No sabía si estaba en mi antigua habitación, o en la antigua habitación de mi hermano, o en la habitación en la que, de forma temporal, y durante varios años, tuvimos el ordenador. Luego conseguí llevármelo a la mía. Ocurre cuando se mudan trastos y cuando el que se muda es uno mismo y quiere encontrar algo que dejó en su sitio hace años: el sitio, inevitablemente, se ha movido, bien físicamente, bien en la memoria.

Tienen estos trastos la capacidad de colocarse en el sitio en el último sitio en el que se buscan, como cualquier otra cosa, salvo que haya alguien que tenga por costumbre no parar de remover cajones después de hallar lo que quiere. Es más bien negro, éste no es. Aquél tampoco. Por ese rincón sólo hay una colección que estuvo de moda durante los dos primeros ejemplares, porque se vendieron juntos, y se terminó por no dejarla inconclusa. Quizá esté en alguna caja que se cambió de casa en una de esas remesas cuyo único propósito es aligerar espacio allí donde se necesita. No, tiene que estar por aquí.

Y al final, no en el último sitio en el que miré, sino en el último en el que podía mirar, estaba. Me saludó con un quejido al abrirlo, de tanto tiempo que llevaba cerrado; dentro de poco se le romperá el pegamento que le sujeta las pastas y se caerán. Con las páginas amarilleando por los bordes, como si alguien hubiese tomado una fotografía en sepia con una vieja cámara Lomo de las originales y las hubiese sustuido. Con el papel quebradizo por los años, como amenazando que la historia que contienen sus páginas se ha desgastado por el uso; quizá sea que los libros, como los vinilos, se terminan rayando a su manera. Y, sin embargo, al abrirlo por un punto al azar, Richard Mayhew estaba en Londres de Arriba tan hastiado como la primera vez.

Un viejo libro de papel recién abierto es la magdalena de aquel tío infumable impregnada en años de polvo acumulado en la estantería por la desidia del plumero. Nos acordamos de cuándo nos lo leímos, de qué música escuchábamos mientras tanto, pero también de por qué hay páginas que están dobladas, del día en el que se nos cayó al abrir el portal de casa y se arrugaron las tapas, de la vez que estábamos bebiendo y cayó una mancha infame en la mitad del segundo acto. Y sabemos dónde están las firmas, y de aquella vez que nos lo llevamos a un viaje y no hubo tiempo ni ganas de ponerle la mano encima y salió de la maleta en un estado lamentable.

Alguien sacará un lector de libros electrónicos que vaya perdiendo brillo con los años, que baraje los títulos y los haga ilocalizables, que olvide páginas de forma aleatoria, que abra los archivos por un punto al azar e intentará convencernos, sin haber conseguido programar un módulo de préstamo decente que volatilice uno de cada dos libros que le dejamos a los colegas, no sólo de que son características que pedía el público, sino de que harán que la experiencia electrónica sea más parecida al viejo libro de toda la vida. Y yo, desde aquí y desde ahora, les voy enseñando el dedo, mientras me imagino la cara del afortunado poseedor de un Kindle la primera vez que le eche un café por encima.

33 comentarios

  1. David (#1) dice:

    Al igual que pasa con el correo electrónico -es más cómodo, pero no tiene el encanto del papel escrito a mano- leer en una pantalla no se acerca para nada a tener el canto de una página en la yema del dedo, preparada para ser pasada sin interrumpir la lectura… Esa pequeña espera entre página y página que se puede hacer larguísima…

    Buen artículo, a mi al menos me ha encantado.

  2. Ian Fleming (#2) dice:

    Faliente teleco que estás hecho

  3. Psicopanadero (#3) dice:

    Encantos caducos. Los libros viejos huelen a rancio y el tacto al pasar sus hojas es áspero y desagradable. Los masturbadores del siglo XXI han borrado de su mente a Laetitia Casta para sustituirla por un cliché pasado. Pero los amaneceres han muerto con la llegada del insomnio.

