Creo que he contado esta historia otras veces. Cuando me compré 1984, mi casa estaba en obras. No recuerdo exactamente qué tipo de reparaciones estaban llevando a cabo mis padres, pero sé que mi habitación, o lo que antes era mi habitación, al menos, pues luego me mudé a una más grande y le dejé esa a mi hermano, tenía únicamente un somier pelado en el suelo, y encima un colchón viejo, sin funda ni nada. Pocos días antes me había comprado The Wall, de Pink Floyd. Allí, entre las paredes desconchadas de la habitación, tirado en el colchón roído y escuchando la magna obra de Roger Waters fue como me leí las desventuras de Winston Smith. Quizá fue la mejor forma de leer ese libro.

Ayer, ojeando la sección de literatura del Guardian, llegué a este precioso artículo de Robert McCrum, que narra los últimos días de Orwell, cayendo tremendamente enfermo mientras intentaba terminar él solo el primer manuscrito de 1984; se entregó a finales de 1948 y se publicó en enero de 1949; celebramos, pues el 60 aniversario de esta obra. The masterpiece that killed George Orwell:

In May 1946 Orwell, still picking up the shattered pieces of his life, took the train for the long and arduous journey to Jura. He told his friend Arthur Koestler that it was “almost like stocking up ship for an arctic voyage”.

It was a risky move; Orwell was not in good health. The winter of 1946-47 was one of the coldest of the century. Postwar Britain was bleaker even than wartime, and he had always suffered from a bad chest. At least, cut off from the irritations of literary London, he was free to grapple unencumbered with the new novel. “Smothered under journalism,” as he put it, he told one friend, “I have become more and more like a sucked orange.”

Tanto si lo han leído como si no, aquí hay una adaptación para radio emitida en la NBC el 27 de agosto de 1949 que me trae a la memoria pasajes enteros del texto original.

4 comentarios

  1. SuperSantiEgo (#1) dice:

    Hombre, queda muy romántico visto así, pero lo que se dice morir, de tuberculosis como tanta gente en aquellos tiempos. Miguel Hernández, por ejemplo.

  2. Laertes (#2) dice:

    “The Wall” tiene guitarras eléctricas, ¿eh?

  3. DRB (#3) dice:

    Yo leí ese libro mientras conocía a un grupo llamado Uriah Heep. Y lo mezclé con acordes de Scorpions. No creo que sea para tanto, pero me lo pasé muy bien, “Winds of change” sonó cuando los detuvieron… fue épico, o algo así.

    “Rebelión en la granja”, no obstante, me pareció mucho más ilustrativo. Tengo una amiga comunista perdida, que habla del comunismo como utopía y cosas así, y dice que no quiere leer ese libro. Siempre he creído que lo que no la gusta es ver al comunismo como lo que fue y no como lo que Marx pensó de sus ideas.

    Siento el rollo… Pero Orwell es mucho Orwell. Este verano me pongo con “homenaje a cataluña”, que lo tengo en pdf.

    Un saludo!!!

  4. eulez (#4) dice:

    Excelente. Magnífico. Paredes en mal estado, un colchón de mierda, Waters llorando por la muerte de su padre en la IIGM y 1984. Tío, eso marca carácter. Así has salido.

    Por cierto que en el final de Amused to Death, el mejor disco en solitario de Waters, hay un referencia a 1984 cuando el veterano que está hablando comenta la historia del compañero de dejó en el campo de batalla.

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