Archivo de ‘Ciencia’

En periodismo médico no cabe equidistancia entre la evidencia científica y las teorías no demostradas. Los productos homeopáticos se aprueban sin estudios de eficacia.

La frase de arriba, aunque la podría haber firmado yo, la ha escrito Milagros Pérez Oliva, defensora del lector en El País, en un artículo de respuesta a las quejas enviadas por la publicación de Homeopatía, ¿quimera o ciencia?

Cuando escribí sobre esto, algún lector me dejó un comentario diciendo que «habría que cocer a cartas a la Defensora del Lector». Dicho y hecho: desde ARP-SAPC enviamos una carta de protesta que hoy tiene eco en la respuesta publicada:

Más allá de los errores concretos, el artículo presenta un problema de planteamiento general: en periodismo científico no cabe la equidistancia entre teorías demostradas y teorías por demostrar. Lo expresa bien un escrito de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico remitido por Ismael Pérez Fernández : “Bajo la apariencia de un texto periodístico imparcial y objetivo, termina ensalzando la homeopatía como un tratamiento que, en general, funciona aunque no se conozca su modo de actuación (…). Se trata de un patinazo seudocientífico fruto de una falacia periodística muy frecuente en nuestros tiempos, según la cual si una persona dice que la Tierra es redonda y ligeramente achatada por los polos y otra cuadrada y hueca, hay espacio para el debate y todas las opiniones son respetables. El título del artículo podría ser La tierra, ¿esfera o cubo?”.

Éste es, en mi opinión, el meollo del problema. Para evaluar la veracidad y pertinencia de las teorías sobre las que informa, el periodismo científico necesita aplicar mecanismos de verificación y control de calidad. Los diarios rigurosos suelen adoptar el sistema de validación del que se ha dotado la propia comunidad científica: para dar credibilidad a una teoría, es preciso que haya sido publicada en una revista de prestigio, dotada de un sistema de revisión por pares (peer review).

A veces quejarse funciona. No solamente a nosotros: el comentario que les hizo llegar Fernando Frías también ha tenido respuesta.

A todos aquellos que se dedican a la investigación, el siguiente vídeo (una de las innumerables parodias surgidas a partir de una de las escenas más memorables de El Hundimiento) les hará gracia. Pero de una forma amarga.

(Visto en A bordo del Otto Neurath.)

Hoy, si no me adelanto a los acontecimientos, hago mi primer doblete en Público con un artículo sobre un proyecto español de lingüistas e informáticos (e ingenieros que vivieron en estaciones de tren abandonadas) que están desarrollando un buscador basado en procesamiento de lenguaje natural. De apoyo, una pieza más divulgativa.

Hola,

Mi duda viene dada por Levítico 15:19-24 (Nueva Versión Internacional). Cito:

—–
19 »Cuando a una mujer le llegue su menstruación, quedará *impura durante siete días.

»Todo el que la toque quedará impuro hasta el anochecer.
20 »Todo aquello sobre lo que ella se acueste mientras dure su período menstrual quedará impuro.

»Todo aquello sobre lo que ella se siente durante su período menstrual quedará impuro.
21 »Todo el que toque la cama de esa mujer deberá lavarse la ropa y bañarse, y quedará impuro hasta el anochecer.
22 »Todo el que toque algún objeto donde ella se haya sentado, deberá lavarse la ropa y bañarse, y quedará impuro hasta el anochecer.
23 »Si alguien toca algún objeto que estuvo sobre su cama o en el lugar donde ella se sentó, quedará impuro hasta el anochecer.
24 »Si un hombre tiene relaciones sexuales con esa mujer, se *contaminará con su menstruación y quedará impuro durante siete días. Además, toda cama en la que él se acueste quedará también impura.
—–

Voy como loco preguntando a las compañeras del trabajo si ya están con la regla, pero no me contestan; a veces compartimos sillas y no querría quedar impuro yo. Algunas, incluso, se enfadan conmigo. ¿Cómo podría solventar este pequeño problema de convivencia sin molestar al Señor?

Un saludo.

(E-mail enviado ahora mismito –con inspiraciones externas– a la Red Joven creada por el Arzobispado de Valencia para contestar a todas esas dudas que siempre tiene la gente de bien, en una demostración más de que con tecnología del siglo XX se pueden comunicar ideas de miles de años antes –antes había puesto “ideas del X”, pero el propósito era cómico y veo que hay gente que se lo está tomando en serio. Cambiado queda).

(Historia de la Ciencia. Javier Ordóñez, Víctor Navarro, José Manuel Sánchez Ron. Austral).

