetas?

(ii) Los editores que se dediquen principalmente a la autoedición de libros.

(iv) Los libreros, editores, distribuidores y servicios de publicaciones de organismos oficiales e instituciones públicas que se dediquen principalmente a la venta, edición y distribución, respectivamente, de libros electrónicos o de libros que se publiquen por Internet o mediante cualquier otro soporte distinto de la tradicional edición impresa.

Veo el mismo camino que las discográficas: después de años de no querer, no poder o no saber adaptarse a una nueva tecnología y a uno nuevos modelos de edición y distribución, los editores y libreros se van a encontrar con que la gente se ha hecho sus propios apaños al margen del negocio, y luego llegarán los llantos, el rechinar de dientes y las acusaciones de piratería. Y nadie podrá decir que no se avisó. Y lo digo yo, que estoy dispuesto a pagar más por tener la misma versión de algo en papel por el mero hecho de que me gusta el tacto y el olor del libro clásico; pero jamás se me ocurriría decir que es mejor éste que la copia digital, como Vargas Llosa.

(Gracias a Versvs por ponerme sobre aviso al respecto de este asunto.)

[1] En realidad, una vez recogí un telegrama que un amigo envió a mi padre como broma. Me sentí hasta raro yendo a la oficina de Correos con la notificación.

29/5/2009

Una religión es una religión es una religión

Archivado en: Cultura, Libros — Perpetrado por RinzeWind a las 7:00 am

The Jewish pattern of history, past and future, is such as to make a powerful appeal to the opressed and unfortunate at all times. St Augustine adapted this pattern to Christianity, Marx to Socialism. To understand Marx psychologically, one should use the following dictionary:

Yahweh = Dialectical Materialism
The Messiah = Marx
The Elect = The Proletariat
The Church = The Communist Party
The Second Coming = The Revolution
Hell = Punishment of the Capitalists
The Millennium = The Communist Commonwealth

The terms on the left give the emotional content of the terms on the right, and it is this emotional content, familiar to those who have had a Christian or a Jewish upbringing, that makes Marx’s eschatology credible. A similar dictionary could be made for the Nazis, but their conceptions are more purely Old Testament and less Christian than those of Marx, and their Messiah is more analogous to the Maccabees than to Christ.

Bertrand Russell en History of Western Philosophy.

14/5/2009

Bertrand Russell, la novela gráfica

Archivado en: Ida de Olla, Cultura, Libros — Perpetrado por RinzeWind a las 10:52 pm

Hace ya un tiempo (y disculpen que me enlace, pero no encuentro la fuente original directamente), Ernesto Rodera dibujó una entrada ficticia para Crítica de la razón pura: el musical. Quién le habría dicho que estos días algo parecido está triunfando en las ferias de libros de Londres después de haber arrasado en Grecia, donde se editó originalmente con gran éxito:

An unexpected kind of comic book hero is set to emerge this autumn: Bertrand Russell, the philosopher, logician, mathematician and Nobel prize for literature winner who wrote the seminal work on mathematical logic, the Principia Mathematica.

Russell, who died aged 97 in 1970, is starring in a graphic novel based on his life, Logicomix, which portrays the great pacifist’s quest to pin down the foundations of mathematics. First published in Greece last year, where it has become an unexpected bestseller, Logicomix, subtitled An Epic Search for Truth, is the brainchild of maths expert and novelist Apostolos Doxiadis, who was admitted to Columbia University at the tender age of 15.

Covering a span of 60 years, it tells the story of Russell’s life, taking in his childhood, brought up by his grandparents after he was orphaned aged four, his four marriages, the writing of his great work Principia Mathematica, his rivalry with Ludwig Wittgenstein, and his quest for nuclear disarmament in the last decades of his life.

Russell

En la página oficial de Logicomix hay más información sobre esta curiosa obra. Lo mejor es que parece que su edición de bolsillo será barata.

29/4/2009

Siempre nos han llevado ventaja

Archivado en: Cultura, Libros — Perpetrado por RinzeWind a las 7:00 am

Japan’s capacity to manage external challanges was weakened by the distracted state of domestic policies and the all too visible faltering of a once dynamic and robust economy. The dizzy spiral of inflated land values and soaring stock prices which had caracterized the late eighties came crashing down as the Nikkei index slumped from a peak of 38.000 in December 1989 to just 17.000 by March 1992. Nearly five years later it was still slipping below the 20.000 level. Lending policies which at the most charitable can be called unwise were cruelly exposed. An entire banking sub-sector - small credit institutions, known as jusen, which finance property loans for househoulders and small businesses - was wrecked, leaving the taxpayer to foot the bill.

[…]

By the end of 2000 Japan had registered ‘negative growth’ in fifteen of the previous twenty-six quarters. Real estate values in Tokyo had fallen by two-thirds over ten years. A quarter of Japanese homes were worth less than the mortgage outstanding against them. […] Banks were sitting on a mountain of bad debt which they refused to acknowledge, let alone write off. The Ministry of Finance and Bank of Japan had driven interest rates to zero and hugely extended the national debt to become the world’s biggest by underwriting public work projects. Both measures had signally failed to kick-start the economy. Some of the bridges built with taxpayers’ money led literally nowhere.

A Traveller’s History of Japan, por Richard Tames. Cambien “Japón” por “España”, sumen veinte años, y aquí estamos.

(Al margen de eso, un libro muy recomendable: en poco más de 200 páginas explica brevemente el trasfondo de un país de una manera que les explicará un puñado de cosas si ya han ido y, si no, les animará a ir.)

23/4/2009

Un libro

Archivado en: Ida de Olla, Libros — Perpetrado por RinzeWind a las 7:00 am
Quema de libros por los nazis

Un libro sólo es un mecanismo de transporte de ideas.

Un libro no es más que un montón de hojas escritas con los pensamientos de su autor, o sus autores; tiene tanto valor como el texto y tan poco precio como el papel del que está hecho.

Un libro es un elemento material y los palos y las piedras, y el fuego, podrán romperlo, pero el contenido que lleva dentro no puede vencerse de esa manera.

Un libro echado a una hoguera con el objetivo de destruir lo que representa no anuncio sino la necedad de la mano que lo lanza.

Un libro sin leer es un acto más necio que un libro leído y carbonizado.

Un libro: El mundo y sus demonios, de Carl Sagan.

Hay solo dos cosas con las que uno se puede acostar: una persona y un libro.

Ray Bradbury.

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