  4. Álvarez del Vayo (#4) dice:

    Tecnófilo como soy siempre he encontrado un encanto insustituible en el papel impreso. Y en su olor. Seré fetichista objetual y no lo sabía…

  5. SuperSantiEgo (#5) dice:

    Na, ni siquiera hay que esperar entre página y página. Yo cuando estoy por la tercera línea desde abajo le doy al botón de pasar página y estoy sincronizado que lo flipas.

  6. lotas (#6) dice:

    Pues qué puedo deciros, a mi me jode hojear los mortadelos de la infancia y comprobar que no son como los recordaba, el color se apaga, el papel amarillea, huelen a polvo de años en el tratero.

    En cambio, los juegos de ordenador de aquella época, los que cargaba en cinta, tienen sus pixels relucientes, las musiquillas como el primer día. Cargas La Abadía del Crimen y te encuentras a los monjes, cada uno en su sitio, como si no hubiera pasado el tiempo. Y en lugar intentar recordar, es como pasear un rato por tus años mozos.

    Cuando los ebooks empiecen a parecer un libro con páginas y no un telesketch pocos querrán recordar el papel.

  7. Ignacio (#7) dice:

    Neverwhere, que gran libro para un adolescente (y entretenido para un adulto).

    Puede encontrarse algo similar en los formatos electrónicos. ¿Gifs animados? Eso es tan años 90, tan Compuserve. Textos en formato plucker, que leía en mi Handspring Visor cuando iba a trabajar en el 99. Páginas web con frames, applets java que crean efectos de reflejo, el tag , una copia de Mosaic.

    Y en los aparatos que usamos también podemos encontrar pequeños recuerdos. ¿Qué sentiste la última vez que tocaste el teclado de goma de un Spectrum 48K? ¿O cuando viste los restos de mermelada entre las teclas A, S, D, F? ¿A qué olía el interior de ese IBM PS/2 50?

    A mi me hacen pensar en mis primeros pinitos haciendo aventuras en modo texto, en las que nos repartíamos el teclado entre tres jugadores para jugar al gauntlet, en mis primeras incursiones en Ibertex y en Edison BBS a través del modem de 1200bps del IBM. En la bofetada tras recibir la primera factura de Telefónica.

    Pero un libro siempre será un libro. A ver si al final quedaremos etiquetados como la “generación celulosa”.

  8. SuperSantiEgo (#8) dice:

    La Generación Bradbury, para hacer un homenaje al señor.

  9. Camarada Bakunin (#9) dice:

    #8: Me quedo con Generación Bradbury…

  10. PonC (#10) dice:

    Yo (nosotros) no soy capaz de renunciar a los libros en formato libro, el tacto, el peso, el olor a viejo… o a nuevo, son sensaciones a las que no voy a renunciar, pero esto es así porque hemos (he) crecido con libros y así es como aprendimos. En dos o tres generaciones los chavales aprenderán a leer en libros electrónicos, y no tendrán ningún apego por los viejos libros que entonces comenzarán a desaparecer. Lo importante de un libro es su contenido, y es lógico y normal que un continente mas óptimo ocupe su lugar, dejando esas antiguallas en papel para los carcas que seremos.

  11. esperma (#11) dice:

    +1 a lotas

    Yo tengo un lector de sony, y no me vuelvo atrás. De cuando en cuando me cojo un libro al estilo tradicional, pero para ir al viaje, al baño, etc, y tener ahí una selección de libros donde elegir, no tiene precio. O sí, un poco carito, pero todo se andará.

  12. esperma (#12) dice:

    para ir DE viaje

    Coño.

  13. Suso (#13) dice:

    Uno más que se suma a la opinión de lotas y esperma ;)

    Todo el mundo tiene derecho al fetichismo, y esto vale para los libros en papel o los discos de vinilo. Pero está claro que para los que no somos fetichistas del papel, el libro electrónico es un avance increíble. ¡Yo no lo cambio por nada! :)

  14. yoyo (#14) dice:

    Bradbury se terminó volviendo algo idiota y Crónicas marcianas una sarta de sardeces.
    Y si tengo que si leo en libro,e-libro,blogs o prospectos me quedo con todo.