Me crucé con este libro en una de mis visitas a Aquí la Ciencia, una pequeña librería dedicada exclusivamente a títulos de divulgación científica situada en Madrid. Allí estaba, acechando en uno de los estantes, con ese color verde tan característico de algunos títulos de la Colección Austral. Como parecía fino para el tema tratado (532 páginas), decidí pegarle un tiento, aún teniendo en cuenta que esta editorial tiene en mi cabeza la fama de publicar textos bastante áridos.

Afortunadamente, pude completar la lectura sin sobresaltos ni bostezos. La estructura lógica seguida (en tres divisiones fundamentales, tantas como autores: «antigüedad y Edad Media», «Edad Moderna» (hasta el siglo XIX) y «Edad Contemporánea»), así como el estilo de escritura (bastante unificado, diría yo), permiten que el texto se deje leer en cómodas etapas. He de reconocer que la parte final tuvo más interés para mí, pues es ahí donde surgen la mayor parte de los nombres cuyos descubrimientos me enseñaron durante la carrera y, por lo tanto, me resultaban más familiares.

Como texto introductorio es muy asequible, aunque se echa en falta más profundidad (fórmulas mediante, si fuese necesario) a la hora de explicar en qué consistieron los hitos de cada época que permitieron modificar el pensamiento anterior para poder pasar a la siguiente etapa. Aunque se explican los descubrimientos que dieron paso a nuevos avances, en ocasiones dicha explicación pide a gritos una ampliación. Quizá para eso esté la amplia bibliografía del final, pero ese pequeño detalle es el que impide que este libro sea una gran obra de historia de la Ciencia y se quede en una mera introducción.

La cebolla (Allium cepa) constituye uno de los ingredientes base para un buen sofrito. Pero también puede curar un resfriado común.

Arranca así el artículo publicado hoy en El País titulado La homeopatía, ¿quimera o ciencia?, uno de esos textos que no son completamente inútiles porque al menos sirven de mal ejemplo. Concretamente, demuestra que se puede escribir, en el año 2010, un artículo sobre homeopatía sin citar:

El artículo, concretamente, cae en esa falacia tan extendida en el periodismo que dice que si una persona dice que la Tierra es redonda y ligeramente achatada por los polos y otra dice que es cuadrada y hueca, hay un espacio para el debate y todas las opiniones son respetables. El título del artículo podría ser La Tierra, ¿esfera o cubo? Que un periódico de tirada nacional desperdicie una oportunidad así para informar un poco a sus lectores, en lugar de asumir que unos dicen una cosa, otros dicen otra, y la verdad estará en un término medio, es triste.

Me resulta especialmente preocupante el siguiente párrafo:

Sin embargo, Luc Montagnier, premio Nobel de Medicina en 2008 por haber descubierto el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), no comparte esta opinión: “Se ha observado que ciertas diluciones dentro del agua en las que no queda materia sí registran, en cambio, vibraciones. Esta dilución puede reconstruir la información genética de la materia. Una información instructiva de la que la homeopatía no puede olvidarse, a pesar de que muchos críticos dicen que no hay nada. Pero sí hay algo. Nosotros hemos demostrado que hay estructuras en el agua que son inducidas por vibraciones electromagnéticas”.

Es sólo el cuarto párrafo del reportaje y ya se ha conseguido poner en contraste la opinión de un premio Nobel con la de Joan Ramon Laporte, jefe del servicio de farmacología del hospital de Vall d’Hebron de Barcelona.

Bien, punto número uno: la consecución de un premio Nobel en un campo no impide que alguien patine largo y tendido en otro. Un ejemplo, que ya será conocido para los que estuvieron en la última edición de «Escépticos en el pub» (cuña obligada: visite nuestro bar): Kary Mullis, que consiguió este galardón por haber descubierto la técnica que permitió la reacción en cadena de la polimerasa, dice que el VIH no causa el SIDA. Con dos cojones.

Buscando un poco acerca de la frase de Montagnier, descubro este artículo publicado en el blog Science-Based Medicine que habla precisamente de un trabajo de Montagnier que no sirve para justificar la homeopatía pero que sus seguidores utilizan para apoyar sus argumentos. Es más, leyendo el artículo parece que el trabajo es una chapuza:

While not necessarily impacting the validity of the study, its publishing details raise some concerns. It was not published in an established, respected journal. It appeared in the first volume, second issue of a new journal, Interdisciplinary Sciences–Computational Life Sciences. The article is not written in the usual scientific format – it lacks separate sections for Methods, Results, etc. There are numerous typos and language errors that should have been caught by any proofreader even if the peer reviewers missed them. The editor in chief is in Shanghai, and four of the other editors are in various Chinese cities, while the other two are US based but have Chinese names. Montagnier is on the editorial board. It says it is peer-reviewed, but the speed of the process is worrisome: the Montagnier article was received 3 January 2009, revised 5 January 2009 and accepted 6 January 2009.

