Acabo de volver. Como supongo que mañana no saldrá nada en la prensa generalista, porque no ha sido un concierto de los de llenar estadios, aquí van mis impresiones.
Lo primero, los teloneros. Josef van Wissem es un músico que toca el laúd de una forma, como decía una página que encontré el otro día (pero que no soy capaz de localizar ahora mismo), minimalista. No desentona como previo a un concierto de post-rock, especialmente por sus mezclas de música con ruido ambiente, pero es muy tranquilo: para verlo sentado, está bien; de pie, no tanto. Ainara Legardon le sucedió, y no me gustó lo más mínimo. Quizá le faltó el theremin que me dijeron que lleva a veces, no sé. Su actuación se me hizo larga, pesada y aburrida. Pero ya saben: esto es sólo mi opinión. Vayan a la página que he enlazado y fórmense ustedes mismos la suya.
Sobre las 23:15 aproximadamente llegó el plato fuerte: A Silver Mount Zion. Tengo una fotografía muy triste de ellos en el escenario. Se podía llevar cámara fotográfica pero yo no lo sabía. Mi móvil estaba ahí para salvar el tipo de forma lamentable:
Me ha sorprendido principalmente lo fuerte que suenan en directo. Muchas de las canciones que han tocado (la mayoría pertenecientes a los dos últimos discos) han sufrido pequeños retoques que hacen que su interpretación sea mucho más enérgica que la versión del disco, y más larga. Como contrapunto, muchas veces se produce una amalgama de sonido rítmico que pierde la melodía. Quizá fuese cosa de la acústica de la sala (que no me pareció terrible, pero estaba muy cerca del escenario), o de la ecualización, o de ambos. O a lo mejor me lo parecía a mí solo.
El repertorio ha sido algo como lo siguiente (puede ser que cambie el orden o que se me olvide alguna, porque no las iba apuntando):
- 1.000.000 died to make this sound.
- God bless our dead marines.
- Black Waters Blowed/Engine Broke Blues.
- Microphones in the trees.
- I built myself a metal bird, I fed my metal bird the wings of other metal birds.
- Horses in the sky.
Evidentemente, alguna se me está olvidando Me comunican en los comentarios que están todas. En todo caso, para los que piensen que el concierto ha sido corto, cada una de esas canciones dura más de 10 minutos. Incluso si sólo hubiesen sido esas seis, hagan sus cuentas.
Entre canciones resulta que son divertidos. El guitarrista y vocalista, Efrim Menuck, suelta parrafadas entre canción y canción diciendo tonterías. Hemos tenido una conversación larga y tendida acerca de la crisis económica, de por qué el Santander no debería comprar bancos ingleses y de Canadá. Algo acerca de las montañas les aterra, al parecer, pero sólo si están lejos. Algún día me enteraré de por qué. Espero.
Hablando de Efrim, los que ya conozcan al grupo habrán notado que todas las canciones que tocaron tienen una componente vocal más que marcada. Si los primeros tiempos del grupo eran temas principalmente instrumentales, cada nuevo disco que sacaban tenía más parte cantada. Supongo que habrá gente a la que le disguste el estilo de canto que tiene Efrim; yo lo soporto, pero reconozco que canta de aquella manera (principalmente, a voces y lejos del micrófono, lo que proporciona un sonido bastante sucio, pero muchas veces los coros acuden en su ayuda). A pesar de ello, el final de God bless our dead marines ha sido una obra de arte a tres voces.
Me quedé sin ver a Godspeed You! Black Emperor, y posiblemente no les vea nunca. Supongo que me tengo que consolar con el concierto de hoy, pero ha merecido la pena. Como prueba de que no me estoy dejando llevar por mi entusiasmo, la opinión de un colega que ha venido conmigo y no les había escuchado jamás es que ha estado bien. Que ya es algo.