Espadazos de hojalata

El número de personas que lee un texto y entiende lo que le sale del ojete es, sin lugar a dudas, elevado. Arcadi Espada también lo hace de vez en cuando (la negrita es mía):

Y también, por seguir con lo interesante, una entrevista a Michael Shermer, que publica tercera cultura. (Una entrevista, por cierto, en la que se aprecia perfectamente el doble rasero de la izquierda (liberales). Shermer le dice a Vicente Carbona que no tiene ninguna importancia que Obama acabe sus discursos con el Dios bendiga a América. Son cosas que se dicen. Naturalmente. A excepción que las diga Bush, porque entonces la cosa se convierte en cruzada. Cosas que se dicen. Cosas que se hacen: como la de ir a misa minutos antes de ser proclamado presidente. Y estos pavos escépticos felices porque Obama les dejó caer la migajita de citar entre las religiones la de los ateos, non believers, que es como no guilty).

¿Shermer? ¿Éste Michael Shermer? Habrá dicho otras cosas con las que yo no estoy de acuerdo (como sus loas al libre mercado después del hostión de finales del año pasado, ése que todavía se está hinchando), pero el chirriar de las líneas de Arcadi todavía me ha dejado los dientes rechinando. Busco en la entrevista. Y encuentro (la negrita es, nuevamente, mía):

Uno de los argumentos de Dawkins con los que sí estoy de acuerdo, sin duda, es que donde existen obvias violaciones de derechos civiles y libertades por culpa de la religión debemos levantarnos y decir algo. Pero ya sabes, es preciso escoger tus batallas con cuidado. Todo el asunto de “Bajo Dios” (Under God) en la Promesa de Lealtad (Pledge of Allegiance), “Nos Fiamos de Dios” (In God we Trust) en el dinero, y el “Que Dios Bendiga a los Estados Unidos de América” (God Bless the United States of America) que dicen todos los políticos, hasta Obama…no deberían estar ahí en un foro público. Tenemos separación entre estado e iglesia, no deberían estar ahí. Pero esto es tan insignificante, tan banal, que pienso que a la gente en realidad no le importa. Ni piensan en ello hasta que un ateo se levanta para decir que eso no debería estar ahí. Entonces se excitan y se convierte en evento público, cuando no creo que nadie lo haya pensado dos veces.

Me refiero a que decir “Que Dios Bendiga a América” es como decir -ya sabes- “¡Aleluya!”, o “¡Somos los Número Uno!”, lo que sea. Sólo es algo que se dice, no tiene mayor significado. Sin embargo, “Vamos a enseñar el creacionismo en una escuela pública”, donde pretenden que se cambie el plan de estudios, y se obligue a los maestros a hacer algo, so sí está convirtiéndose en algo bastante serio. O los matrimonios homosexuales: ahora estamos hablando de contratos, de la Constitución, de libertades civiles y de derechos que las personas tienen sobre sucesiones, de testimonios y decisiones médicas. Esto es incomparablemente más serio que el “Nos Fiamos de Dios” de las monedas. Así que yo aconsejaría a las personas que se ocupasen de luchar por asuntos políticos más serios.

Tras leer la respuesta completa, parecería que Shermer ha dicho que las menciones a Dios en boca de un presidente no deberían estar ahí, y luego pasa a explicar que, posiblemente haya cosas con más influencia en el día a día contra las que pegarse; que estaría bien tener unas ciertas prioridades. Que hay cosas que luego se traducen en cambios legislativos y hay cosas que no. La mención a que cuando lo hace Bush es la peor de todas las injusticias no la he encontrado.

No termino de estar de acuerdo en la forma en la que Shermer explica el asunto, y posiblemente la importancia que yo le daría al asunto si viviese en los Estados Unidos serái diferente, pero en ningún caso tiene el matiz que parece dar Espada en su artículo, especialmente cuando la mención a Obama está así puesta (“que dicen todos los políticos, hasta Obama”). Pero es tan bonito practicar esgrima contra hombres de paja…

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6 respuestas a Espadazos de hojalata

  1. Caja China dijo:

    Por otra parte, ir a misa horas (no minutos) antes de ser nombrado presidente, a título privado (y es privado aunque se sepa y aunque haya cámaras de televisión) no sé que tiene que ver con la separación entre religión y Estado.
    Lo lógico es criticar que se invite a un pastor a dar la charla piadosa desde el mismo estrado y con la misma solemnidad que la Presidenta del Congreso. Lo otro no es criticable.

    Parece que hay mucha gente que entiende (interesadamente, creo) que exigir el laicismo del Estado incluye exigir la ocultación (o la ausencia) del culto o la creencia que les dé la gana tener a los gobernantes a título personal.
    Y no tiene nada que ver, pero así se echa una cortina de humo sobre que los “funerales de Estado” se presidan por el Cardenal Primado o el Ayuntamiento en pleno con el alcalde con bastón y todo, desfile en las procesiones a título precisamente de Gobierno municipal (no García o Pérez a título particular entre el público, que no es lo mismo). Haciendo ver que es lo mismo, se puede protestar airadamente sobre la opresión contra la libertad religiosa que dicen que representa la exigencia de laicidad del Estado.

    Las personas no tienen que ser laicas. El Estado, o la escuela, sí.

  2. agujitas dijo:

    Yo no estoy tan seguro de que A.Espada haya leído con el “ojete”. (Digo “leer” y no “entender” porque en este blog sabemos leer las conclusiones de los artículos pero no los entendemos)

    S: Ni piensan en ello hasta que un ateo se levanta para decir que eso no debería estar ahí.

