Cultura perdida, cultura huérfana

Me llega, gracias a los elementos compartidos de Chuso en Google Reader, un enlace a este artículo de menéame, cultura perdida, que lleva a un extracto del libro The Public Domain (descarga del libro en PDF) que dice lo siguiente (pego la traducción realizada en el décimo primer comentario:

Ve al catálogo de la Biblioteca del Congreso. Esta es una impresionante recopilación de material, no solo libros y periódicos, sino imágenes, películas y música. La amplia mayoría de este material, quizás alrededor del 95% de los libros, no está disponible comercialmente. Este proceso de “desaparición” sucede relativamente rápido. Se estima que apenas 28 años después de la publicación, el 85% de las obras no se comercializan. (Sabemos que cuando se ha solicitado la renovación de copyright en EEUU tras 28 años, alrededor del 85% de todos los poseedores de copyright no se molestó en renovarlo. Razonable guía, aunque un tanto rudimentaria, para la viabilidad comercial).

Pero como el copyright se extiende tanto en la actualidad, en muchos casos sobrepasando ampliamente el siglo, la mayoría de la cultura del siglo XX aún está sujeta a copyright – con copyright pero no disponible. En otras palabras, se trata de una gran cantidad de cultura perdida. Nadie está reeditando los libros, proyectando las películas o reproduciendo las canciones. Nadie tiene permiso para hacerlo.

El concepto de obras huérfanas está ampliamente explicado en los trabajos de Lawrence Lessig. Por ejemplo:

For almost a decade now, many of us have been pushing for copyright reform that would address the problems of orphan works. That was a key motivation behind the attack on the Sonny Bono Copyright Term Extension Act. It was the focus of my op-ed in the NY Times after we lost in that attack. That op-ed proposed one system for dealing with orphan works — register your copyright after 50 years and pay $1; if you don’t the work passes into the public domain.

Lessig perdió aquella batalla, y fue una pérdida que todavía seguiremos sufriendo. Mickey y nosotros, entre otros. A raíz de aquello, Lessig se centró en acabar con la corrupción en Washington (suerte, Larry, y dos huevos duros), pero no es esta la batallita que yo venía a contarles hoy.

Hace ya algún tiempo, me terminé de leer, con algo de esfuerzo por mi parte, pues el texto era ciertamente árido en algunos pasajes, Los orígenes del pensamiento reaccionario español, que explica, entre otras cosas, que a esta señora no le chirríe su razonamiento, si lo hubiera. Como el libro me gustó y yo lo había conseguido de segunda mano, porque comprarlo original parecía tarea imposible, envié un par de e-mails a la editorial, por si había suerte intentando conseguir una edición nueva por ahí. Quitando presentaciones, saludos y milongas varias, mi primer mensaje venía a decir:

Hace un tiempo adquirí en el mercado de segunda mano el libro “Los orígenes del pensamiento reaccionario español”, de Javier Herrero, 1971. Como parece ser que su editorial fue la responsable de esta edición, quería preguntarles si es posible adquirir a día de hoy, en papel o en versión digital, una copia de este libro.

A los pocos días llegó la respuesta:

Lamentamos informarle que el libro que está buscando fue descatalogado hace años y no disponemos de copia en formato digital.

Siguiente movimiento:

Gracias por tu respuesta. ¿Se está planteando la editorial reeditarlo en algún momento?

El alfil desprotege al rey…

Lamentamos comunicarle que no.

Intento el jaque, con tirada a la piscina incluida:

¿Existiría entonces algún problema por parte de la editorial si lo digitalizo y lo distribuyo sin ánimo de lucro?

Llegados a este punto, estamos en el primer caso (aparentemente): la editorial que producía estos libros ya no lo hace más, por el motivo que sea. No hay nadie más que lo esté haciendo, así que este trabajo, a día de hoy, es de muy difícil acceso. De ahí a un trabajo huérfano distan tres movimientos.

Uno.

Nosotros ya no tenemos los derechos. Se tendría que poner en contacto con el autor, Javier Herrero, que sí los tiene.

Dos.

Muchas gracias por la información. ¿Podrían proporcionarme una dirección postal, o algún dato para poder ponerme en contacto con él?

Tres.

En esta secretaría, no disponemos de ningún dato.

Y hasta ahí. Estuve un rato una mañana intentando localizar al autor pero Google no me fue de gran ayuda. Supongo que preguntando indiscriminadamente a catedráticos de facultades de historia podría llegar a alguna parte, pero la cosa quedó aparcada en ese punto. Leyendo el artículo que abre este texto recordé todo el asunto.

Al final, la cosa no se queda reducida al ámbito estadounidense. El copyright aquí también hace que una obra que fue editada en 1971 quede prácticamente olvidada en el momento en el que no produce un beneficio comercial; recuperarla puede ser un proceso costoso, largo y complicado. Puede que el autor, cuando llegue a encontrarlo (si lo hago), no dé permiso. Puede que no disponga yo de tiempo y recursos para digitalizar el libro.

Y es que, la mayoría de las veces, la industria y la cultura se llevan a hostias.

