Todo está en tu cabeza
(Visto gracias a la lista SKEPTIC.)
Son las 21:13 del viernes cuando comienzo a escribir estas líneas, y por mis altavoces acaba de sonar Political World. Wisdom is thrown in jail, reza parte de la letra, a la que sólo le falta mencionar la famosa mano invisible que se harta a dar palmaditas en el hombro a diestros siniestros.
¿Recuerdan aquella charla que enlacé hace algún tiempo sobre las técnicas negacionistas en lo relativo al cambio climático o el tabaco? Tenemos un nuevo capítulo, y si tienen la tensión alta a lo mejor sería conveniente que dejasen de leer ahora.
Les presento el Heartland Institute:
The Heartland Institute is a national nonprofit research and education organization, tax exempt under Section 501(c)3 of the Internal Revenue Code, and founded in Chicago in 1984. It is not affiliated with any political party, business, or foundation.
Heartland’s mission is to discover, develop, and promote free-market solutions to social and economic problems.
Su nulo ánimo de lucro se mantiene a base de donaciones de tabaqueras y petroleras. Por supuesto, todo el mundo es libre de sacar fondos de donde considere necesario; pero tras leer eso es sano mantener un cierto nivel de alerta ante lo que viene.
El instituto publicó a finales del año pasado un artículo titulado 500 Scientists Whose Research Contradicts Man-Made Global Warming Scares. El título es suficientemente explicativo, descriptivo y completamente falso. En desmogblog.com se han dedicado a verificar la lista de nombres. Llevan 45 desmentidos desde el 29 de abril, y esto tiene pinta de no haber hecho más que empezar. Algunos ejemplos:
I am horrified to find my name on such a list. I have spent the last 20 years arguing the opposite.
Otro:
I don’t believe any of my work can be used to support any of the statements listed in the article.
Otro, que es gratis:
Please remove my name. What you have done is totally unethical!!
Venga, que veo que les está gustando. Otro más:
I’m outraged that they’ve included me as an “author” of this report. I do not share the views expressed in the summary.
La tormenta de mierda se promete bonita. Permanezcan atentos a sus pantallas.
(Puesto sobre aviso gracias a la lista SKEPTIC.)
Humans alone practice religion because they’re the only creatures to have evolved imagination.
Así empieza un estupendo artículo publicado en New Scientist titulado Religion a figment of human imagination, que explica cómo la religión un producto de la imaginación humana, que nos permite pensar en cosas que no existen (como unicornios rosas, perros rabiosos de tres cabezas o dioses). Y las ventajas sociales que ello conlleva, claro:
Once we’d done that, we had access to a form of social interaction unavailable to any other creatures on the planet. Uniquely, humans could use what Bloch calls the “transcendental social” to unify with groups, such as nations and clans, or even with imaginary groups such as the dead. The transcendental social also allows humans to follow the idealised codes of conduct associated with religion.
Pero ojo con esas ventajas sociales y el lavado de cerebro previo que requieren. P. Z. Myers enlaza un artículo titulado Jesus Made Me Puke, en el que un periodista se adentra en la derecha cristiana estadounidense. Agárrense los machos, que despegamos:
I had been attending the Cornerstone Church for weeks, but this was really my first day of school. I had joined Cornerstone — a megachurch in the Texas Hill Country — to get a look inside the evangelical mind-set that gave the country eight years of George W. Bush. The church’s pastor, John Hagee, is one of the most influential evangelical preachers in the country — not because his ministry is so very large (although he claims up to 4.5 million viewers a week for his Sunday sermons) but because of his near-absolute conquest of a very trendy niche in the market: Christian Zionism.
The whole idea behind Christian Zionism is to align America with the nation of Israel so as to “hurry God up” in his efforts to bring about Armageddon. As Hagee tells it, only after Israel is involved in a final showdown involving a satanic army (in most interpretations, a force of Arabs led by Russians) will Christ reappear. On that happy day, Hagee and his True Believers will be whisked up to Heaven by God, while the rest of us nonbelievers are left behind on Earth to suck eggs and generally suffer various tortures.
