Hoy, en el telediario, como tantas otras veces, han retransmitido sendos mítines del bipartito (PP por un lado y PSOE por otro). Los totales que han puesto incluían a un miembro del PP que hablaba de lo mal que lo estaba haciendo el PSOE y lo bien que lo iban a hacer ellos, y a un miembro del PSOE que comentaba lo malos que eran los del PP y lo cojonudamente que lo iban a hacer ellos. Y ya. Lo treinta segundos de gloria son recordatorios recíprocos de que el mal es el otro.
Más de una vez me he preguntado por qué va la gente a un mitin político. Una vez, una persona me dijo que había estado en uno (no diré el partido ni la ciudad) y que la impresión que se había llevado era de que los asistentes, o al menos los sentados más cerca de ella y, en consecuencia, a los que mejor podía observar, ejercían estupendamente su papel de seguidores fieles del partido. Todo esto, ya digo, es lo que me llega a través de una única crónica, pero tiendo a darle credibilidad posiblemente porque coincide con mi concepto preconcebido de la audiencia media de este tipo de actos.
Aunque puedo entender la utilidad de una conferencia unidireccional en muchos ámbitos, como en un contexto científico sin ir más lejos, sin ser, eso sí, el vehículo ideal para la transmisión de ideas, no soy capaz de entender las banderas, los aplausos a una señal, la música, el espectáculo y la idolatría de la estrella del rock en la que se convierte el candidato. En resumen, la conversión de la política, que debería ser una mera herramienta, en un espectáculo que es un fin en sí mismo ante un patio de butacas ya convencido y con la crónica positiva escrita antes de entrar. Si hay crítica, no aparece en la foto.
Y luego está la tristeza: que posiblemente el mensaje que se quiere hacer llegar a través de la televisión, cómplice necesario en todo este despropósito, sea precisamente el ad hominem sobre el contrario y que el público lo jalee.
Lo que no se convierte en un circo se muere.









La conversión de las masas en un ‘totum’ de estupidez es el principio básico del aprendizaje vicario… ver detrás de esos ‘líderes’ una marasmo de gentes representativas, decir lo que tienen que decir cuando se les enciende una luz de que están en directo… Antes pensaba que la actitud idiotizada y sectaria era propia de la derecha, porque es única, como dice Gustavo Bueno, como el pensamiento único… y que la izquierda estaba libre (salvo grupusculos extremistas) por su propia diversidad y complejidad dialéctica.
Ahora no sé si la izquierda se ha convertido en el alter ego de la derecha, por imitación, o que la izquierda sigue siendo múltiple, dialéctica y desorganizada.
Oyendo las declaraciones de toda una vicepresidenta ‘socialista’ alabando la fortaleza del sistema bancario español (gracias a las prácticas de usura bendecidas por la legislación española) creo que es más bien lo primero: la izquierda está muerta por diseminación.
“Oyendo las declaraciones de toda una vicepresidenta ‘socialista’ alabando la fortaleza del sistema bancario español (gracias a las prácticas de usura bendecidas por la legislación española) creo que es más bien lo primero: la izquierda está muerta por diseminación.”
Es que el PSOE no es la izquierda desde hace años, muchos años (a pesar de que ellos se empeñen en decir que sí), es la derecha sobrevenida, por eso sus formas son idénticas a las del PP. El PSOE es la otra cara de la misma moneda.
Criticar al PSOE es criticar a un partido de derechas. Si queremos criticar a la izquierda y su manera de actuar tenemos que excluir de esa crítica al PSOE, porque ahí no está.;)
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A pesar de que comparto la idea de que los mítines han quedado obsoletos como medio para transmitir y comunicar ideas a los votantes (a la masa) creo que, de momento, se celebran por tres motivos:
- Tener una fecha, lugar y hora en que citar a las televisiones. De esta forma se “forja” una noticia: “Oye, que vamos a hacer un mitin.” “Ah, pues ya me has llenado cinco minutos de telediario/media página del periódico… ya no tengo que pensar en cómo rellenarla…”
- Como instrumento de motivación de los propios militantes. La militancia de un partido ocupa un papel muy importante en las campañas electorales. Su capacidad de convencer a su entorno, de usar buenos argumentos (o frases pegadizas) en sus conversaciones de bar o de trabajo, o con los suegros… Te pueden reportar unos cuantos votos (no sé si alguna vez se ha hecho ese tipo de estudio: ¿le influyó alguna persona de su entorno en su decisión a la hora de votar? ¿más o menos que los políticos en sí?)
- Porque no se les ocurre otra cosa que hacer.
Este tipo de estudios (sobre si fueron los canales formales o informales los que más influyeron a las personas a la hora de votar)se hacen habitualmente, tras cada elección de hecho. Creo incluso que el CIS hace uno, pero no estoy seguro.
Por tocar un poco los webs…
“es lo que me llega a través de una única crónica, pero tiendo a darle credibilidad posiblemente porque coincide con mi concepto preconcebido de la audiencia media de este tipo de actos.”
Supongo que te has dado cuenta, pero esta actitud que mantienes es algo que tú mismo sueles criticar cuando hablas de otros temas.
Ahora bien, creo que en este caso es bastante acertado. Pero esto no quita lo otro.
