Mucho se ha escrito acerca del papel que Twitter está teniendo en la actual situación política de Irán. No voy a escribir sobre ello porque ya lo han hecho, mejor o peor, en muchos otros sitios.
Y, sin embargo…

Ya lo dijo el otro día Íñigo Sáenz de Ugarte:
Guau. Cambiar la historia, nada menos, a golpe de 140 caracteres. Y en un “ancient Islamic country”. Del arado con bueyes a las redes sociales.
Más carnaza para la ‘revolución Twitter’, un fenómeno fascinante pero que ha vuelto a atraer un exceso de ruido. No hay que ser un genio para saber que más tarde o más temprano iba a atraer la atención de los censores, de los que hay de sobra en Irán.
Si recordamos la tantas veces citada y quizá apócrifa frase de Stalin (¿cuántos ejércitos tiene el Papa?), también podríamos aplicarla al caso actual. Con la chulería desvergonzada que le caracteriza, Ahmadineyad podría preguntar: ¿cuántos ejércitos hay en Twitter?
En realidad, los manifestantes están en la calle, no en las redes sociales.









Ya verás como os lea el guruloyas en jefe (aka Quique Dans) os va a capar por blasfemos.
Pero es verdad que ha marcado una nueva era: la era en que las dictaduras sanguinarias tienen que firmar acuerdos que beneficien a empresas de comunicación por internet para que se autocensuren. Si eres listo y pagas, como China, puedes hacer lo que quieras sin que se filtre al exterior. Si eres tonto y tacaño, como Iran, veras tus vergüenzas diseminadas cual screener de Lobezno: Orígenes.