Hace ya muchos años que no voy a la Feria del Libro de Madrid. Lo hice durante un par de años (o quizá fueran tres) justo antes de empezar la universidad; lo dejé cuando el evento se solapaba con los exámenes de junio, aunque algún año me habría dado igual no ir a según qué examen y pasarme la tarde paseando entre las casetas del Retiro. Al terminar la carrera tampoco volví: en algún punto del camino me había dado cuenta de que, en gran medida, lo que se exponía en la feria no me interesaba lo suficiente, más allá del descuento que podía conseguir en alguna librería del centro. Que para darse un garbeo por el parque siempre habrá días más vacíos.
En todo caso, a lo que iba. Dice Vargas Llosa:
En una entrevista publicada en el diario El Tiempo de Colombia, el autor de ‘La fiesta del Chivo’ declaró que “la gran amenaza son las máquinas que puedan acabar con el libro. No sabemos qué va a pasar con ese desafío para la literatura que es la pantalla”.
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El escritor explica que “no es que esté en contra de la Red” pero cree que “si la literatura se hace solo para las pantallas se empobrecerá, porque la pantalla hace que pierda profundidad y riesgo”.
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Para Vargas Llosa, “la tecnología imprime a la literatura una cierta superficialidad. En la pantalla se escribe informalmente, no infunde respeto.” El papel, en cambio, “infunde un respeto casi religioso al escritor. Uno se queda pasmado de la indigencia gramatical de los textos hechos para internet”, dijo.
Si el libro tiene que morir, muera. Yo no echo de menos el telégrafo; no creo que nadie de los presentes lo haga, seguramente porque muchos de nosotros jamás hemos tenido que hacer uso de esa tecnología[1]. Estamos acostumbrados, al teléfono, pero más al móvil que al fijo, y más de uno utilizará mucho más algún sistema de voz a través de internet. Para lo mismo con los periódicos: raro es el día que yo compro uno en papel, ¿para qué, si en la pantalla del ordenador tengo todos y puedo leer dos versiones de la misma noticia para caer en la perfecta esquizofrenia? En ningún caso una tecnología que ha mejorado a un sistema anterior ha supuesto una amenaza como tal, salvo para aquellos que tienen las posaderas pegadas a una poltrona construida sobre la anterior en plena obsolescencia. Pero no tiene sentido, más allá del berrinche, abrazar la mula y predicar contra el caballo de hierro.
De igual forma, generalizar la “indigencia gramatical de los textos hechos para internet” es como “alabar la perfección de los textos hechos para ser editados en papel”: una generalización. En internet, como en el papel, hay gente que es capaz de estructurar un texto, dar forma a los párrafos, hilar ideas de principio a fin y, además, hacerlo con facilidad y un estilo legible. También en el papel, como en internet, hay gente que no es capaz de dar pie con bola, de hacer bailar las comas, los acentos, el énfasis necesario para el tema que se está tratando y la cabeza del lector, que no puede sino cerrar su tomo y abandonarse rendido a los brazos de Morfeo. La afirmación tiene parte de razón desde el momento en el que cualquiera puede abrirse un blog y empezar a escribir en un par de minutos, pero para tener un libro en papel, hasta hace bien poco, había que saber escribir o al menos tener la capacidad de firmar un cheque. Ahora, con la autoedición, eso está dejando de ser cierto: cada vez más, cualquiera puede tener un libro con su nombre escrito en la portada.
Internet y autoedición son, por tanto, dos sistemas que permiten que cualquier persona, independientemente de sus cualidades como escribano, termine un texto y lo ponga a disposición del público, sin ningún filtro previo que establezca sobre qué puede escribir, con qué extensión tiene que hacerlo ni con qué punto de vista; que permiten que la selección comercial de temas no funcione. Ahora les recuerdo que la Feria del Libro de Madrid está organizada por la Asociación de Empresarios de Comercio de Libro de Madrid y los Distribuidores de Libros de Madrid. ¿Adivinan qué dos puntos pueden encontrarse en el artículo 6 del reglamento, que establece quién no puede tener representación en las casetas?
(ii) Los editores que se dediquen principalmente a la autoedición de libros.
(iv) Los libreros, editores, distribuidores y servicios de publicaciones de organismos oficiales e instituciones públicas que se dediquen principalmente a la venta, edición y distribución, respectivamente, de libros electrónicos o de libros que se publiquen por Internet o mediante cualquier otro soporte distinto de la tradicional edición impresa.
Veo el mismo camino que las discográficas: después de años de no querer, no poder o no saber adaptarse a una nueva tecnología y a uno nuevos modelos de edición y distribución, los editores y libreros se van a encontrar con que la gente se ha hecho sus propios apaños al margen del negocio, y luego llegarán los llantos, el rechinar de dientes y las acusaciones de piratería. Y nadie podrá decir que no se avisó. Y lo digo yo, que estoy dispuesto a pagar más por tener la misma versión de algo en papel por el mero hecho de que me gusta el tacto y el olor del libro clásico; pero jamás se me ocurriría decir que es mejor éste que la copia digital, como Vargas Llosa.
(Gracias a Versvs por ponerme sobre aviso al respecto de este asunto.)
[1] En realidad, una vez recogí un telegrama que un amigo envió a mi padre como broma. Me sentí hasta raro yendo a la oficina de Correos con la notificación.