Podemos sentir para usted al por mayor

Las hojas de los árboles amanecieron escarchadas bajo las metálicas nubes de la ciudad, asimilando su tonalidades al alma de la mole de hormigón y cristal que cerraba la avenida. Frente a ella, miríadas de vehículos se arrastraban, enquistados en el asfalto, tratando de abrir paso, cerrar huecos, rellenar filas como en aquel viejo juego ruso. Las puertas del edificio estaban hechas de ese cristal automático que rehuye el contacto humano, permitiendo la entrada hacia un recibidor perpetuo de moqueta nueva y muebles recién barnizados. Los ascensores de los laterales, con esas aberturas reflectantes de brillos opacos que se deslizan imitando el sonido de una culebra de latón, llevaban a un pasillo en la parte alta de aquel engendro lleno de contratos a medio firmar.

La puerta al final de la hilera de luces blancas se abría a un despacho con el fondo acristalado de ese material tímido, no como el de la entrada del edificio, sino del que resulta impermeable a las miradas del exterior. La iluminación caía desde el techo en manchas, como el sol entrando en una habitación a través de los agujeros de una uralita metódicamente descuidada, sobre muebles aburridos sacados de algún catálogo estándar para ejecutivos innovadores.

A un lado de una mesa imposiblemente inmaculada se sentaba, flanqueado por montañas de papeles, un hombre de los de manicura semanal y cambio de corbata y marca de colonia diario. Manoseaba, disimuladamente, uno de esos móviles que son todo preocupaciones constantes. Desde el otro lado le miraba una cara con ojos a lomos de ojeras de varios días y una barba de la misma edad que la unía al cuerpo menudo mediante la garganta cazallera que todo el mundo esperaría. Discutía los últimos cabos del asunto que le había llevado allí, agazapado bajo el peso de un cigarrillo sin encender.

- ¿Y me podría explicar el funcionamiento?

- Lo desconozco completamente. Toda mi vida me he dedicado a empaquetar formatos nuevos y jamás he conseguido comprender cómo ha funcionado ni uno solo de ellos. Puedo ir un poco más allá de lo que dicen los panfletos publicitarios: este tipo de grabaciones proporciona en el usuario unas sensaciones asombrosamente similares a las que experimentó la persona que realizó la grabación originalmente. Le hablo de miedo, de emoción, de arrebato…

- ¿Lo ha probado usted alguna vez?

- Claro. Tengo un reproductor en casa.

- ¿Es tan parecido como me ha dicho?

- Depende en gran medida de la grabación inicial. Las primeras eran muy burdas, todo avanzaba a trompicones. Más adelante se refinaron los mecanismos y los resultados comenzaron a ser impresionantes. Hay por ahí una copia adquirida durante un safari en África, en un país de esos con animales, ya sabe, que quita el aliento. Si está interesado, creo que tengo por aquí algunos artículos del personal de desarrollo…

Se inclinó hacia sus pilas de papeles y empezó a rebuscar algunos documentos.

- No, no, déjelo -le interrumpió su interlocutor-. De todas formas no iba a entender una mierda de lo que pone. Pero déjeme ver si lo he captado: yo me pongo el trasto ése en el pecho mientras toco en el concierto, ustedes sacan de ahí una cinta, o lo que coño sea, y luego la gente en su casa, con ese casco color retrete que me ha enseñado antes, sentirá lo que yo sentí. ¿Es eso?

- Precisamente. Están trabajando en un emisor más elegante…

- Disculpe que le interrumpa. No sé mucho de llevar negocios, pero… ¿grabarme mientras toco en un puto concierto? ¿No les saldría más rentable ponerle la cosa esa a un soldado, o a un yonqui mientras se mete un pico?

- Bueno, se nos juntan varias cosas aquí. Tiene usted que entender, en primer lugar, que esto salió de los sótanos de una universidad. Para cuando la industria quiso entrar en el juego, ya había varios prototipos para construir sistemas de bajo coste. ¡Hasta los planos están por Internet! Parece que los inventores rechazaron patentar su creación, Dios sabe por qué… -se interrumpió con leve carraspeo-. El caso es que los productores aficionados nos han puesto las cosas muy difíciles. Un actor jamás puede tener las mismas sensaciones que una persona que realiza el acto de verdad. Hemos intentado grabar a dobles de acción durante algún rodaje pero el resultado no es el mismo. Fíjese: existe por ahí una grabación de un adolescente que se aparta de las vías del tren justo antes de que pase un convoy de mercancías. ¡Y se puede conseguir gratis, como lo oye! Tuvo una audiencia cien veces superior a cualquier cosa que nosotros podamos soñar hacer. Entenderá que no podemos adosarle el equipo al primer adolescente que nos acepte un triste cheque y soltarle al lado de la estación. Tendríamos un producto cojonudo que no podríamos vender, ¡los abogados, los reguladores, la puta prensa y las asociaciones de consumidores se nos tirarían encima! No podemos competir contra lo real, y para lo genuino de cierto nivel, para llegar a donde nadie más puede… le necesitamos a usted -sentenció con una sonrisa falsa. Él sabía que era falsa. El músico también. A ninguno le importó.

Diez minutos más tarde, el guitarrista abandonó el despacho mientras se encendía, por fin, el arrugado cigarrillo. Exhaló el humo de la primera calada fuera del ascensor justo antes de que comenzase a bajar.

