Como otros tantos, yo también he caído en las redes de The Newsroom, emitida en España por nuestro proveedor sueco favorito. Para quien sea demasiado vago como para irse a la Wikipedia a leer la descripción, la trama gira en torno a la remodelación de los informativos nocturnos de una cadena de televisión y la transformación de un presentador blandito de informativos en un periodista.
Aunque la serie tiene una tendencia generalizada al sermón idealista explícito, estos fragmentos se perdonan con algunas escenas de franco sentido común que me gustaría ver en alguna redacción (¡no todas las historias tienen dos puntos de vista!).
Tiene, no obstante, una premisa que la clasifica inmediatamente como una serie de ficción: los periodistas son la polla y, si se ponen a ello, son capaces de dirigir los debates sociales de una manera racional que permita a los ciudadanos informarse y crearse sus propias opiniones.
Tras asimilar esto, me da por recordar los debates de política que he podido ver en televisión española. Tienen, en general, dos variedades: la que plantea un intercambio de monólogos entre dos personas que tienen la razón absoluta y se equivocan completamente en los mismo turnos alternativos que los colocan como atacante o defensor, y los que ya te dan la respuesta de la casa y además te ofrecen un saco de hostias del lado equivocado a título meramente testimonial y en ocasiones hasta folclórico. Hola, señor Marhuenda. Se salva de la quema algún diálogo que he visto en el canal 24 horas de Televisión Española; lástima que parece que este modelo vaya a durar poco.
Me imagino unos debates en televisión salidos de la mente de Sorkin, en lugar de ser al rojo vivo (un tipo de situaciones en las que, por defecto, se tiende a pensar bastante poco) y de intentar vender una determinada conclusión a priori en un show de gritos y de ylosotrosmasismos. Perderían la gracia, claro: si usted es de izquierdas sintonizará La Sexta y si es de derechas le encantará El Gato al Agua. Nada relaja más después de un largo y duro día de trabajo, si lo tuviera, que poner la televisión y reafirmarse en sus convicciones.
Un tercio de los ciudadanos estadounidenses han desconectado completamente de la realidad política de su país porque consideran que no es relevante para su vida diaria. En el Reino Unido, un informe de reciente publicación alerta de que unos votantes cada vez más apáticos está dejando el poder a las corporaciones y a los políticos que medran en sus bolsillos. Eso en el Reino Unido, donde pasan escasos días entre el descubrimiento de un escándalo bancario, la comparecencia de los responsables ante el parlamento y el inicio de una investigación penal. Sigan esta línea temporal, lean cualquier noticia sobre Bankia y muéranse de la envidia. Normal que aquí la apatía llegue hasta extremos insospechados.
La misma apatía que nos ha ganado. Hemos decidido que existe un ente llamado clase política, cuyos miembros crecen en los cimientos de las sedes de los partidos, a la que es mejor dejar la gestión pública. Es saber popular que no podemos acceder al sistema porque está podrido, y la podredumbre del sistema hace que no queramos mancharnos las manos, porque además no podríamos hacerlo. Lavar, aclarar, repetir.
La prensa por sí misma no puede arreglar esto. Dado un conjunto cuidadosamente seleccionado de informaciones contrastadas, entrevistas que ponen al entrevistado en una situación difícil y reportajes de investigación, da la impresión de que seguiría haciendo falta el factor pistola en la cabeza para que el ciudadano medio se decidiese por eso y no por el adulador confort de siempre.
Actualización: al hilo de esto, léanse la entrevista a Àngels Barceló en Jot Down.










Sólo añadir un detalle, después de decir amén: nos permitimos el lujo de hablar de las paradojas de la primavera árabe (partidos de religiosos que ocupan el poder como resultado del levantamiento del pueblo contra los dictadores laicos que forman el estabishment) y no nos percatamos del adormecimiento del ciudadano, de nosotros mismos (los imputados en Valencia ya son el tercer partido de Les Corts).
Cada vez que oigo a voces autorizadas y no conocidas que estamos a punto para una Gran Guerra, se me arruga el ombligo. ¡Ay, que no se lo que me voy a encontrar cuando aterrice por esos lares a finales de julio!
Al artículo le sobra la “actualización”. Angels Barcelo es otra estrella, a la que escuchan los que quieren reafirmarse en sus opiniones, y no me parece que sus opiniones sean relevantes como análisis de los males del periodismo actual.
Yo siempre digo lo mismo: Aaron Sorkin hace ciencia ficción dura.
En su universo paralelo, los políticos son intachables genios cuyo único crimen es ser DEMASIADO honestos y esar DEMASIADO comprometidos con su trabajo.
En este mismo universo, los periodistas son los defensores y valedores de La Democracia (L mayúscunal, D mayúscula), en lugar de las pobres marionetas que pretenden saber de todo sin tener ni idea, que realmente son.
Como la buena ciencia ficción, muestra cómo podría ser el mundo, si fuera de otra manera. Lástima que no vivamos en ese mundo…
Toño,
Entiendo que Mr Rinze ha puesto a la Sra Barceló (y de paso ese panegiríco marca de la casa*) como un excelente ejemplo de esos males endémicos de los medios españoles.
*Jotdown pretende ser el New Yorker y se queda en un suplemento dominical con toda la caspa que eso supone. En fin, si quieren entrevistar a gente que todos sus lectores conozcan y encima hacerles la pelota, la cosa no da para más que los lugares comunes y los topicazos al uso.
Estamos sufriendo un entramado político-social que empezó a manifestarse con Nixon, pasó a Europa a través de la Thatcher y que se ha extendido como la pólvora en partidos de uno y otro color con el fin de provocar una INDEFENSIÓN aprendida en la mayoría de la población y así poder aumentar el control social y el dinero en manos de los ricos y los poderosos.
Un plan muy bien trazado y muy bien ejecutado pues lo están consiguiendo.
Perdón, quería decir INDEFENSIÓN APRENDIDA (las dos con mayúscula). Es un concepto de psicología muy específico al que podéis echarle un vistazo.
En España no hay periodistas. Nunca podremos ver algo así en este país:
http://www.guerraeterna.com/cual-es-el-valor-de-una-denuncia-sobre-derechos-humanos-depende/
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