Los trenes que llegan a Londres son como barcos que navegan sobre los tejados. Pasan entre las torres sobresaliendo en el cielo como bestias marinas de largo cuello y los grandes cilindros de gas se revuelcan en la espuma sucia cual ballenas. En las profundidades, hay filas de tiendas pequeñas y franquicias de dudosa legalidad, cafés con la pintura de sus fachadas desconchadas y negocios insertados entre los arcos sobre los que pasan los trenes. Los colores y las curvas de los grafitis marcan cada pared. Las ventanas de los pisos superiores están tan próximas que los pasajeros pueden intuir el interior de las pequeñas oficinas insulsas y de los almacenes; pueden imaginarse los contornos de los calendarios de negocios y las pin-ups de las paredes.
Los ritmos de Londres se tocan ahí fuera, en la zona de pisos desperdigada entre los alrededores y el centro.
Las calles se ensanchan gradualmente y los nombres de las tiendas y los cafés se vuelven más familiares. Las carreteras principales son más salubres, el tráfico más denso y la ciudad se eleva para acoger las vías.
Al final de un día de octubre, un tren recorría su trayecto hacia King’s Cross…
Así empieza el primer capítulo de la versión en castellano de El rey rata, de China Miéville, que le voy a regalar a mi hermano hoy por su cumpleaños; si consigo que se enganche a este autor será un triunfo. Si nadie ha leído aún ningún libro suyo, creo que éste proporciona un primer contacto bastante amigable: aunque retiene el estilo de Miéville, a muchos les recordará seguramente a Neil Gaiman, pero menos dulzón. Y luego ya, si gusta, se puede lanzar uno a por cosas más fuertes.



Otro para la feria del libro…
Yo ya me considero curtido en Miéville (por el MVE, pero si me he leído el infumable Un Lun Dun), pero El Rey Rata aún lo tengo en la lista de pendientes. Me lo compré hace un par de semanas, así que seguramente caiga en cuanto termine de repasar un par de cosillas de Sir Pratchett.
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Estoy de acuerdo en que China Miéville merece un montón la pena. El problema es que “La estación de la Calle Perdido” es imposible de encontrar en español (o al menos, yo no he sido capaz; si alguien lo encuentra, que avise, por favor, que lo quiero para regalar).
Y yo también confieso que “El Rey Rata” aún sigue en The Pile
#2: “Un Lun Dun” me lo compré con bastantes reticencias. Eso de “novela juvenil” como que no me acababa de llamar la atención. Lo tengo aún en la estantería, sin tocar, pero lo mismo me da por leerlo en breve. ¿Tan horrible es?
#4: “La estación de la Calle Perdido” llegó a estar editado en castellano, no sé si en la serie Nova (tengo mala memoria para las editoriales). De todas formas, el mercado de segunda mano siempre es una opción. Suerte con ello.
Apuntado a la lista de libros pendientes ;)
#5 No, si tengo un ejemplar. Salió en la colección Puzzle de La Factoría de Ideas. El problema es encontrar otro para regalar. Y sí, seguramente acabaré buscando en tiendas de segunda mano. Por cierto que en enlace que me pasas pinta muy bien, ¡¡¡gracias!!!
La estación de la Calle Perdido ha salido en bolsillo, editado por Puzzle. Yo es la única forma en la que lo he conseguido, después de prestar y no recuperar mi ejemplar de la Factoría de Ideas.
Pues yo me he leído hace poco La estación de la calle Perdido y flipé en colores. Es una novela dura de narices, pero de tan sucia que es, me encanta. Así que supongo que El Rey Rata me gustará también :D