Ahora ya, sin disimulos, podía dedicarse por completo a su teléfono, como un niño con su juguete, recostado en su butaca. No levantó la vista cuando oyó abrirse y cerrarse la puerta. Tampoco le hacía falta.

- El guitarrista ha aceptado -dijo.

- ¿Y el resto?

- Tengo a tres miembros del público dispuestos a grabar a cambio de una entrada y merchandising gratis; migajas. ¿Y tú?

- Está todo hablado. Entrará dos horas antes del concierto, ya sabe por dónde. Hay un lugar elevado tras las gradas de la derecha que le deja bastante cómodo. El primer disparo en un descanso entre canciones, haciendo ruido, para que se sepa de qué va la cosa. El resto con silenciador, al aire, para que no le encuentren. Luego se va, tres minutos máximo. Se le paga sacando de aquí y de allá, sin que se note.

- ¿Al aire?

- Al aire.

- Eso no es lo que acordamos.

- Lo sé.

- ¿Pero está dispuesto a hacerlo?

- Está dispuesto a lo que se le diga. Para eso cobra.

- Entonces al cantante, te dije. Y lo que sobre, que rompa algo, no sé, un altavoz, lo que sea -dijo, mientras machacaba repetidamente una tecla con evidente gesto de fastidio.

- No hace falta matar a nadie para grabar un tiroteo.

- Si nos cargamos a alguien, tendremos mucho más cuidado en decir que hemos sido nosotros. A nadie le gustan los engaños.

- Es un engaño igualmente.

- Pues a nadie le gusta saber que le están engañando. Y, ¡qué cojones!, el último concierto de esta banda, sentido por las grabaciones de cuatro personas simultáneamente, una de ellas sobre el escenario… será un bombazo, ¡un bombazo a tiros! -se rio de su propia ocurrencia.

Oyó la puerta de nuevo al cabo de unos segundos. Ensimismado como estaba en organizar su agenda, apenas si percibía el galimatías motorizado a varios pisos de distancia, convertido tras su cristalera en el siseo blanco de una frecuencia muerta de onda media. Oculto entre la cacofonía de los tubos de escape, una ventanilla dejaba escapar, perfecta como en el original, la copia de una copia de una copia de Blaise Bailey Finnegan… there’s an evil virus that’s threatening mankind, it’s not state of the art, it’s a serious state of the mind. The muggers, the backstabbers, the two faced elite. A menace to society, a social disease, to brainwash the mind is a social disorder. The cynics, the apathy one-upmanship order …

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14 respuestas a Podemos sentir para usted al por mayor

  1. Artilaina dijo:

    Impresionante. ¿Un extracto de una historia mayor o es de cosecha propia?

  2. Lo venía leyendo en el metro… me ha gustado mucho, me uno a la petición de Artilaina

    saludos

  3. EC-JPR dijo:

    Quien pillara tu pluma… Me descubro una vez más. El día que te animes a escribirla más larga y ponerla en uno de esos trastos con lomo, guárdame un ejemplar.

  4. MioCid dijo:

    Me sumo también a las fela… digo, a las alabanzas, e insisto que podías sacar algo en limpio de esto :)

  5. Morvran dijo:

    Si me permites una crítica, las descripciones iniciales iniciales son un poco prolijas en los dos primeros párrafos para luego no aportar demasiado a la historia. No es por chinchar, es porque el cuento es j***damente bueno, aunque sean días estraños.

  6. Mientras leía unas iniciales…

    S…

    …se asomaban a mi mente…

    G…

    …y empezaba a temer…

    A…

    …por lo premonitorio que pudiera ser…

    E…

  7. rafa dijo:

    sí, un poquito días extraños sí que es…

  8. Xebeché dijo:

    Odio ser el que se queje, pero te falta una h en el “treatening mankind” :P

  9. guillirojo dijo:

    Se que no tiene mucho que ver con el post, pero… ¿Alguién tiene algún wallpaper del ateobus? Me conformo con un wallpaper con el eslogan bien hecho, o una foto en alta resolución del susodicho utobus. Es que tódo lo que encuentro googleando son fotos excesivamente comprimidas.

  10. RinzeWind dijo:

    #1: cosecha propia.

    #5: bueno, lo hice con la intención de entrar y salir del edificio.

    #5 y #7: ahora que lo decís, sí tiene un aire. Aunque el trasto de Días Extraños se supone que graba todo, no sólo las sensaciones del que graba.

    #8: uuuuuh… corregido, gracias. Gazapos de la edición :-)

    Y, en general, me alegro de que haya gustado.

  11. DrPanic dijo:

    Cojonudo, de verdad. El día que escribas un libro tienes un lector seguro.

  12. rafa dijo:

    #10: bueno… si no llamas sensación a lo que ves, aceptamos barco :P

  13. Su dijo:

    Me ha gustado.

    Veo por arriba que te sacan la similitud con Días extraños. A mí me ha sonado un poco, pero en plan referencia indirecta, porque lo primero que me ha venido a la cabeza ha sido Rant (que en su momento me trajo a Días extraños) del señor Chuck xD

  14. RinzeWind dijo:

    #13: me alegro :D. Por otra parte, no he leído Rant todavía. A ver si me pongo…