  15. Morvran (#15) dice:

    A mi me gusta leer. A mi me importa el contenido de los libros, su esencia, lo que se quiso transmitir.
    Si el libro fuese suficientemente antiguo, tal vez algún autor haya pensado que su obra ha perdido parte del encanto al pasar de aquellos folios escritos a mano a esos otros tipografiados. Si el libro es suficientemente moderno probablemente el primero en hojearlo sobre papel haya sido el editor: ha sido escrito en un ordenador; el autor ha visto el eco de sus pensamientos por primera vez sobre una pantalla. Y eso no le ha impedido seguir escribiendo.
    A mi me gusta leer; los libros me agradan y los respeto. Pero no se me ocurre ponerlos por encima de su contenido.
    Por cierto, ‘En busca del tiempo perdido’ lo leí en una edición de calidad dudosa en cuanto al material físico. ¿Infumable? tal vez ese papel resultase tóxico llegado el caso. Pero respecto al contenido (LO importante) no puedo menos que estar en desacuerdo.

  16. Iñaki (#16) dice:

    ¡Y además son buenos para luchar contra el cambio climático! Son un aislante excelente, y una habitación con las estanterías llenas de libros significa menos gasto energético en calefacción en invierno.

    No, va, en serio. Sois unos nostálgicos. Y tú más, Rinze. Pero qué podemos esperar, si usas la versión 2.0.11 de PalabraPress, y porque no hay versión en papel, que si no… ;-)

  17. asceta (#17) dice:

    aaa el viejo romanticismo por el soporte papel; lo curioso es que a mí sólo me parece costumbre/condicionamiento.

    si realmente todos nos hubiéramos educado con un Libro electrónico, otro gallo romántico cantaría.

    Pero al final siempre queda la eterna duda:

    ¿qué es más importante, el soporte del libro o lo que “soporta”?

  18. maduixa (#18) dice:

    Pues yo estoy con Rinze, a mí me encanta leer en papel, abrir un viejo libro y olisquear sus páginas con aroma a viejo, verlas amarillear…me parecen pequeños placeres que contribuyen a hacer más único el momento de la lectura. Por supuesto, si un libro es malo, lo será independientemente del formato, pero si me encuentro con un libro bueno, yo personalmente lo disfrutaré más si está en soporte papel… (lo sé, soy una nostálgica)

  19. mongole (#19) dice:

    Las bibliotecas personales solo son monumentos al ego de sus dueños, un libro en un estante es como un piso vacio, no sirve de nada, solo ocupa espacio, un libro cerrado en un estante es un libro muerto. Hace tiempo que regale todos mis libros (solo me quede con homero, nietzsche y mortadelo) y ahora cuando compro un libro y lo acabo se lo regalo a alguien.
    El fetichismo me lo reservo para las medias de malla, las botas de tacon, los senos turgentes con farlopa encima y estas cosas propias de gente de mediana edad como yo.
    Viva el kindle & compañy.

  20. krollspell (#20) dice:

    Ventajas objetivas de los maquinillos estos, más allá de fetichismos.
    - Umberto Eco de bolsillo, con las lumbares intactas (o Neal Stephenson, para el caso, que ahí tengo esperando Anathem).
    - Llevar encima la bibliografía de César Vidal completa.
    - El diccionario, para cuando se te atasca esa palabra.
    - El Marca (cuando se pueda).
    - Y el Penthouse (cuando se pueda).
    - No sufrir cuando tienes 58 tacos (no es el caso, ojo) y la vista ya cansada. Aumentas la fuente, y listo.
    - Lea usted ese libro del siglo XVIII y que, por supuesto, es imposible de encontrar en papelillo.
    ¿Quién da más?

  21. Daniel (#21) dice:

    En cuanto a todos esos recuerdos que te evoca un libro, espero que sean más por lo que llevan dentro y lo que te hicieron experimentar que por si le cayó una raja de chorizo dentro. A fin de cuentas, igual de evocadora puede ser la señal que hiciste en la mesa al dar en ella con los piños o cosas así y no se te ocurre elevar a la mesa a los altares.

