Hace muchos, muchos años en un Madrid muy lejano, trabajaba yo en prácticas para un pequeño medio local, tan local que sólo tenía constancia de un oyente: el segoviano, el dueño del bar de la esquina. Pero con ínfulas, ¿eh?, que tenías que ver a nuestras jefas en las reuniones de redacción hablando como si fuésemos el Washington Post y sobre quién iba mejor vestido para ir al parto de la Infanta en la Clínica Ruber, no fuese a haber quejas de la Casa Real. Y juro que no es un ejemplo, que yo estuve en esa discusión.
Durante un tiempo estuve en Informativos haciendo lo mismo que los profesionales de verdad, los de los grandes medios como El País, Telecinco o la Cadena SER: copi-pegar lo de Europa Press, EFE y la competencia y disimularlo un poco según el tiempo que tuviese. Algunas veces me enviaban a cubrir ruedas de prensa chorras, pero un par de veces tuve la suerte de que me mandasen a la rueda de prensa que daba Gallardón -entonces aún presidente de la Comunidad de Madrid- después del Consejo de Gobierno.
Eso molaba porque te codeabas con los profesionales de verdad, podías ver cómo trabajaban, cómo hacían las preguntas y en qué temas, podías intercambiar unas palabras y quizá hacer un contacto laboral interesante, entrabas en el informativo de las 14 h. en directo desde la sede de la Comunidad y, sobre todo, que en ese edificio, al menos en tiempos de Gallardón, siempre había papeo: bollitos por la mañana, aperitivos por la tarde, refrescos, cerveza, cafés… Luego descubrí que no era una forma de comprar a la prensa, que para los buffets son mucho más buitres que un jubilado, sino una estrategia.
Gallardón se sentó, buenos días, les voy a leer las decisiones adoptadas hoy por el blablablá… Se acoda en la mesa cruzando los antebrazos, baja la cabeza y empieza a eso, a leer monótona y monocordemente, a media voz y sin la menor inflexión. Y después de unos canapés, medios-sandwiches, un vino de la tierra y un cigarrito, aquello era como tumbarte en verano en un prado junto a un arroyo tras comer una paella: narcotizante.
El resto de la historia la cuenta El Teleoperador en su choza, y les recomiendo que no se la pierdan.









No hombre, no. Gallardón no Folla. Gallardón realiza Actos de Inmaculada Inserción.
#1: anal.
#2: Y con arena, para que rasque.
Así va la prensa… Y el país en general.