[…]
“I told my nephew to look around the house,” Fortenberry continued. “I said, ‘Do you have a copy of Harry Potter?’ And he said yes. And I said, ‘That’s your problem.’ So I told him to go get that copy of that book, tear it in half and throw it out the window. So he does it, and guess what? Both of those kids stood up completely recovered, just like that.”
He snapped his fingers, indicating the speed with which the kids had jumped up in recovery. The crowd cooed and applauded. I frowned, wondering for a minute what life must be like for a person mortally afraid of toothless commercial fairy tales. It struck me that Phil Fortenberry’s nephew was probably more afraid of Harry Potter than Macbeth, which to me said a lot about this religion and about America in general.
(Después de recomendarles la conferencia de Armentia y compañía no se pensarían que se iban a quedar sin crónica. Los que hoy compren Público, también podrán leerla.)
El avance de la ciencia nos permite tener hoy en día un conocimiento acerca del mundo que nos rodea mucho mayor que hace doscientos años. Las explicaciones racionales basadas en el método científico han ido, poco a poco, minando los cimientos de los modelos que pretendían explicar los fenómenos naturales basándose en mitologías arcaicas. La IX edición de la Feria Madrid es Ciencia albergó el pasado 26 de abril un foro que exploró algunos de estos conflictos: “Debatiendo nuestros orígenes. Entre la ciencia y la creencia”.
En un auditorio completamente lleno a pesar de la nula insonorización y el ruido que acompañó la charla en todo momento, y durante cerca de hora y media, expusieron sus argumentos tres miembros de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico: Félix Ares, presidente de la asociación; su director ejecutivo, Javier Armentia, también astrofísico y director del Planetario de Pamplona e Ismael Pérez, miembro del Consejo Asesor de ARP-SAPC y director del Grupo de Cosmología de la Agrupación Astronómica de Madrid.
Comenzó su intervención Javier Armentia hablando del diseño inteligente, un concepto cuya máxima difusión en nuestro país vino de mano de las conferencias que impartieron, en enero del presente año, los doctores Tom Woodward y Geoffrey Simmons y de la polémica que rodeó a estos eventos al pretender que algunas de las charlas tuviesen lugar en universidades públicas. En palabras de Javier Armentia, se puede definir el diseño inteligente como la idea de que los seres vivos son tan complejos que necesitan la intervención de un diseñador. Esto choca frontalmente con la teoría de la evolución, propuesta por Charles Darwin en 1849, y que no hacía sino confirmar lo que ya se venía sospechando: que las especies existentes actualmente provienen de especies anteriores, mediante un proceso evolutivo impulsado por la combinación de mutaciones y selección natural. No es necesario, por tanto, la existencia de ningún ser supremo que guíe el desarrollo de los organismos biológicos.
Ni tampoco el desarrollo del Universo, como aclararon los dos siguiente ponentes. Ismael Pérez ofreció unas pequeñas pinceladas sobre cosmología, y sobre la necesidad religiosa de tener un creador del cosmos, mediante el planteamiento de un experimento teórico: “supongamos que podemos crear una burbuja hermética alrededor de esta sala, y sacamos todo lo que hay: sacamos las mesas, el escenario, las sillas, salimos nosotros y terminamos extrayendo el aire. Tendremos una burbuja rellena con absolutamente nada. Pero en ese vacío hay pequeñas fluctuaciones cuánticas. Los modelos actuales explican que la expansión inicial del espacio-tiempo fue perfectamente posible a partir de esas fluctuaciones”. Es decir: no es necesario un ente divino que cree materia a partir de la nada.
Por supuesto, ninguno de estos argumentos es nunca determinante. Como advertía Félix Ares al comenzar su intervención, “a pesar de todo, la idea del diseñador se resiste a morir y aparece de formas muy sutiles”. Su breve charla siguió explicando algunos de los clavos ardiendo que existen entre las leyes del universo a los que los creyentes pueden seguir agarrándose. Se centró principalmente en un argumento conocido como el principio antrópico, el cual parte de los valores que poseen las distintas constantes del universo (la constante de la gravitación universal, la velocidad de la luz, etc…): si dichas constantes tuviesen un valor diferente al que ahora tienen, la vida en el cosmos no sería posible. Hay quien ve aquí de nuevo la mano de un ser divino, que ha ajustado esos valores para que el hombre pueda existir. Sin embargo, este argumento es muy estrecho de miras: se centra en la vida tal y como la conocemos, pero no toma en cuenta otras opciones. Además, físicos como Steven Weinberg, ganador del Nobel en 1979, han calculado que algunas de esas constantes podrían variar hasta un 20% sin que nada cambiase sustancialmente. No parece un ajuste tan bueno, después de todo.
