Página 191:
Como hemos comprobado en otros apartados del libro, el mecanismo de recurrir a la expresión «según analistas» para presentar con una pátina técnica lo que sólo es una opinión del periódico, es frecuente al tratar la política venezolana. [...] Lo que hace el diario es buscar sólo a los que coinciden con su línea editorial; por supuesto, el diario no opina.
Página 196:
Los medios de comunicación, como han señalado la gran mayoría de los analistas socialmente comprometidos, hace tiempo que sólo son la voz de las grandes empresas que componen su accionariado o sanean sus cuentas de resultados mediante la publicidad.
Entre esos dos párrafos de ahí arriba solamente median cinco páginas del libro. Al menos el segundo párrafo explicita ese de los míos que tan ácida crítica provoca en el primero. Y el uso en el segundo caso puede ser perfectamente legítimo, pero también puede serlo en el primero. En defensa del autor, esto es un libro, no un periódico.
Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo, de Pascual Serrano, es un libro tremendamente útil para todo aquél que quiera conocer los detalles del mundo político que habitualmente no aparecen en los medios de comunicación, pero tengo que referirme a la cita anterior para lanzar una advertencia respecto al contenido: hay que leerlo con cuidado, pues en algunos pasajes adolece precisamente de eso que denuncia. Otro ejemplo más (p. 206, la negrita es mía):
La obligación de pertenecer al Partido Comunista para ser candidato sigue siendo una obsesión en los medios a pesar de su falsedad. La agencia Efe, con motivo de las elecciones de enero de 2008, difundió en un teletipo este fragmento del que se deduce que sólo el Partido Comunista se puede presentar a las elecciones:
«”Yo puedo asegurarle que yo voy a votar por él [se refería a Fidel Castro]“, dijo Lage tras participar en las elecciones, a las que no concurren partidos políticos, todos ilegales en la isla, salvo el Comunista, al que pertenecen la mayoría de los candidatos.
En realidad, del párrafo no se deduce eso (la palabra mayoría implica que hay una parte de los candidatos que se presentan de forma independiente — siendo cierto que el Partido Comunista es el único que hay en la isla). Si para denunciar un tipo de manipulación hay que retorcer las atribuciones, mal ejemplo se está dando.
En todo caso, como decía más arriba, sigue siendo un buen ejemplo de omisiones habituales en prensa, siendo la principal de ellas, y esa es la idea básica que sobrevuela al texto desde el comienzo, la falta de contexto. Una noticia de 800 ó 1000 palabras difícilmente puede proporcionar el contexto que necesita el lector para poder enterarse. Puede darse la situación de que una persona lea el periódico, crea que se está informando y resulte que no tiene más idea de lo que ocurre después de leer el artículo: quizá tenga conocimiento de unos hechos puntuales (un atentado, una guerra, una manifestación), pero no porqué ocurren, qué circunstancias han llevado a que se produzcan esos eventos ni la relación con su propio entorno (como cuando se aprueban leyes que hacen que nos llevemos las manos a la cabeza cuando aquí tenemos algunas parecidas — véase el caso de Irlanda y la blasfemia). Y luego, claro, están las noticias directamente inventadas; véase como ejemplo reciente el caso de Chávez y el terremoto de Haití.
En las noticias todo tiene que contarse y contarse ya, antes de que el espectador se levante al baño o el internauta cambie de pestaña porque se aburre con nuestra página. Esa inmediatez que los medios se creen que necesitan (o, como dijo Enric González, «la industria [de la prensa] ha supuesto que el lector de periódicos es un tipo al que no le gusta leer») hace que todo el espacio necesario para entender los entresijos del asunto se vaya en una columna de un tema completamente aparte o en un anuncio.
Las soluciones a esta situación, aunque al final del libro hay un capítulo con el muy explícito título de Qué hacer, no están claras, al menos para mí. Lo de suscribirse a publicaciones alternativas que dicen cosas que agraden al lector (y darles una colleja cuando se lo merezcan, si se da el caso) no me termina de convencer: que algo me guste no implica necesariamente que sea cierto; que un medio cuente una historia que no sale en ninguna otra parte tampoco es una garantía de absolutamente nada. La única solución es arremangarse e intentar acceder directamente al origen de las noticias. Desgraciadamente, el acceso a las fuentes de información muchas veces es una tarea imposible. No es lo mismo encontrar el último informe acerca de un determinado tema publicado por la Organización Mundial de la Salud que enterarse de lo que ocurre en una remota aldea de Kenia.
A día de hoy, y visto cómo está el panorama periodístico español, lo de salir de casa por las mañanas sabiendo lo que pasa en el mundo, a pesar de esfuerzos como los de este libro, es una tarea imposible.









Prácticamente todo lo que se publica en prensa o sale en los telediarios ahora mismo es anecdótico/incompleto/falso/publicidad (no tache nada, pues todo procede).
Cómo era eso que decía Libertad en la tira de Mafalda…
“Los periódicos no cuentan la mitad de lo que pasa. Si a eso le sumas que la mitad de lo que publican los periódicos es mentira, resulta que los periódicos no existen”
Como el propio Enric dice en la entrevista que enlazas, el problema es que casi nadie tiene tiempo para ir a 20 km de Teherán a ver como está el ambiente. El acceso a las fuentes originales es muy complicado y los periódicos nos dan una información procesada en función de los intereses de sus accionistas. El resultado final es lo que señalan los compañeros de los comentarios #1 y #2.
Un saludo.
