Vaya por delante que mi situación laboral, dentro del mundo investigador, es una anomalía. Lo es porque nunca me oirán quejarme de ella, probablemente porque no tengo motivo, o tengo menos de los que veo a mi alrededor.

Dicho esto, este artículo publicado en el número de hoy de PLoS Biology no describe mal el entorno investigador. Parece que la precariedad no es un mal endémico de este país. Cito los tres primeros párrafos (los que, admito, he leído antes de venir corriendo a poner esto. Pero no creo que el texto se agrie mucho):

It is a summer day in 2009 in Cambridge, England, and K. (39) looks out of his lab window, wondering why he chose the life of a scientist. Yet it had all begun so well! His undergraduate studies in Prague had excited him about biomedical research, and he went on to a PhD at an international laboratory in Heidelberg. There, he had every advantage, technical and intellectual, and his work had gone swimmingly. He had moved to a Wellcome-funded research institute in England in 1999. And although his postdoc grant, as is typical, was for only two years, he won a rare career development award that gave him some independence for four more years. A six-year postdoc was an unusual opportunity, and it allowed him to define his own research field. By 2004, he had published six experimental papers in good journals, and on four of these, he was first author. It was the high point in his career, and when he applied for posts in Cambridge, London, Stanford, and Tubingen, he was short-listed for them all. He chose Cambridge University and a Royal Society Research Fellowship that offered him up to ten years’ salary. This should have brought the peace of mind to plan projects that would take five years, or even longer.

So, what went wrong? It had taken almost a year to prepare, submit, and be awarded his initial research grant (for late 2005–late 2008) from a publicly funded agency in the UK, the Biotechnology and Biological Sciences Research Council (BBSRC). Immediately, he hired a technician and started to train her carefully. During early 2006, he took on a postdoc, Frieda, and a student, and they both settled in well. However, by mid 2007, K. began to worry about his future: although the BBSRC grant had run for less than two years, it was already high time to apply for another. He submitted a new application in October 2007 and, although it was well reviewed and received a high rating, he found out in spring 2008 that it was not funded. As an insurance, he had concocted a different project (you cannot submit to different agencies with the same plans) and sent it to Cancer Research, UK, in February 2008—this application was also excellently reviewed but also turned down in August 2008. Now he was near the end of his initial grant, and his technician, who had a family to support, left to take a more secure job in a nearby research institute—laying waste to all her specialised knowledge that they had both worked so hard to build. Soon, Frieda’s postdoc grant was about to end, so K. applied to several local colleges and trusts to keep her going, but won her only another 6 months’ salary.

Becoming anxious and not sleeping well, he had approached the Wellcome Trust in the autumn of 2008 with a rewritten and updated version of the rejected BBSRC project. But, with her extra 6 months over in April 2009 and no security (she has two small children), Frieda had been concentrating less and less on her work; she reluctantly abandoned her lifelong ambition to be a researcher. She looked for a job in science publishing or in the granting agencies—both of which, ironically, offer better working conditions and much better security of employment than research. That morning, Frieda had been offered a post as assistant editor of a journal, and it was time to organise her leaving party. So, on this summer day in 2009, K. has one student left in his group and has one grant application outstanding. If he gets the grant, the salary dedicated for Frieda could be given to a new postdoc, but that person would have to be trained all over again. Yes, the second half of 2007 and all of 2008 had been a nightmare—14 of these 18 months had been almost entirely devoted to writing grant applications. K. now sees how he has changed from being an enthusiastic scientist into an insecure bureaucrat. He feels he has lost much of his last 3 years and wasted his BBSRC grant, despite doing his very best.

Y así es como el mundo avanza: despacio y mal.

9 comentarios

  1. Luis (#1) dice:

    ¿Y qué te parece esta solución que aparece un poco más abajo?

    “My solution? Everyone should get slotted into a funding category and assessed every five years. If you’re productive, you get five more years of resources. If productivity is down, you are moved down a category. If it is high, you can apply to move up. Starting PIs are in a different category and must apply to get onto the treadmill. The difference: PIs would be judged by overall productivity, not grantsmanship. We can stop wasting our time writing grants, and the system can be more easily calibrated to train a sustainable number of postdocs. It is depressing to train people who will struggle for funding.

    A peer-reviewed, 5-year renewable, productivity-based ‘track’ system with a set amount of money at each level would stabilize funding, encourage innovation and productivity, allow each PI to control how their money is allocated, and permit us to make nationwide decisions about the size of our science enterprise. It also has the merit of simplicity.”—Ross Cagan, Professor of Developmental and Regenerative Biology, Mount Sinai School of Medicine

    A mi me gusta, aunque sólo sea por interés personal: con el impacto de mi investigación hasta ahora, igual podría empezar comodamente en una categoría relativamente alta.