    Bueno pues ahí lo tienes, a A.E le ha molestado, se ha levantado y se ha cagado. Qué son más importantes otros atropellos en lugar de esa nimiedad, por supuesto. Nadie le va a discutir eso a Shermer.

    Me refiero a que decir “Que Dios Bendiga a América” es como decir -ya sabes- “¡Aleluya!”, o “¡Somos los Número Uno!”

    Y una Mierda. Quizás si hubieramos nacido allí el God Bless America nos sonaría como “Una de calamares” pero no. A mí me suena más parecido a un “Viva España” el día de las fuerzas armadas, qué quieres que te diga, lo mismo soy es que soy ateo.

  3. Rinzewind, agujitas, efectivamente, como yo también, tendríais otra visión respecto a esas expresiones si hubiérais nacido allí. Efectivamente su idioma está especiado con muchas expresiones nacidas a partir de creencias cristianas, pero como buen país católico nuestro idioma tiene también muchas expresiones. Vamos, no hay que ser muy listo para darse cuenta cuál es la etimología de Adiós, o por qué todo el mundo, ateos incluídos, mentan a Dios en interjecciones positivas y negativas. Aunque evidentemente no piensen en un Dios cuando las digan (por ejemplo, cuando se te cae algo al suelo).

    Visto desde fuera también parece un extremismo decir “Dios bendiga a América”, pero si yo fuera ruso también me parecería extraño que los españoles se despidan diciendo “Ve con Dios”/”Adiós” :P Como siempre, los errores del pasado ya los hemos digerido en el presente. Está bien darse cuenta y quejarse, pero hay que tener cuidado porque al querer limpiar el lenguaje de incorrecciones políticas podemos caer en cosas tan estúpidas como algun@s feminist@s.

    Caja China, eso es muy bonito hasta que te das cuenta que nadie que no siga un culto religioso puede optar a la Casa Blanca. Por allí han pasado toda clase de cristianos, hasta de judíos (que son una minúscula minoría). Incluso un musulmán tiene más posibilidades de ser elegido que un ateo. Que en pleno siglo XXI, con la decadencia de las religiones en auge, el presidente de EEUU lo primero que haga sea ir a misa, pues deja de ser un símbolo anecdótico y se convierte en algo en lo que pensar.

  4. Luis dijo:

    Yo estoy con Shermer: Obama tiene que decir el “God Bless America” al final de los discursos más por obligación que por convicción personal (aunque también haya algo de lo último), porque si no los de derechas se le echan al cuello. Ya veis la que le montaron porque en su día dejo de ponerse el pin de la bandera estadounidense en la solapa de la chaqueta. Esas referencias puntuales a la religión hay que tomárselas más como un “digo esto para que no me toquéis las narices con nimiedades”.

    Haciendo una referencia cristiana, esto es un caso de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Por supuesto que todos hacemos referencias a la religión de vez en cuando (la clásica: tanto mi Bella Dama como yo, ambos ateos convencidos, soltamos algún “¡Oh, Dios mio!” en ciertos momentos íntimos), pero eso no nos convierte en cristianos, de la misma manera que ningún cristiano renunciaría a su religión por no querer poner la otra mejilla cuando le pegan un bofetón, o por no darle su abrigo a un pobre que no tiene con que abrigarse.

  5. krollspell dijo:

    Pues entonces por aquí resulta que todos somos un poco criptomusulmanes, con nuestro ojalá, que es “si Dios quiere”.

  6. Caja China dijo:

    3# Lo que dices no tiene nada que ver. Los votantes no votarán nunca (un nunca quizá de un par de generaciones, o de vete a saber, que en política “nunca” no es la eternidad) a un ateo.
    ¿Y?
    Están en su derecho de votar por las cualidades que aprecian, y creer en Dios es una de ellas. Puede no gustarnos, pero los que votan son ellos.
    No veo qué tiene que ver eso con la separación entre el Estado y las Iglesias, o con la interferencia de la religión en la educación o en la vida de cada uno.
    Los creacionistas, la “mayoría moral” (o como se llame ahora) y los que intentan cada cierto tiempo que se rece en las escuelas, pretenden que haya cierta confesionalidad, y que sus creencias religiosas formen parte del Estado, pero es otra cosa. Tener en cuenta para votar a alguien si es creyente es normal (para ellos) lo mismo que detestan un candidato que parezca demasiado intelectual, o arrogante, por ejemplo.

    Aquí no es lo mismo, porque por algo hay una disposición constitucional que dice que nadie será obligado a declarar sobre sus creencias, y por algo el tema de las creencias religiosas personales se obvia en general en la imagen pública de muchos políticos: aquí hay una historia de Estado católico, persecucion religiosa, falta de libertades y todo eso que sabemos. Allí no.

    Mejor sería que la Constitución no nos tuviera que proteger expresamente de esa manera. Y lo mejor es que cada uno pueda decir lo que le dé la gana, y hablar como le dé la gana. Sí, también en el asunto de la “corrección lingüistica”, sin que una colección de estafermos y académicos de guardia nos vengan a dar lecciones de cómo debemos hablar nuestra propia lengua y les tengamos que pedir permiso para flexionar el género de las palabras o usar las expresiones que prefiramos, o utilizar cualquier neologismo.

    Aquí estamos todavía agarrotados por el autoritarismo, y la necesidad de pedir permiso, y hasta nos tienen que dar permiso para no pedir permiso.

    (No me gusta el estilo meapilas y blandito que es tan imprescindible publicamente en Estados Unidos, pero más nos valdría prestar atención a nuestra propia viga en nuestro propio ojo.)