Ya saben la que se monta todos los años cada vez que nos libramos de una hora en primavera: astenia, irritabilidad, escozor general y el sentir universal de que en esos 60 minutos íbamos a hacer más cosas que en todo el tiempo que llevábamos de mes. Afortunadamente nos consolamos cuando la tenemos de vuelta en otoño.
Que sepan que el mundo nos debe, además, diez días, pero no queda nadie vivo para reclamarlos: entre el 5 de octubre de 1582 y el 17 14 del mismo mes, ambos inclusive, volaron del almanaque sin necesidad de darle candela al DeLorean. La culpa, de la reforma gregoriana del calendario:
La reforma gregoriana nace de la necesidad de llevar a la práctica uno de los acuerdos del Concilio de Trento: el de ajustar el calendario para eliminar el desfase producido desde un concilio anterior, el I Concilio de Nicea de 325, en el que se había fijado el momento astral en que debía celebrarse la Pascua y, en relación con ésta, las demás fiestas religiosas móviles. Lo que importaba, pues, era la regularidad del calendario litúrgico, para lo cual era preciso introducir determinadas correcciones en el civil. En el fondo, el problema era adecuar el calendario civil al año trópico.
En el I Concilio de Nicea se determinó que se conmemorase la Pascua el domingo siguiente al plenilunio posterior al equinoccio de primavera (en el hemisferio norte; equinoccio de otoño en el hemisferio sur). Aquel año 325 el equinoccio había ocurrido el día 21 de marzo, pero con el paso del tiempo la fecha del evento se había ido adelantando hasta el punto de que en 1582, el desfase era ya de 10 días, y el equinoccio se fechó en 11 de marzo.
El desfase provenía de un inexacto cómputo del número de días con que cuenta el año trópico; según el calendario juliano que instituyó un año bisiesto cada cuatro, consideraba que el año trópico estaba constituido por 365,25 días, mientras que la cifra correcta es de 365,242189, o lo que es lo mismo, 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,16 segundos. Esos más de 11 minutos contados adicionalmente a cada año habían supuesto en los 1257 años que mediaban entre 325 y 1582 un error acumulado de aproximadamente 10 días.
[...]
Al jueves -juliano- 4 de octubre de 1582 le sucede el viernes -gregoriano- 15 de octubre de 1582.
Para los que rondaban, además, la zona de Alaska, 1582 fue un año anodino como ninguno, pero toda la emoción se trasladó a 1867 con intereses. No sólo se adoptó el calendario gregoriano (al cambiar de manos el territorio entre rusos y americanos) sino que hubo dos viernes seguidos:
At the instigation of U.S. Secretary of State William Seward, the United States Senate approved the purchase of Alaska from Russia for $7,200,000 (approximately $90,750,000 in 2005 dollars, adjusted for inflation) on 9 April 1867, and the United States flag was raised on 18 October of that same year (now called Alaska Day). Coincident with the ownership change, the de facto International Date Line was moved westward, and Alaska changed from the Julian calendar to the Gregorian calendar. Therefore, for residents, Friday, October 6, 1867 was followed by Friday, October 18, 1867; two Fridays in a row because of the date line shift.



Manuel (#1) dice:
Creo que se te ha ido la tecla. En la entradilla hablas de “entre el 5 de octubre de 1582 y el 17 del mismo mes, ambos inclusive,” pero después se dice “Al jueves -juliano- 4 de octubre de 1582 le sucede el viernes -gregoriano- 15 de octubre de 1582.”
Sospecho que es la entradilla lo que está mal.
Aprovecho para abogar por el cambio del actual calendario a otro donde no roten los días de la semana, es decir un calendario perpetuo. La clave para ello es dividir el año en 51 semanas de 7 días más 1 de 8 días (o 50 semanas de 7 días y 2 de 8 los años bisiestos); el día extra podría ser un “superdomingo” ;-)
De esta manera cada día del año repetiría su papel como día de la semana de un año para otro y sería más cómoda y sencilla la programación de la vida civil (aunque la vida católico-romana quedaría un poco tocada…).
A partir de esta reforma sería optativo añadir otras según varias propuestas que circulan por ahí: 1) reestructurar la 52 semanas en nuevos 12 meses en una secuencia de días 31-30-30 (con secuencia final 31-30-31 y algún otro cambio el año bisiesto) 2) Crear 13 meses de 4 semanas justas cada uno (28 días, salvo el último de 29 por la supersemana y los años bisiestos otro mes con supersemana) 3) A mi me gusta más olvidarme del concepto de mes y pasar al de “trimestre” o “temporada” de 13 semanas cada uno.