  2. RinzeWind (#2) dice:

    #1: el problema que le veo a ese sistema es la “productividad”. ¿Qué es la productividad? ¿Haber publicado N artículos? ¿Qué pasa si te has dedicado a investigar algo en concreto que no te proporciona resultados, o sólo obtienes resultados negativos? Eso es muy difícil de plantar en ninguna revista.

    En todo caso, lo que se describe aún me pilla lejos. La responsabilidad de pedir becas y proyectos, en mi laboratorio, la tienen los investigadores “senior”. Yo soy un doctorando. Imagino que ya me llegará, y entonces me acordaré de esto.

  3. Felipe (#3) dice:

    En mi caso, la situación es casi de “senior”. No me parece del todo mala la solución que presenta Luis. Habría que matizar, pero 5 años son bastante razonables para poder hacer la evaluación de una trayectoria, y para ver si hay realmente una trayectoria bajo esos papers. Puede haber mala suerte, por su puesto, pero su impacto sería muchísimo menor que con el sistema actual (a propósito, ¿llamamos “sistema” a lo que tenemos en España?).
    A propósito, tiemblo al pensar en las próximas convocatorias de RRHH y de proyectos I+D. Dudo que algunas salgan siquiera.

  4. agente_naranja (#4) dice:

    #3 No quiero asustar, pero dado que me dedico laboralmente al tema de convocatorias de ayudas públicas (lo que se conoce con el eufemismo de “técnico de I+D+i”), el tema me toca un poco de cerca y tengo algunas informaciones oficiosas. Y la cosa está muy chunga, tanto para las entidades públicas como para las privadas. Y si ya le echas un ojo al borrador que circula por ahí de los Presupuestos Generales del Estado… se te cae el alma a los pies.

    Estamos jodidos, ¿no?

  5. lotas (#5) dice:

    Cuando leo las quejas de investigadores y doctorandos me parto la caja. ¿Nadie quiere financiar tu investigación sobre el genoma del alga hermafrodita antártica? Pues castiga al mundo sin tu genio, hombre, ven a la empresa privada donde los sueldos son la ostia, el trabajo ilusionante, las perspectivas de promoción arrebatadoras. ¡Ven a cotizar y a pagar impuestos, coño! :-D

    Cada condenada facultad, cada puñetera universidad o instituto de estudios ridículos publica una o dos revistas. Cada uno de estos editores adquiere puntualmente las publicaciones de todos los demás , desde Wisconsin a Estambul y si es con fondos públicos, mejor. Buena parte de las tésis doctorales sobresaliente cum laude son trabajos tan exquisitos como inútiles del tipo, ¨Contribución a la teoría de que cuando llueve te mojas¨.

    En fin, si la productividad de la investigación se mide por la publicación en revistas especializadas y no por las aplicaciones prácticas y rentables que produce en un plazo determinado, lo llevamos claro. Creo que por eso los papanatas que hablaban de I+D ahora hablan de I+D+I.

  6. Juan Reyero (#6) dice:

    Es un problema serio con mal pronóstico. Será difícil cambiar el sistema porque, desde el punto de vista de las métricas de los burócratas que mandan, funciona. Pese a que lo haga a base de quemar investigadores. Por eso es estupendo que alguien de la talla de Peter Lawrence se meta en este berenjenal, y que los de PLoS Biology se lo publiquen. Por cierto, me consta que Peter quería hacer correr la voz, con la idea de aumentar la visibilidad del problema, y tener una buena discusión en la sección de comentarios del artículo. Hasta ahora no está pasando (sólo hay dos comentarios) o sea que, si tenéis algo que decir, ahora es el momento: no dejéis de dejar comentarios en PLoS Biology.

  7. El laboratorio del Dr. Txap » Arxiu del blog » Ciencia y burocracia (#7) dice:

    [...] Pero apartándonos un poco de lo mal que está la ciencia en España, Rinze mandó anoche un enlace a uno de esos tochos que no dan ganas de leerse a no ser que uno tenga la suerte que su mujer se vaya a dormir aprovechando que el crío por fin duerme y ya esté saturado de ver videos de gatitos. Al final resulta que el mismo Rinze publicó algún extracto ayer, pero es tan bueno que quiero dar cuenta de ello yo también por aquí. [...]

  8. Txapulín (#8) dice:

    #2, medir la productividad por publicaciones (número de ellas pesadas por la importancia) es inevitable. Si alguien lleva años sin publicar porque no obtiene resultados, mejor se dedique a otra cosa, no por su poca contribución a la ciencia, sino por propia salud mental. Eso o el suicidio.

    #5 Parece mentira que salgan trolls hasta para estas cosas, en las que todos deberíamos estar de acuerdo..

  9. Okok (#9) dice:

    Yo trabajo en un centro de investigación. Soy técnico de gestión en un grupo que investiga CVRS en el parque de investigación biomédica de Barcelona. Mi contrato es a través del CIBER de epidemiología y salud pública… Y andamos acojonados por si cierran los CIBER directamente…

Comenta

RSS de los comentarios de este artículo.