    Para mí, poder llevar una biblioteca encima y poder leer en cualquier momento sin tener que preocuparme de llevar el libro de acá para allá me parece un adelanto tremendo: yo leo en el móvil, va siempre conmigo en el bolsillo, y gracias a esa inmediatez he conseguido sacar ratos para leer cosas que tenía pendientes desde hacía demasiado tiempo, como por ejemplo el Quijote, y creo que no perdió nada de su ingenio pese al salto tecnológico. ;)

  22. Lord E. (#22) dice:

    Y los tebeos.
    Los tebeos ni ce coña.

  23. Iñaki (#23) dice:

    @Daniel: ¿¿Has leído el Quijote en el móvil?? La hostia, tú tienes las pelotas como el Guggenheim, colega. No me quito el sombrero porque no llevo, y el de la óptica no se frota las manos porque no lee este blog…

  24. RinzeWind (#24) dice:

    No pretendo negar (¡ni se me ocurriría!) que el libro electrónico tiene una cantidad de ventajas que no tiene el libro viejo en papel. Lo que quiero decir es que el trasto en formato de árbol muerto tiene la capacidad de evocar unos recuerdos que no tiene el Papyrus. Y esto lo digo hasta que me compre un lector de libros electrónico, luego ya veré, pero no creo que cambie de idea.

  25. Lovaina (#25) dice:

    Me saludó con un quejido al abrir¿le?

  26. RinzeWind (#26) dice:

    #25: d’oh! Gracias.

  27. Dirk Angry (#27) dice:

    Pues me está costando Neverwhere eh… la primera vez que lo empecé lo dejé a medias, no me acuerdo por qué, y lo volví a empezar hace poco, pero cuando llevaba un cuarto leido me trajeron american gods, que llevaba muchos meses queriendo leer, y lo dejé para devorar el nuevo (¡¡qué jrande!!). Anansi Boys también lo devoré igual… ¿soy yo o Neverwhere es lo más aburrido de Gaiman?

  28. SuperSantiEgo (#28) dice:

    El libro en papel jamás morirá mientras haya japoneses cachondos capaces de hacer esto:

    http://larealidadestupefaciente.blogspot.com/2009/07/definitivo-el-libro-en-papel-nunca.html

    ¡Eso sí que es alta tecnología!

  29. Sota (#29) dice:

    Yo sólo digo que los papiros egípcios de hace 4000 años se siguen pudiendo leer tan ricamente, mientras que discos de datos de hace una década son inútiles porque ya no existe ni el software ni el hardware necesario para poderlos leer…

    Y que para leer sobre papel me basta con una candela de aceite, y no necesito ir buscando un enchufe para recargar el trasto cada x tiempo.

  30. SuperSantiEgo (#30) dice:

    ¿Sabes leer egipcio antiguo? Jo, qué tío.

  31. Sota (#31) dice:

    He dicho que “se pueden” (perdón, que “se siguen pudiendo”) leer. No que yo sepa hacerlo. Pero quien sepa, puede hacerlo.

  32. Daniel (#32) dice:

    #31: Como en todo, hay un término medio entre durabilidad (que no era lo que se discutía) y practicidad. A efectos de durabilidad, creo que lo mejor es usar tablillas de titanio y grabar en ellas, bien hondo, las letras, o si me apuras taladrándolas. Ahora bien, no veo yo una novela de Dostoyevski en ese formato, como mucho poesías sueltas…

  33. Castillo (#33) dice:

    Yo cada vez que veo estás cosas pienso lo mismo… “Desde luego, esta basura moderna, donde están las iluminaciones a mano, la cuidada caligrafía, ¡maldito Guttemberg!”. Vamos, que en general me parece una chorrada de discusión, es lo que viene, habrá quien se mueva con sus tiempos, habrá quien se quede atrás y serán el equivalente a los que hoy en día se compran incunables (¡qué palabra! siempre me hace pensar en mortadelo y filemón). Yo personalmente, tengo un reader de sony y, por el momento, lo uso poco. Ya que, por mucho que me esfuerzo, mi estantería de por leer sigue por encima de los 50 libros. Pero hay cosas para las que es incomparable y disfruto mucho de la “lectura híbrida”, en casa: papel; “on the road”: ebook. Y en el fondo estoy deseando que triunfe del todo el libro electrónico cuanto antes, así mi biblioteca personal impresionará todavía más :P

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