En fin, que no lo verán mis ojos…
28/08/2008, 11:36RinzeWind (#2) dice:
Tienes razón, ha sido ñapa mía. Corregido, gracias por avisar.
28/08/2008, 13:04fer (#3) dice:
No fue en Polonia donde no se ajustaron al calendario gregoriano hasta bien entrado el siglo XX? Eso si que molaba, vivir con unos dias de desfase con tus paises vecinos… y qué gozada viajar ganando y perdiendo días!
28/08/2008, 17:21Sonicando (#4) dice:
Yo será que prefiero que me roben esa hora primaveral, para empezar la felicidad de vivir con luz, con días largos, que me la devuelvan en otoño para volver a la depresión de salir de trabajar de noche…
Muy buen artículo….
Un saludo ¡¡
28/08/2008, 17:22Suso (#5) dice:
#1, no soy yo precisamente un tradicionalista que me aferre al argumento de “si funciona, ¿por qué cambiarlo?”. Pero el problema es que a ninguna de esas opciones que sugieres le veo ninguna ventaja, y sólo pensar en el pifostio tan grande que habría que montar para cambiar todos los sistemas informáticos del mundo, y el esfuerzo de aprender a manejar un nuevo calendario que no aporta nada nuevo, me hace pensar que el calendario actual es estupendísimo X-D
Además algunas cosas no me gustan, como eso de que todos los años cada día del mes corresponda con el mismo día de semana. ¿Y si te toca tu cumpleaños siempre en lunes? ¡¡Qué coñazo!! :P :P :P
Y eso de repetir uno de los siete días de la semana, tsk tsk tsk… ¡Qué van a pensar los otros seis astros! Aunque puestos a centrarnos en los astros, no estaría de más cambiar los nombres del sábado y el domingo por… ¿Satornes y Solies? X-D
28/08/2008, 19:02Suso (#6) dice:
#3, erm… ten en cuenta que los polacos eran católicos y hacían caso al papa (bueno, y por lo que se ve se lo siguen haciendo :D), así que cuando el señor Gregorio dijo que cambiasen el calendario, ellos fueron los primeros junto a Italia, España y Portugal ;)
http://en.wikipedia.org/wiki/Gregorian_calendar#Adoption
Parece que todos los descolgados acabaron por subirse al tren en el primer cuarto del siglo XX.
Por cierto, que todos los años aparecen en la tv imágenes de los ortodoxos celebrando la Navidad a primeros de enero. Las iglesias ortodoxas (no sé si todas) siguen rigiéndose por el calendario juliano, así que como sigan así en unos cuantos milenios los veo celebrando la Navidad en primavera :D (eso, claro, suponiendo que para entonces a la humanidad aún no le haya dado tiempo a espabilar y convertir las religiones en restos arqueológicos. ¿Tú qué opinas, Rinze? :P)
28/08/2008, 19:14RinzeWind (#7) dice:
#6: bah, Rusia se liará a bombazos antes de que podamos decir “sálvanos, San Richard Dawkins”.
29/08/2008, 00:30Manuel (#8) dice:
#5 Estimado Suso:
1. Efectivamente, si funciona dejémoslo estar. El problema es que el calendario actual no funciona todo lo bien que podría hacerlo. La prueba es que cada año hay que imprimir un nuevo calendario que hay que consultar con frecuencia; cada año hay que decidir qué fiestas son oficiales; cada año las empresas y empleados tienen que negociar las vacaciones por las fiestas que se desplazan, porque el 1 de agosto cae en viernes o en miércoles, porque los hijos toman las vacaciones tal día…; a su vez los colegios, institutos y la Universidad planifican un calendario escolar cada año… un montón de esfuerzo y dinero tirados y quebraderos de cabeza a fecha fija (pero aproximada…). En definitiva, que el calendario se inventó para programar la actividad humana -en su día, únicamente agraria- (por eso las religiones tienen tanta afición a controlarlo…) y que si cojea respecto a ese propósito pues lo lógico es pensar en reformarlo.
2. Si te fijas en la primera parte de la propuesta -simplemente que una de las semanas tenga 8 días- el “pifostio” no ha de ser tan grande. Hacer que otra de las semanas tenga 8 días los años bisiestos es un poco más complicado, pero no tanto. La segunda parte de la propuesta no tiene por qué hacerse hasta que la gente se haya acostumbrado al calendario perpetuo.
3. Más pifostio montó el Gregorio ese y hemos sobrevivido…
4. A veces somos un poco cortos de miras. No somos capaces de empatizar con las futuras generaciones que disfrutarán de las ventajas de un calendario perpetuo, porque sólo pensamos en la incomodidad nuestra.
