Salí de casa por la mañana a comprar el pan, como cada sábado. Se me habían pegado las sábanas y andaba apresurado; no sabía si todavía les quedaba en la panadería la variedad que a mí me gustaba.
- Buenos días.
- Buenas. ¿Les queda pan montañés?
- Mi cometido en esta panadería es cocer el pan de la mejor forma posible y ofrecérselo a mis clientes, que para eso me pagan.
- Erm… claro, si tengo el dinero. ¿Pero tiene… ?
- Esto es un debate nominalista en el que yo no pienso entrar –dijo, alargándome una chapata y cogiendo el dinero de mi mano sin darme tiempo a reaccionar–. ¿Tenemos pan montañés? Pues tendremos que mirarlo, pero es momento de hornear la siguiente tanda y no de pararse a debatir detalles estériles que solamente le interesan a usted. Ahora, yo le digo: tenemos pan y lo tendremos durante muchos años. Y ahora si me disculpa, hay otros clientes que debo atender.
Me giré. Detrás de mí no había nadie. Volví a girarme. El panadero me miraba fijamente, sin titubear. Antes de darme a tiempo a decir nada, desapareció tras una puerta.
Abandoné el establecimiento ligeramente desorientado y con un pan que yo no había pedido. Mientras intentaba averiguar qué podía haber ocurrido, me dirigí hacia la parada del autobús para devolver unos libros a la biblioteca, que tampoco era cuestión de perder el tiempo en fin de semana. En la marquesina, un confuso cartel informaba de desvíos por obras. Tras unos minutos de espera, llegó el autobús y decidí preguntar.
- Disculpe, ¿éste pasa por la biblioteca?
- Mire, señor, yo solamente cumplo con mi obligación. Llevo veinte años al volante de los autobuses de esta ciudad y he de llevar este vehículo por el recorrido marcado.
- Yo… no lo dudo. Pero como hay obras…
- Las obras son buenas. A nadie se le ocurriría decir que las obras son malas. Si las obras desvían el recorrido, ¿quiénes somos nosotros para cuestionar estas decisiones? Ya le digo que son necesarias, y a veces es necesario apartarse de los recorridos prometidos. Puede que causen molestias, pero es algo inevitable y todos tenemos que hacer sacrificios. Usted se preguntará cuál es la solución. Pues mire, se lo voy a decir. La solución es más ciudadanía.
Le miré. Me miró. Una gota de sudor resbaló por mi frente.
- ¿O es que usted cree que no tendría que haber obras?
- No, claro que tendría que…
- Eso pensaba.
Cerró la puerta y arrancó, dejándome de pie en la acera mirando al vacío. ¿Qué demonios estaba ocurriendo? Decidí serenarme desayunando (otra vez) en el bar más cercano.
Y allí lo vi. Sentado en la barra, con el miedo en el cuerpo previo a la conversación con el camarero, arrastré mi mirada hacia el televisor. Allí un señor con traje y corbata hablaba, y decía que “Marca España”, y que “más Europa”, y decenas de periodistas se afanaban en copiar sus palabras y entonces lo entendí. Estaban entre nosotros y cada vez se extendían más.










“Esta entrada fue publicada en Ficción”
¿Seguro? Creo que has confundido la etiqueta. Yo lo pondría en Ciencias Sociales.
Me encanta, si no te importa la comparto por ahí.
Qué me va a importar. Comparta usted, que es gratis :D
Tsk tsk tsk , que poca visión comercial. A estas alturas de la vida y todavía así, no va a llegar nunca a político, ¿sabe?
¿Ficción? ¿Ciencias sociales? No entremos en debates nominalistas…. xDDD
Eso de “debates nominalistas” me trae buenos recuerdos de la escuela de debate. Lo decía siempre el que no tenía claro los conceptos y quería evitar que la discusión alcanzase profundidad (casualmente eran los peperos siempre).
¡Gran post! Me estoy leyendo los 10 últimos, que llevaba todo el verano sin internet y me pongo al día. ¿Cómo se puede vivir sin mirar una vez cada día o cada dos el blog del chacho Rinze? No se puede.
¿Cuándo vas a cambiar la investigación por la política? :P
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:D Eso me ha encantado.
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Es la defensa perfecta, tienen más experiencia así que te ganan con facilidad, y si te rebajas a su terreno acaba siendo un diálogo de besugos sin sentido..
Como la vida misma, oiga.
Lo has clavado, Rinze. Están entre nosotros y cada vez son más. No nos extrañemos si cualquier día el camarero nos señala con el dedo y emite un grito inhumano al decirle que se ha equivocado con el cambio. http://www.youtube.com/watch?v=yKjbZWG7b3U
Buenísimo. Digno de un episodio de Ciudad K, oiga.