Sí, pero precisamente digo que tengo ese sesgo y que lo sé, y expongo aquí mis pensamientos para ver qué opina el personal, porque es la única manera que tengo de saber si se aproxima a la realidad o no.
Yo siempre he pensado que los políticos honestos, que creen en su programa, deberían ir a los mítines… pero de los demás. Seamos realistas: a los mítines van los que ya están convencidos de votarme, por lo tanto sería mucho más útil dirigirme al mítin “de la competencia” e intentar convencerles a ellos.
Por supuesto, para ello haría falta tener argumentos y propuestas reales, con los eslóganes y generalidades que tienen PP/PSOE no se convence ni al tato.
En mi opinión los mítines son más bien como una forma de de autoafirmación grupal (sectaria si se quiere), una forma de decir: “Nosotros pensamos esto, somos muchos, estamos en lo cierto y damos la espalda a lo que digáis los demás”.
De las personas que yo he conocido que iban/van a mítines y escuchando sus razones me parece que van a los mítines como si fuesen a una reunión de una asociación de carácter lúdico o recreativo, su círculo de amistades más cercano es la gente de su partido, es para ellos una forma de tener contacto con amigos y con gente afín, es casi como una forma de desconectar de la rutina diaria, ya digo, es como la reunión habitual y programada de una asociación gastronómica, o de un grupo de aficionados al ciclismo, etc.
Es la impresión que he recogido de escuchar a personas que acuden a mítines.
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Pero es que los espectáculos de masas son para los convencidos, siempre. No vas a ver un musical sino te gustan los musicales (o eres masoca o por equivocación). No vas a ver Esta abuela es un peligro si no te gusta. No vas a un mitin de Alianza Nacional si tienes úlcera.
Así que en definitiva sirven para autoafirmarse y darse un abrazo fuerte entre camaradas. Básicamente un baño de ego para unos y el otro.
Planteo: ¿no es acaso lo mismo que los Escépticos en el club? Aclaro que no he tenido la oportunidad de acudir a ninguno. Imagino que parte del auditorio es pillado por sorpresa allí mismo, igual que algunos pillan el mitin en la tele sin darse cuenta. Pero ¿quién va voluntariamente? ¿los magufos?
No, tal y como tenemos planteados los Escépticos, no se pilla a nadie por sorpresa. Por otra parte, ten en cuenta que esto no consiste únicamente en una charla y luego cada uno se va a su casa, sino que se presenta una ponencia de unos 20-30 minutos y luego se discute durante una hora o una hora y media. Vamos, que el grueso de esto es la discusión de después.
Planteo: ¿no es acaso lo mismo que los Escépticos en el club?
No creo que sea lo mismo, ni parecido. En Escépticos en el pub se busca el debate, el intercambio de ideas. A un mitin no se va a discutir de nada, todo el mundo lleva la misma cuerda. En bastantes ocasiones además en Escépticos en el pub nos quejamos de que no haya alguien que represente a la otra parte o postura para que haya un contraste de argumentos.
No creo que nadie vaya a Escépticos en el pub siguiendo la senda marcada por un liderazgo o por un cuadro dirigente, ni con eslóganes prefabricados. Es que es precisamente lo contrario, en Eeep no valen los dogmas, ni las ideas preconcebidas, ni las argumentaciones falaces, etc. En un mitin encuentras falacias, dogmas, ideas preconcebidas, etc, casi en cada frase.
Y desde luego tengo bien claro en mi caso que si no coincido con lo dicho por alguien en Eeep, lo diga quien lo diga, expondré mi argumentación en contra y estoy seguro de que nadie me expulsará del “partido” por ello, nadie dará de baja del “partido” por no estar de acuerdo con la doctrina oficial.
Gracias a los dos por la aclaración. No me refería al formato del acontecimiento, ni siquiera a como se expone el contenido, sino a quién es el que acude.
Por cierto, me encantaría ir alguna vez. Me pilla lejos, una lástima.
Perdonad mi insistencia, pero los mitines, aparte de todo lo que se ha dicho, forman parte de la alienación idiotizante de los espectáculos de masas. Al fin y al cabo, pagas una pasta para ver El Muro de Pink Floid porque te da una satisfacción… o porque vas con tu colla de amigos.
El mítin es gratis y te dan un bocata. El mítin cumple la función de la misa de los domingos o de los rezos cinco veces al día de los musulmanes: idiotizar a la masa, para que sientan la catarsis de que ‘vamos a ganar porque somos los buenos’.
Otra cosa son las tácticas Goebels-lianas de poner un nutrido de tipologías de personas detrás, jugar con las luces y activar avisos cuando enchufan radios y televisiones.
Mira como Blair, en sus primeras elecciones ganadas hizo un trabajo de cirujía electoral yendo casa por casa, persona por persona… y sin casi mítines.
Yo para esto tengo mi norma:
- Si me llaman para participar en una conferencia donde el público no puede hablar: no voy.
- Si me llaman para ver un mitín donde no se hable tampoco voy.
- Si la cuestión es recalcar el mensaje entre gente convencida: no voy.
Los mítines buenos son los que se dan a un público que no te conoce, con el que puedes hablar y con el que puedes intercambiar opiniones y recibir preguntas.
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