Tras estas breves pinceladas a algunos de los principales conflictos entre la ciencia y la creencia, se dio paso a las intervenciones del público para alimentar el debate. Al ser preguntado cómo era posible discutir con un creacionista, si cada argumento ofrecido puede perfectamente recibir la contestación de que el ente divino en cuestión ha colocado esa prueba para despistar, responde Javier Armentia: “una vez que se entra en ese razonamiento circular es muy difícil salir. Lo único que se puede hacer es negar la mayor y pedir demostración de lo que se dice”.
“¿Y no es arrogante pensar que tantos millones de personas que hay sobre el planeta, que tienen creencias religiosas, pueden estar equivocadas?”, pregunta otro oyente. “La mera existencia de múltiples religiones incompatibles entre sí demuestra que están equivocadas”, responde Félix Ares finalmente.
Es mucho lo que sabemos, pero aún más lo que está por aprender. Sin embargo, nuestra ignorancia jamás será prueba de nada. Según Ismael Pérez, “puede existir la sensación de que estamos rodeados por un todo complejo que no podemos comprender utilizando el intelecto humano. Frente a esa sensación está el método científico”.
Any possible universe could be explained as the work of some sort of designer. Even a universe that is completely chaotic, without any laws or regularities at all, could be supposed to have been designed by an idiot.
Steven Weinberg, en un ensayo sobre acerca de la posibilidad de la existencia de un diseñador del universo.
Que los seguidores de una realidad alternativa se junten durante un rato un día determinado de la semana en su templo para adorar unicornios y seres afines, pase; cada uno hace con su vida lo que quiere, incluso desperdiciarla. Que por el mero hecho de tener un cargo en una secta, alguien pueda entrar en un comité de ética asistencial en una institución sanitaria pública, no. Lo contaba El País ayer:
[…] “el Servicio de Asistencia Religiosa Católica (…) formará parte del Comité de Ética y del Equipo Interdisciplinar de cuidados paliativos”. Este convenio y el contenido de su cláusula tercera ha provocado el revuelo en el Gobierno regional. Güemes, uno de los firmantes del último convenio, ha limitado, a pesar del texto del acuerdo, la acción de los sacerdotes a “asistir a pacientes o familiares de pacientes”.
En la práctica, según fuentes hospitalarias consultadas por este periódico, los sacerdotes sí participan en estos comités, aunque no sólo como religiosos sino como expertos o especializados en temas de bioética. Hasta estos comités llegan aquellos asuntos delicados y ante los que un médico puede tener dudas éticas. Sin embargo, este comité sólo asesora al médico responsable y, por tanto, no tiene carácter vinculante sino consultivo. El médico puede tomar una decisión contraria.
Efectivamente, parece que el convenio lleva existiendo desde 1997 [1], pero eso no es atenuante, como parece dar a entender El Mundo en su noticia. El ya se hacía así cuando llegamos no suele ser un buen argumento.
Que sea un órgano con una función meramente consultiva tampoco me resulta un alivio: imaginen que, dado el caso, un médico tenga que ir a consultar a un testigo de Jehová su opinión acerca de si se me puede realizar una transfusión (afortunadamente, en ciertos casos se impone el sentido común). En asuntos científicos, alguien que habla en base a sus creencias no tiene autoridad ni para silbar La Barbacoa, ni para emitir una opinión que oriente nada en absoluto. Si el paciente pertenece a esa secta en particular, nada impide que le lean su libro de ficción favorito a petición suya en privado si así lo solicita.
[1] No sé si en su forma actual o si realmente ha habido cambios. Público tiene ambos convenios colgados de su web, pero aún no me ha dado tiempo a echarles un ojo y comparar.
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