5. Yo no veo nada divertido en que el cumpleaños cambie de dia de la semana todos los años. Tampoco veo especialmente aburrido lo contrario. Te invito a empatizar una vez más: supón que tu hubieras nacido en una época con un calendario perpetuo y tu cumpleaños siempre es en sábado… ¿de verdad pensarías que es más divertido que cambie todos los años?
En fin, entiendo las reticencias y no me esperaba un apoyo en masa. En cualquier caso, ojalá los argumentos en contra sean como los que has expresado tú, porque con estos argumentos sería posible “negociar”. El problema es que hay determinadas instituciones -la iglesia católico-romana, sin ir más lejos- que su argumento sería irracionalmente negativo y/o apoyado en razones religiosas.
29/08/2008, 11:49meneame.net (#9) dice:
Días que nunca existieron…
"Ya saben la que se monta todos los años cada vez que nos libramos de una hora en primavera: astenia, irritabilidad, escozor general y el sentir universal de que en esos 60 minutos íbamos a hacer más cosas que en todo el tiempo que llevábamos …
29/08/2008, 13:10Suso (#10) dice:
#8,
1. No, si yo no dudo que el calendario sea mejorable. Si se tuviese que hacer desde cero está claro que tu opción es muy razonable. Es más, incluso habría que replantearse la duración de las semanas. Quizá podrían ser de 6 días (4 laborables y 2 festivos) o de 8 (5+3) o de 9 (6+3). A mí me gustan las semanas de 7 porque tienen un origen bastante antiguo, y prácticamente en todas las grandes civilizaciones se optó por esa división del tiempo, y en prácticamente todos los casos debido a que eran 7 los astros del firmamento. Ni siquiera el cristianismo consiguió hacerse con el control de los días de la semana (salvo los sábados, domingos y en el idioma portugués). Pero vamos, no es más que una cuestión de sentimentalismos. Si hay que cambiarlo por algo más razonable, no voy a ser yo el que me niegue con ese tipo de argumentos.
2. Conceptualmente el cambio no es grande. Cuando hablo del “pifostio” no me refiero a la complejidad de cambiar el mecanismo del calendario, sino a la complejidad de cambiarlo en tooooooodas partes, incluyendo cientos de millones de ordenadores, y cientos de miles de ellos con sistemas esenciales para nuestra vida diaria. El supuesto beneficio de un nuevo calendario acabaría amortizando el coste enorme que tendría realizar el cambio, pero… ¿en cuánto tiempo se amortizaría? ¿Mercería la pena? Habría que echar unos cuantos números.
3. Bah, en el s.XVI tampoco sería algo muy grave. Me imagino que por entonces era la iglesia católica y cuatro más los que manejarían los calendarios. Y dudo que a gran parte de la población le importase demasiado cuál era el día exacto en el que vivían. Creo que la situación no es comparable con la actual.
4. Me remito al punto 2, donde hablo del coste de realizar el cambio versus el tiempo necesario para recuperar los beneficios. A lo mejor resulta que no es un cambio tan beneficioso para las generaciones futuras como para que merezca la pena embarcarse en él.
5. Precisamente por eso lo digo. Si empatizo al respecto de los cumpleaños, descubro que 5/7 de la población cumplirían años en día laborable, independientemente de en qué día cayese el mío. Evidentemente si te toca siempre en sábado estarías encantado, pero si te toca siempre en lunes es una putada.
29/08/2008, 19:24Manuel (#11) dice:
#10
Bueno, lo de la duración de las semanas es algo poco debatible: 7 días. Creo que todos los calendarios modernos tienen esa duración semanal; aunque no fuera así, esta reforma se plantea al calendario gregoriano, con semana de 7 días.
El ritmo de 7 días es, después del ciclo noche/día, el más importante del hombre moderno (si quieres, occidental). Tendría que haber muy buenas razones para cambiarlo. Es por eso que el Calendario Revolucionario no tuvo éxito, con sus semanas de 10 días. El que esta reforma incluya 1 semana de 8 días entre 52, no es algo que modifique sustancialmente este ritmo.
Hay otros aspectos que no menciono sobre los que habría que tomar una decisión, pero me parecen menores; por ejemplo, el día de comienzo de la semana ¿lunes? ¿domingo?…
Tus cuitas sobre el caos en ordenadores, etc, etc, presuponen que la reforma entra de un año para otro. Yo calculo que ha de haber un mínimo de 20 años entre la adopción de una reforma de este tipo y su entrada en vigor efectiva.
Y, honestamente, lo del cumpleaños me parece de poca enjundia…
Finalmente recomiendo esta página web sobre calendarios [en]:
01/09/2008, 15:28http://www.webexhibits.org/calendars/index.html