Ocurrió un sábado por la tarde, aproximadamente en el mismo instante en el que me levantaba de la siesta. Me levanté con la cara rayada por las sábanas, me puse un café y unas galletas y terminé de ver la película que había dejado a medias después de comer. Ahora mismo no puedo recordar cuál era el título, pero creo que pasaban cosas interesantes; incluso me parece que al final algún protagonista era feliz. Cuando finalizó, me di cuenta de lo que había ocurrido, y tuve que empezar a atar cabos hacia atrás en el tiempo. Yo les narraré la secuencia en orden.
Las primeras informaciones llegaron de mano de internautas de la India. El relato de los hechos era confuso, pero todo parecía indicar que, ligeramente pasadas las diez de la noche (hora local), un inmenso resplandor había iluminado el cielo en todas direcciones y el firmamento seguía refulgiendo desde entonces de forma permanente. Algunos testimonios iniciales simplemente se centraban en que las estrellas parecían haber desaparecido.
En algunas páginas web rusas empezaron a publicarse las primeras imágenes con una calidad aceptable, a la vez que los periódicos de todo el mundo colocaban el hecho en las portadas de sus ediciones en Internet junto a la fotografía tomada en la plaza central de una ciudad de nombre remoto y frío. El reloj de la torre marcaba las once de la noche, pero el cielo era el de mediodía de un extraño día sin Sol. Realmente parecía que toda la cúpula celeste emitía luz. Flickr se convirtió en la sala de revelado mundial de la Noche de la Luz. Light Night, la había bautizado alguien desde Minnesota. Allí era de día pero, como en el resto del planeta, grandes masas de gente estaban congregándose alrededor de improvisados y multitudinarios puestos de observación, esperando al momento en el que el Sol se ocultase tras el horizonte. Otras partes del globo habían tenido un amanecer tan temprano como repentino; las zonas en las que era de día apenas si habían notado cambio alguno. El cielo, decían ciertos testimonios, parecía más claro, pero aquella percepción también podía ser influencia de las noticias que llegaban de fuera.
Fuese lo que fuese lo que causaba aquella luz, o no estaba cerca o no interfería con nuestros sistemas de comunicaciones vía radio. Los satélites geoestacionarios funcionaban sin novedad, la Luna llena se seguía divisando desde aquellos lugares desde los que se estaba viendo normalmente antes de que sucediese aquella anomalía, y la Agencia Espacial Europea emitió un comunicado confirmando que la Cassini, en órbita alrededor de Saturno, estaba enviando sus imágenes y respondiendo a las órdenes enviadas desde la Tierra como habitualmente. Algo más de media hora después, la NASA publicó en su página web un texto que afirmaba que el Hubble, con cierta dificultad, había conseguido recoger imágenes de la nebulosa de Orión, y que estaban trabajando para intentar captar datos empleando sus telescopios de infrarrojos y rayos gamma, pero aún tardarían algunas horas. Aquella capa, aquella membrana, aquella fuente omnipresente de fulgor… aquello estaba lejos.
Algunas fuentes de noticias informaban de sectas religiosas que se habían encerrado en sus sedes, y cientos de iluminados y contactados se habían echado a las calles pregonando el fin de los tiempos, el advenimiento de la nave que les llevaría a un refugio estelar más allá de la nube de Oort o la vuelta del Mesías, todo a la vez. Las principales páginas en Internet dedicadas a la astronomía especulaban con que quizá la luz irradiaba desde el borde mismo del universo; Phil Plait, desde Bad Astronomy, sugería que quizá el volumen de Hubble fuese finito y se hubiese llegado al límite precisamente en ese instante.
Ensimismado como estaba leyendo mensajes, enviando enlaces y contestando e-mails, no me di cuenta de que había llegado la noche, aunque la oscuridad estaba en otra parte. Decidido a salir a la calle junto con el resto de la gente que ya estaba ocupando las calzadas y los huecos entre los coches abandonados, cogí mi pequeña radio a pilas y bajé las escaleras. El locutor de la primera emisora que conseguí sintonizar informaba sobre atascos y cortes de tráfico generalizados en las entradas y salidas de todas las grandes ciudades, y prevenía acerca de algunos disturbios aislados. La gente se arremolinaba en los puntos elevados, intentando buscar algún detalle en aquel cielo completamente blanco sin nubes. Las sombras eran un tenue círculo gris proyectado en el suelo alrededor de cada persona y cada objeto. Conseguí encontrar un hueco relativamente despejado en lo alto de una colina situada en un parque cercano a mi casa. Un pequeño grupo de gente charlaba animadamente compartiendo teorías, a cada cuál más peregrina.
Al cabo de pocos minutos, lo que parecían unas formaciones nubosas de tormenta, por lo oscuro, y completamente imperceptibles inmediatamente antes, comenzaron a tomar formas extrañas a grandes velocidades. En unos pocos segundos, se dispusieron en grupos de unos seis círculos y otros tantos semicírculos, ordenados de una manera determinada. A su derecha, otra de esas extrañas agrupaciones, en la que no había reparado al principio, asimilaba varias formas tubulares que se entrecruzaban extrañamente. A lo largo de todo el horizonte, y en cualquier dirección hacia arriba, empezaron a aparecer más y más de estas curiosas estructuras. Una de ellas estaba formada, de forma bastante elegante, por kanjis. Consciente de que aquello parecía ser un mensaje, comencé a buscar caracteres que yo pudiese comprender y en alguna lengua que yo supiese leer. No me llevó mucho tiempo: al instante localicé una frase en perfecto castellano.
Decía: Era broma.



Una vez más, genial, Rinze. El final tal vez un poco más flojo que el resto, pero muy bien narrado.
Una cosa. La nube de Oort… ¿homenaje a Pohl, quizás?
Impresionante ¡Qué estilazo!
Ya lo he dicho alguna vez pero; el dia que publiques algun libor avisanos porque lo compraremos en masa
Eres un maestro.
Un placer, como de costumbre :)
Me recuerda un cuento de Fred Brown.
Joder, me he salivado. Gran entrada, gracias!
#1: pues no he leído nada de Pohl. De hecho, ni sabía quién era. Le echo un ojo, gracias por la referencia.
#5: otro que tampoco conocía. Sin embargo, viendo su página en la Wikipedia me ha llamado la atención poderosamente. El género que trabajaba me encanta: ‘He is perhaps best known for his use of humor and for his mastery of the “short short” form—stories of 1 to 3 pages, often with ingenious plotting devices and surprise endings.’ A mí, según lo iba escribiendo, me recordaba a “Spin”, de Robert Charles Wilson.
Y, en general, que me alegro de que os haya gustado.
#7 sin ánimo de ofender… ¡no puedo creer que no conozcas a Fred Pohl! ¿Me estás diciendo que no has leído Pórtico? Me alegro por tí, así puedes leerlo por primera vez. Yo no puedo ya :P
#8: ah, si es el de “Pórtico”, la obra me suena. Eso sí, no me la he leído aún. Todo se andará :-)