Que los seguidores de una realidad alternativa se junten durante un rato un día determinado de la semana en su templo para adorar unicornios y seres afines, pase; cada uno hace con su vida lo que quiere, incluso desperdiciarla. Que por el mero hecho de tener un cargo en una secta, alguien pueda entrar en un comité de ética asistencial en una institución sanitaria pública, no. Lo contaba El País ayer:
[...] “el Servicio de Asistencia Religiosa Católica (…) formará parte del Comité de Ética y del Equipo Interdisciplinar de cuidados paliativos”. Este convenio y el contenido de su cláusula tercera ha provocado el revuelo en el Gobierno regional. Güemes, uno de los firmantes del último convenio, ha limitado, a pesar del texto del acuerdo, la acción de los sacerdotes a “asistir a pacientes o familiares de pacientes”.
En la práctica, según fuentes hospitalarias consultadas por este periódico, los sacerdotes sí participan en estos comités, aunque no sólo como religiosos sino como expertos o especializados en temas de bioética. Hasta estos comités llegan aquellos asuntos delicados y ante los que un médico puede tener dudas éticas. Sin embargo, este comité sólo asesora al médico responsable y, por tanto, no tiene carácter vinculante sino consultivo. El médico puede tomar una decisión contraria.
Efectivamente, parece que el convenio lleva existiendo desde 1997 [1], pero eso no es atenuante, como parece dar a entender El Mundo en su noticia. El ya se hacía así cuando llegamos no suele ser un buen argumento.
Que sea un órgano con una función meramente consultiva tampoco me resulta un alivio: imaginen que, dado el caso, un médico tenga que ir a consultar a un testigo de Jehová su opinión acerca de si se me puede realizar una transfusión (afortunadamente, en ciertos casos se impone el sentido común). En asuntos científicos, alguien que habla en base a sus creencias no tiene autoridad ni para silbar La Barbacoa, ni para emitir una opinión que oriente nada en absoluto. Si el paciente pertenece a esa secta en particular, nada impide que le lean su libro de ficción favorito a petición suya en privado si así lo solicita.
[1] No sé si en su forma actual o si realmente ha habido cambios. Público tiene ambos convenios colgados de su web, pero aún no me ha dado tiempo a echarles un ojo y comparar.