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12 respuestas a Cultura perdida, cultura huérfana

  1. Rapunzell dijo:

    Y si el autor da permiso ¿es seguro que puedas digitalizar la obra y distribuirla sin problemas?

    No es por mentar a la bicha, pero aquí se ha dado el caso de que un autor, por ejemplo, ha concedido permiso para representar una obra de teatro con fines benéficos y aún así haya habido conflicto con la SGAE porque esa entidad no estaba dispuesta a dejar de recaudar. Y recuerdo también una anécdota de Gomaespuma, que intentaron (sin éxito)librarse de pagar a la SGAE por el empleo de una de sus propias obras, alegando lo de “oiga usted, si los autores somos nosotros, cómo es posible que tengamos que pagar derechos de autor…”

    Desgraciadamente tengo una pésima memoria para los detalles y sé que lo que digo es confuso, pero creo que se entiende la pregunta.

  2. LAH dijo:

    el mismo caso se da con revistas sobre ordenadores de 8 bits, tipo, microhobby, input, etc, algunas si da autorizacion la editorial, en otras se niega, y en otras ya no existe la editorial y no se sabe quien tiene los derechos, y quien puede dar informacion sobre ello se niega.

  3. Victor dijo:

    La pregunta se entiende, pero la suerte es que en España parece que las editoriales no hacen contratos Leoninos como hacen las Discográficas. Cuando un artista firmaba con una discográfica los derechos de explotación pasaban a ella, con lo que el artista no tiene derecho a renunciar cobrar por ellos.

    Ya se han dado casos de autores que no han firmado con la SGAE ni con discográficas y ponen su música bajo Creative Commons. Cuando la SGAE ha ido a los tribunales a cobrar se encuentra con que pierde el juicio.

    Por tanto, si la editorial confirma que el autor es el propietario de los derechos de explotación, con la obra se puede hacer lo que el autor quiera. Cosa distinta sería si la editorial tuviera aún los derechos, porque me da a mi que no los va a soltar aunque sean sobre un libro de MSDOS 5.0 que ya no va a leer nadie.

  4. Golias dijo:

    Es una situación increíblemente estúpida. En los casos en los que alguien se toma la molestia de digitalizar una obra que no se puede conseguir en este país (a veces en ninguno), la consecuencia es, en ocasiones, un renovado interés en la obra, lo cual a su vez posibilita la reedición. Un ejemplo son los escaneados de viejos comics; después de algún tiempo circulando por la Red, los propietarios de los derechos parecen darse cuenta, reeditan y, oh sorpresa, venden un producto sin prácticamente ningún coste de promoción. No creo que sea casualidad que las ediciones españolas de algunos comics americanos hayan venido justo después de que alguien los haya digitalizado, traducido y colgado en la red; sospecho que gente de las editoriales, con más sentido común de lo normal, observa lo que la gente comenta y se baja, para luego sacarlo en papel (que un verdadero aficionado prefiere a la versión digital).

    Pero explícale esto a la mayoría de nuestros cultureros de guardia.

  5. Pingback: meneame.net

  6. Ruibérriz dijo:

    Me impresiona, Maese Rinzewind. Si algún día se pone manos a la obra y encuentra el tiempo, cuente con que yo ponga los recursos.

  7. De todos modos, ¿no se puede distribuir por redes de pares aunque sea sin la autorización del autor? No quiero ser cenizo, pero si la obra es de 1971, el autor como que igual ha palmado.

  8. RinzeWind dijo:

    #6: de hecho, a ver si te dignas a dejar en algún comentario tu e-mail de verdad, por si en algún momento te tengo que mandar algo al respecto. Ya había pensado en enmarronarte, que sabía que te iba a gustar :D. Gracias por el ofrecimiento.

    #7: estoy haciendo esto de esta forma como mera demostración de que el sistema de copyright que “disfrutamos” actualmente es una mierda.

  9. undercover dijo:

    Este “vacío” cultural es el que ahora mismo me doblega buscando al señor Michael Moorcock por librerías de segunda mano, la editorial que tenia los derechos desapareció y ya no reedita ni el tato.

  10. Pingback: La cultura que se pierde | Slynation.com

  11. yomismo dijo:

    Acabo de hacer una búsqueda en las Bibliotecas Públicas de Madrid y me sale ésto:

    Autor: Herrero, Javier
    Título: Los orígenes del pensamiento reaccionario español / Javier Herrero
    Editorial: Madrid : Alianza, D.L. 1994
    Descripción física:428 p. ; 20 cm
    Colección: (Alianza Universidad ; 528)
    ISBN: 84-206-2528-0
    Materias: Conservadurismo-España-S.XVIII-XIX Ilustración-España

    Parece que hubo una edición nueva en 1994 por parte de Alianza, que no se si es la misma con la que te has puesto en contacto. Todavía no le he puesto las manos encima, ya te comentaré que año de edición viene impreso en el propio libro.

    Salu2

  12. moguruza dijo:

    Donde está su espíritu aventurero. Los derechos no se dan, se toman. Haga el escaneo y quizás aparezca el autor, la SGAE y la editorial, hechos consumados y cuando los tenga a todos detrás de usted, quizás pueda plantearles la cuestión. Lo digo para que siga comprobando el estado del copirite.

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