[...] suggesting that disrupted particles of DNA can re-create the original bacterium in cell culture. If true, it would have all sorts of interesting implications, especially for sterilization by filtration. The evidence for this was referenced merely as a “personal communication.” I wonder why they didn’t publish it.

El artículo de El País, sin embargo, inmediatamente después de la cita de Montagnier, se apresura a comentar que «[a] raíz de este descubrimiento, los médicos homeópatas sostienen que la reacción que se origina en el organismo no es química, como sucede con los medicamentos alopáticos, sino de carácter físico». Ni una palabra sobre las dudas acerca del estudio. Ni una palabra acerca de que los mecanismos de actuación descritos en el estudio, en todo caso, y suponiendo que a pesar de todas las dudas que hay sobre su validez son ciertos, desacreditan lo que se cuenta sobre homepatía, y que en ningún caso pueden utilizarse como argumento a favor. Termina muy acertadamente el artículo en SBM con un «Homeopaths who believe Montagnier’s study supports homeopathy are only demonstrating their enormous capacity for self-deception.»

Pero recuerden: lo que está matando al periodismo es Internet. Que los artículos que se escriben sean lamentables seguramente no tenga nada que ver.

(Gracias a Suso por enviarme un enlace al artículo.)

Como venía anunciándose, el sábado 27 a las 19:30 se celebró la segunda edición de «Escépticos en el pub» en el pub The Clover House. Esta ocasión tuvimos como ponente a Lucas Sánchez, de Sonicando, investigador en el Centro Nacional de Biotecnología y colaborador en la sección de Ciencias de Público. Nos estuvo hablando durante unos 25 minutos del negacionismo del SIDA y luego estuvo respondiendo preguntas de los asistentes en el debate posterior, que se alargó alrededor de tres cuartos de hora.

Lucas, durante la ponencia (1)

Lucas durante su presentación.

Esta vez, para los que vinieron en la primera entrega y se han saltado ésta, las sillas estaban dispuestas de una forma un poquito más ordenada, simulando un patio de butacas orientado al ponente. Además, esta vez teníamos dos micrófonos inalámbricos, así que el volumen de la voz de cada uno durante el debate no fue un problema, como lo fue la primera vez.

La asistencia, a ojo de buen cubero, estuvo en torno a las 55 personas. Fueron algunos menos que la otra vez, pero teniendo en cuenta que ya ha pasado la novedad del asunto es como para estar contentos. Además, una vez que el número de inscripciones sobrepasó a la capacidad en sillas de la planta superior del Clover House (45 puestos), se cerró el formulario que se había publicado a tal efecto. Quizá la próxima vez se deje hasta el final, porque hay sitio para que más gente esté de pie. En todo caso, es algo acerca de lo que nos tendremos que poner de acuerdo.

En una de las mesas de la planta superior se dejaron unos pocos ejemplares de El Escéptico, la revista que edita ARP-SAPC, y todas desaparecieron (nota al margen: bien, para eso estaban). Si alguno de los que se las llevó es un dentista y la deja en la sala de espera de su consulta habremos ganado unas cuantas almas para la causa.

Me veo en la necesidad de recordar que la celebración de estas reuniones se apoya en la disponibilidad de un ponente que quiera venir a contarnos algo. Si alguien tiene un tema que se encuadre dentro de la temática (y es amplia) sobre el que le gustaría debatir, estaremos encantados de escucharle.

Si todo sigue según lo previsto, nos veremos en el mismo sitio a la misma hora el último sábado de marzo (día 27). Además de las entradas en los blogs, el grupo de Facebook y los avisos que se verán por Twitter, tenemos una lista de correo para avisar de nuevas convocatorias tan pronto como las tengamos preparadas. Si alguien todavía no se ha apuntado y quiere hacerlo, que me envíe un mensaje de correo electrónico y le suscribiré.

(Hay alguna fotografía más del evento en este set de Flickr. Cualquiera que tenga más imágenes y quiera compartirlas puede hacérmelas llegar por correo electrónico o subirlas él mismo al grupo de Escépticos en el pub. Esta entrada se publica simultáneamente en el blog de ARP-SAPC.)