Discurso

Habíamos ganado. Con el 95% de los votos escrutados, y a falta del voto por correo, habíamos conseguido más de dos tercios de todos los diputados en juego en esas elecciones. Las felicitaciones titubeantes de los líderes del resto de partidos habían empezado a llegar a mi teléfono móvil hacía ya más de una hora, mientras sus portavoces -algunos- pedían prudencia en televisión y -la mayoría- se sumaba como buenamente podía a lo inevitable. Las encuestas llevaban meses pronosticando este resultado. Las gestiones del anterior gobierno habían sido tan nefastas en todos los aspectos que todo el mundo estaba de acuerdo en que esta legislatura era nuestra. Quizá eso fue lo que motivó todo.

Fuera del edificio, miles de personas enfervorecidas agitaban pancartas, inflaban globos con los colores del partido, aplaudían y coreaban al ritmo de la pegadiza melodía de campaña. Al otro lado del balcón en el que solicitaban mi presencia triunfal, atravesando la habitación y girando por el pasillo, me encontraba yo. De pie, sereno, sabiendo justamente lo que había que hacer en ese momento. Meses de trabajo dependían de unos pocos minutos en ese balcón. A mi lado, con la mirada serena al frente, mis colaboradores más cercanos; los que habían entendido el plan desde el principio; los que se habían unido de forma entusiasta después; los que lo entendieron solamente al final y vieron que era bueno.

Delante de mí, en otro grupo más numeroso, caras desencajadas imploraban en vaivenes arrítmicos que no siguiese adelante. Sus estruendosos pensamientos llenaban la habitación más allá del ruido de la celebración en la calle. No hace falta, Es inútil a estas alturas, Podemos esperar a la próxima vez y Seguro que hay otra forma eran las facciones en las que se habían dividido. Sus ojos lo decían todo. Algunos, incluso llevaban pequeñas hojas de papel en sus manos. Sabía que esas cuartillas estaban escritas con la vana esperanza de sustituir las frases que llevaban días perfectamente hiladas en mi cabeza. No quise no hacerles pasar por la pequeña derrota de ofrecérmelas y tener guardárselas inmediatamente después: dirigí una mirada al grupo y simplemente asentí con los labios apretados. Sí hace falta. Me encaminé hacia el balcón. Ninguno de ellos se interpuso.

Dos intensos focos anticiparon mi presencia en el exterior del edificio. Las banderas se agitaron más deprisa y los gritos alcanzaron niveles difícilmente soportables. Allí, delante del atril que había colocado, extendí un par de recortes que llevaba en el bolsillo de la chaqueta, mientras con la otra mano saludaba a los allí presentes. Poco a poco, tras un par de golpes en el micrófono para comprobar su correcto funcionamiento, se fue haciendo el silencio.

- Buenas noches -saludé, y me fue devuelto miles de veces hasta que, varios segundos después, pude continuar-. Quiero darles las gracias porque todos ustedes son gilipollas.

Las banderas cayeron. Si antes había habido algún ruido, se esfumó. La música de los altavoces, tal y como había sido acordado, cesó en ese mismo instante. Un globo solitario explotó en alguna parte.

- A día de hoy, terminada esta jornada de elecciones generales, tres partidos minoritarios que tenían presencia parlamentaria en la anterior legislatura no han alcanzado en esta ocasión el mínimo necesario. El grupo mixto se ha esfumado. Y el partido político al que yo represento se ha hecho con la mayoría absoluta en el congreso y en el senado. Un partido que llevaba en su programa propuestas como las siguientes, y leo textualmente: Se subirán los impuestos un 50% en los tramos inferiores sin repercusión alguna en las arcas públicas: todo lo recaudado se repartirá entre los amiguetes del presidente para sus tapeos de fin de semana. O también: Se tomarán medidas antibotellón, haciendo efectiva una nueva orden ministerial que obligará a los bares a servir únicamente DYC y refresco de cola del LIDL. ¡Oh, ésta me encanta! Se propondrá que el nuevo himno de España sea una canción de Jarabe de Palo. Aún no sabemos cuál. Y el colofón: Se avanzará en la ilegalización de las paellas sin guisantes.

Un rumor comenzó a avanzar entre la asombrada audiencia. Rápidamente se formaron corrillos alrededor de los pocos que llevaban una copia del programa mientras se empezaron a atisbar las primeras miradas perdidas entre la multitud.