Bueno, bueno, tampoco creo que sea para tanto. Es cierto que la mayoría de noticias (aunque no todas) vienen desgajadas del contexto, por el reducido espacio en el que se escriben. Pero el contexto puede ser encontrado por el lector. El problema de hoy no es la ausencia de información sino, probablemente, la sobreabundancia. Lo que sí parece imposible de todo punto es que podamos informarnos de todo el contexto de todas las noticias que se publican, porque no haríamos otra cosa en todo el día.
Saber lo que pasa en el mundo es, quizás, excesivamente genérico para ser cierto. Pero tampoco creo que sea justo decir que vivimos en la más absoluta inopia.
Coincido con MonEsVol. No creo que vivamos en la más absoluta ignorancia respecto a los sucesos que acontecen en España y en el resto del mundo.
Con sus más y sus menos hay secciones o reductos de determinados medios de comunicación que aún son un ejemplo de profundización y contextualización, dentro de los límites permitidos. La sección Internacional de El País, por ejemplo, abre el periódico y cuenta con un buen número de páginas, amén de largas noticias de cinco columnas cuando no son seis y contextualización en despieces informativos. Es un reducto, sí, pero es algo.
Pero no me cabe más que estar de acuerdo con la esencia de este post. La prensa adolece de criterio y de honestidad informativa y tan sólo se preocupa por mantener a flote su negocio y por ganar la carrera de la inmediatez. En ese sentido Internet es un juguete peligroso en sus manos porque permite la actualización directa sin tener que contrastar las fuentes en el largo proceso de trabajo redaccional para la parte impresa.
Sólo interesa el cuándo se da la noticia, no el cómo ni el porqué, y ni siquiera importa realmente el qué. Si no tiene relevancia de cara al público se pasa a otro tema. Y de tema en tema no nos enteramos de nada. Prima el espacio corto, las noticias redactadas para imbéciles con el maldito truco antiguo de la pirámide invertida y el chupapollismo más absoluto (véase Apple, ¿realmente lo del iPad es noticia?). Y entre tanto perdemos los lectores la calidad en la redacción y la información exhaustiva. ¿Cambio? Si no viene de las alturas complicado: un joven redactor recién salido de la facultad o se adapta a los tiempos que corren o no encuentra trabajo. Y probablemente ni adaptándose al periodismo chapucero de hoy.
Siempre hay que leer con cuidado. Yo mismo, después de escribir algo, me leo con cuidado.
En cuanto al ejemplo de manipulación que mencionas, cierto es que se le ve el plumero al autor, pero lo que dice es esencialmente cierto: en Cuba no hay más partido que el comunista, pero al contrario que en nuestras grandes democracias, cualquier particular puede presentarse a título propio sin tener que ser miembro del partido.
Cambiando de tercio, creo que por lo general la mejor manera de informarse es coger dos periódicos habitualmente contrarios, calcular cuánto cojean de qué pies, y después restarlos entre sí. Así al menos puedes hacer una idea de cuánto están mintiendo en la noticia, y qué están diciendo realmente.
Personalmente, creo que ABC, que no pertenece a ninguna corporación, es de los periódicos que, si le descuentas la ideología como digo más arriba, más se acerca en bastantes ocasiones a la noticia real (le restamos el “rojo malo”, el “rey bueno”, y el “Americanos os recibimos con alegría”, y suele quedar una noticia dada por alguien de derechas pero esencialmente basada en hechos reales). El País, especialmente después del último rediseño, se ha convertido en un engendro terrible, porque está vendiendo mierda corporativa por los cuatro costados, pero sigue dándose la pátina de progresista. Público, también si se sabe de qué cojea (nunca le dura una bronca con ZP más de 3 días) está bien porque ha entrado dando las noticias desde un ángulo bastante diferente a los otros periódicos, y hace buen contraste cuando se compara.
pd. si Antena 3 no pudo acertar ni a la tercera con un sitio donde estaban sus reporteros (incluidos los propios reporteros) dentro de la provincia de Madrid, imaginen la fiabilidad que tienen estos medios cuando cuentan cosas del otro lado del mundo.
y luego acudir a la Asamblea Nacional del Poder Popular y votar al Castro de turno. Sin ninguna otra opción.
Es cierto que comprobar la veracidad de cada noticia es imposible, pero se
puede dar una cierta confianza a cada medio de comunicación o periodista en
función de como se hallan comportado en el pasado. Como caso extremo están los programas tipo Cuarto Milenio, dan noticias falsas tan a menudo (¿todos
los capítulos?) que carecen de credibilidad, así que se pueden descartar sus
historias por defecto.
Respecto a las elecciones en Cuba es cierto que los candidatos no tienen que
ser del partido comunista, pero no por eso son democráticas. Los ciudadanos no pueden presentarse libremente como candidatos, deben ser seleccionados por una asamblea y después a los candidatos no se les permite hacer campaña electoral, lo que da una idea de la nula importancia que tienen las elecciones. A través de Google es muy fácil encontrar los detalles de su sistema.
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Esto es la traducción realizada por un periodista chileno (Ernesto Carmona) de un trabajo de la Sonoma University sobre los medios en USA
http://www.argenpress.info/search/label/Proyecto%20Censurado
pues hagan lo que hice yo: dejé la mafia en la que querían hacerme colaboradora, cogí una cámara de video, grabé aquello que quería ser ocultado, y lo subí a internet. Y así llevo haciendo. No se me da bien el periodismo, pero ¿y qué más quieren? ya es mucho lo que hice, y las noticias acaban llegando vía internet. Así que busquen, que hoy día no es tan difícil.