La estupidez de la dignidad
Es el título de un excelente artículo de Steve Pinker:
Whatever that is. The problem is that “dignity” is a squishy, subjective notion, hardly up to the heavyweight moral demands assigned to it. The bioethicist Ruth Macklin, who had been fed up with loose talk about dignity intended to squelch research and therapy, threw down the gauntlet in a 2003 editorial, “Dignity Is a Useless Concept.” Macklin argued that bioethics has done just fine with the principle of personal autonomy–the idea that, because all humans have the same minimum capacity to suffer, prosper, reason, and choose, no human has the right to impinge on the life, body, or freedom of another. This is why informed consent serves as the bedrock of ethical research and practice, and it clearly rules out the kinds of abuses that led to the birth of bioethics in the first place, such as Mengele’s sadistic pseudoexperiments in Nazi Germany and the withholding of treatment to indigent black patients in the infamous Tuskegee syphilis study. Once you recognize the principle of autonomy, Macklin argued, “dignity” adds nothing.
El editorial citado, si alguien tiene curiosidad, está aquí, y es corto de leer. Y tiene joyas:
Why, then, do so many articles and reports appeal to human dignity, as if it means something over and above respect for persons or for their autonomy? A possible explanation is the many religious sources that refer to human dignity, especially but not exclusively in Roman Catholic writings. However, this religious source cannot explain how and why dignity has crept into the secular literature in medical ethics. Nor can the prominence of the concept in human rights documents, since only a small portion of the literature in medical ethics addresses the links between health and human rights.
Although the aetiology may remain a mystery, the diagnosis is clear. Dignity is a useless concept in medical ethics and can be eliminated without any loss of content.
Efectivamente, desde mi punto de vista también, cualquier apreciación sobre el sentido de dignidad que vaya más allá del respeto a la propia persona y su autonomía, es completamente vacuo y con un origen divino muy terrestre.
El artículo original de Pinker, enlazado al principio de esta entrada, es extenso y parte de un informe titulado Human Dignity and Bioethics. La realización del informe corrió a cargo de una institución llamada President’s Council on Bioethics. El déjà vu llega cuando leemos su composición:
Two (Adam Schulman and Daniel Davis) are Council staffers, and wrote superb introductory pieces. Of the remaining 21, four (Leon R. Kass, David Gelernter, Robert George, and Robert Kraynak) are vociferous advocates of a central role for religion in morality and public life, and another eleven work for Christian institutions (all but two of the institutions Catholic).
Menos mal que en Madrid, por el momento, tenemos un máximo de un cura por consejo. Casi dan ganas de dar las gracias.
Lean entero el artículo original si tienen un rato. Se entienden de repente muchas cosas relacionadas con las células madre y la política que las rodea. Y lo que nos quedará por sufrir.









Hmmm… Voy a hacer algo que revienta bastante al que ha escrito la entrada: comentar sin leerla en profundidad (prometo volver por aquí a mirarme los links cuando tenga tiempo, Rinzewind). Pero discrepo con parte de lo expuesto. No creo que el concepto de autonomía personal incluya o desplace al de dignidad, simplemente porque se trata de cosas distintas.
La autonomía incluye conceptos como traerle a un moribundo su osito Teddy (o un sacerdote, según prefiera), o explicarle a un paciente en qué consiste la operación antes de que él estampe su firma en un documento jeroglífico. Sin embargo, no se trata de autonomía personal cuando ponemos a una mujer de ochenta años en bolas con la puerta de la habitación abierta, ni cuando comentamos el caso a los pies del enfermo mientras este nos mira pensando que estamos firmando su sentencia de muerte. Por poner dos ejemplos así, a botepronto.
Se trata de cosas distintas, y ambas deben ser respetadas: la autonomía como capacidad del paciente para tomar decisiones, y su dignidad en cuanto acción del médico para no degradar/dañar al paciente.
De todas formas, aviso que volveré para leerme los links…
Comentario por EC-JPR — 15/5/2008 @ 11:52 pm
La dignidad del hombre fue la noción que algunos hombres del Renacimiento utilizaron para contrarrestar la visión agustiniana del pecado, excesivamente pesimista y sesgada en alguna de sus versiones. Sería un anacronismo invocarla actualmente, si no fuera porque puede funcionar como freno ante las derivaciones nihilistas del darwinismo. Pero es cierto que apelar a la dignidad sin más, como argumento “ad baculum”, no ayuda nada a resolver las cuestiones. Tampoco ayudan argumentos misérrimos como éste:
“because all humans have the same minimum capacity to suffer, prosper, reason, and choose, no human has the right to impinge on the life, body, or freedom of another”.
¿Cuál es la “capacidad mínima” a la que se hace referencia? ¿Resulta cuantificable? ¿Y no sería válido sostener que el mismo derecho que tenemos los hombres sobre los animales lo tienen los hombres más dotados sobre los menos favorecidos por la naturaleza?
Comentario por irichc — 19/5/2008 @ 1:48 am
#2: vuelve a leerte ese párrafo. Iguala, precisamente, a todos los hombres. ¿Qué es el hombre más dotado? Evolutivamente hablando, es el que deja más descendencia sobre el planeta, pero eso no le confiere ninguna superioridad de ningún tipo sobre el resto.
Comentario por RinzeWind — 19/5/2008 @ 7:09 am
Los iguala mágicamente, pero no se sigue de su argumentación. Si nuestra diferencia principal respecto a los animales es sólo de grado, hay que encontrar un denominador común que funde nuestro derecho de miembros de una especie. Y éste apelará siempre a la potencia, a la capacidad inmediata de llegar a ser, no a cualidades actuales. Es decir, a cualidades morales (de las que la “dignidad” es sólo un compendio impreciso) y no físicas.
Comentario por irichc — 25/5/2008 @ 2:58 pm
#4: Si nuestra diferencia principal respecto a los animales es sólo de grado, hay que encontrar un denominador común que funde nuestro derecho de miembros de una especie.
Cladística, se llama la criaturita. Y no, no concede derechos.
Comentario por RinzeWind — 25/5/2008 @ 3:51 pm
Vale: más vale tarde que nunca.
Tomo una frase del artículo:
The general feeling is that, even if a new technology would improve life and health and decrease suffering and waste, it might have to be rejected, or even outlawed, if it affronted human dignity.
Sinceramente, no veo cómo una tecnología que mejore la vida y la salud disminuiría la dignidad humana. Y, si disminuye la dignidad, ¿realmente mejora la vida y la salud?
No sé, tengo la sensación de que el autor da una visión sesgada… A estas horas, y después del diíta que he llevado, la que está sesgada es mi capacidad de comprensión. Pero me da la impresión de que el texto cojea:
because all humans have the same minimum capacity to suffer, prosper, reason, and choose, no human has the right to impinge on the life, body, or freedom of another. This is why informed consent serves as the bedrock of ethical research and practice,
O sea, que todo está bien, si la “víctima” lo autoriza. Vamos, que aquel hombre alemán (¿o era austríaco?) que consintió que lo asesinaran para comérselo, actuó correctamente. Pues… como que no lo acabo de ver, ¿eh?
Comentario por EC-JPR — 12/6/2008 @ 2:49 am