- Claro, a ustedes nunca se les ocurrió leerse el programa. ¡Qué estupidez! Nosotros somos los buenos, ¿verdad? ¿Cómo va a tener otro partido un programa mejor? Ninguno de ustedes se preocupó nunca por ojearlo siquiera. Tampoco leyeron nada en prensa porque prefirieron la sensación de levantarse con la reafirmación de las ideas propias atendiendo a los medios que les venían bien. ¿Cómo pueden ser tan profundamente idiotas? ¡Hemos usado fotografías de asesinos en serie en nuestros carteles electorales, maldita sea! ¿Son felices viviendo con la cabeza de adorno?

Eché un último vistazo a todas esas personas que minutos antes habían estado exultantes. Ante mí se extendía una masa de gente que vigilaba muy atentamente la punta de sus zapatos. No tenía sentido alargarlo más: era hora de echar el cierre.

- Quizá se convoquen elecciones anticipadas y tengan en breve la oportunidad de votar con el cerebro en vez de con las tripas. Quizá, por una vez, se tomen esto en serio, una vez demostrado que en vez de salir de casa a depositar el voto han empleado ustedes el domingo en salir del redil y volver trasquilados. Quizá descubran que una vez cada cuatro años conviene sentarse un par de días en casa a pensar y que el voto no es un pedazo de papel. Por otra parte -concluí-, quizá no. Quizá hagamos todo lo que dijimos que íbamos a hacer y que ustedes tan felizmente han apoyado. En todo caso, mañana será otro día. Yo dormiré estupendamente. No creo que pueda decir lo mismo de todos ustedes. Buenas noches.

Allí cayó el telón de mi carrera política. Me despedí como hay que despedirse. Con una reverencia.

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13 respuestas a Discurso

  1. Si no fuera porque algún representante político de la oposición se habría leído el programa apra poder echárselo en cara al protagoista, veo bastante real tu nuevo relato.

    Me gusta.

  2. dorwinrin dijo:

    Qué pedazo de discurso. Quiero un póster tuyo para idolatrarte :D

  3. LAH dijo:

    si se hace bien y hay dinero para ello, los estupidos votantes hacen cualquier cosa, he sido presidente de mesa en elecciones, y he visto jugar el voto a cara o cruz, por que la mujer queria un voto y el marido otro, y ellos siempre votaban lo mismo, o el deficiente mental que sabe mas de politico que sus padres, la humanidad es un conjunto de imbeciles con algun error genetico que marca la diferencia.

  4. Afortunadamente o no, el programa político de un partido no es sagrado ni mágico ni nada por el estilo, como nos demuestran año sí y año también los diferentes gobiernos que ha habido. Que los políticos utilicen el “ya estaba en mi programa electoral” para sacudirse a los críticos de encima no quiere decir que los votantes no puedan darles un soberano puntapié en sus lustrosas nalgas ante una medida claramente excesiva, como la prohibición de paellas sin guisantes.
    Además, un partido político puede perfectamente plantear esa y muchas otras barbaridades sin necesidad de que ni figuren en su programa político ni que detenten el poder absoluto en el Congreso y en el Parlamento, y aun así sacarlas adelante simplemente mamándosela (metafóricamente) a los partidos de los cuales necesite apoyo.

  5. Morvran dijo:

    ¿Suena facha un test psicotécnico y de comprensión a cada persona que quiera votar?. Si te lo hacen para conducir un coche, ¡coño, que lo que estamos es tratando de conducir el país!

  6. gfunho dijo:

    #5 Si, suena facha, si :)

    No digo que no “parezca” razonable, pero es una medida taaaaaan peligrosa…

    :)

  7. Pingback: meneame.net

  8. Y para tener niños otro test…

    Y no estoy siendo irónico…

  9. Ryben dijo:

    Es mas, el estado debería quitar la custodia de los niños cuyos padres sean demostrablemente gilipollas. Quizás llegue a tiempo de salvar el cerebro de algunos.

  10. grenshep dijo:

    creo que complementa muy bien lo que publicó ayer Saramago en su blog: http://cuaderno.josesaramago.org/

    aparte de eso, buen texto!

  11. RinzeWind dijo:

    Me alegro si os ha gustado. Y lo de siempre: supongo que con el tiempo escribiré mejores historietas. A mí me entretiene, que ya es algo (¡y es gratis!).

  12. EC-JPR dijo:

    Me ha encantado la entrada. Demasiado buena para ser real.

    #5: Hace mucho leí que “El mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio”