If we have learned one thing from the history of invention and discovery, it is that in the long run, and often in the short run, the most daring prophecies seem laughably conservative

Planeta extrasolar - imagen de la NASALo escribió Arthur C. Clarke en su obra de 1957 The Exploration of Space. Dijo en varias ocasiones que le gustaría ver pruebas directas de la existencia de vida extraterrestre antes de morir. No pudo ser, pero seguimos buscando. Para empezar, intentamos encontrar planetas que puedan contener vida en ellos. Sólo el inicio de esta tarea ya tiene mucha historia que contar.

A día de hoy, no sólo estamos acostumbrados a leer en la sección de ciencia de los periódicos (de los que la tienen, otros hacen huecos allí donde más o menos pueda pegar) noticias que anuncian el descubrimiento de un nuevo planeta orbitando alrededor de una estrella lejana, sino que, a estas alturas del siglo, también nos llegan datos que indican el tamaño del nuevo planeta descubierto: qué tamaño tiene, cómo de cerca orbita a su estrella, si la vida, tal y como la conocemos, sería factible dentro de su atmósfera, si es que la tiene.

Hace solamente 13 años que una pareja de astrónomos suizos, Michel Mayor y Didier Quelo, descubrieron desde el Observatorio de Ginebra el primer planeta extrasolar. Lo hicieron observando la influencia gravitatoria que ese pequeño (comparativamente) pedazo de materia tenía sobre su estrella. Aquel planeta hoy se llama, coloquialmente, Belerofonte; no en vano orbita a 51 Pegasi. No es un lugar en absoluto apto para la vida, con una masa de 0.6 veces la de Júpiter y una temperatura estimada en su superficie de unos 1300 grados centígrados.

La técnica empleada para su detección la habían ideado, en la década de los 70, unos astrónomos canadienses: Bruce Campbell (no, no ese Bruce Campbell) y Gordon Walker estuvieron pensando en ello un tiempo, hasta que en 1982 construyeron un espectrómetro interestelar y empezaron a vigilar veintitrés estrellas, con la mala suerte de que ninguna de ellas era lo suficientemente estable como para realizar mediciones fiables; sólo tuvieron un nivel de certeza aceptable en el caso de Gamma Cephei, pero esperaron a que sus datos fuesen concluyentes. Los suizos se les adelantaron en el anuncio; luego resultó que los canadienses tenían razón: allí había un planeta.

Desde aquel momento se han detectado ya 344 planetas fuera de nuestro sistema solar, empleando diversas técnicas. Por el momento, la mayoría de los que se encuentran son enormes moles que orbitan muy cerca de su estrella principal. Hará falta que se lancen al espacio instrumentos más precisos si queremos detectar elementos más pequeños y más alejados de su sol. La misión Kepler va a mirar qué encuentra dentro de una hipotética zona habitable. La vida, de momento, es esquiva, y la Tierra no es el puticlub de la galaxia. La revista Skeptical Inquirer dedicó su último número a los supuestos visitantes, si quieren leer más datos al respecto.

El lunes terminó una serie que Astrobiology Magazine le está dedicando la última conferencia de la NASA sobre astrobiología. La serie consta de siete entregas (1, 2, 3, 4, 5, 6, 7) y cubre un amplio campo, respondiendo a no todas, pero sí a muchas preguntas que cualquier persona puede tener sobre este campo. Si les ha gustado lo que han leído aquí hoy, ahí tienen un puñado de enlaces para seguir pasando el día.

2 comentarios

  1. Camarada Bakunin (#1) dice:

    Me encantan estas entradas de astronomía y lo de buscar a los vecinos. Por eso me da lástima que si hay otras formas de vida ahí fuera, estén demasiado a tomar por culo como para saludarnos alguna vez…

  2. Darío (#2) dice:

    Para entretenerse toda la semana, dirás.

    Gracias por los enlaces y el trabajo.

    Saludos.

Comenta

RSS de los comentarios de este artículo.