(El título de ahí arriba es el que originalmente le puse a mi segundo artículo en Público cuando lo envié el fin de semana. Me ha valido más que el anterior para aprender ciertas cosas a tener en cuenta a la hora de publicar en un periódico. Está siendo divertido (y mi redactora jefe es una santa).)
Al principio, fue nuestro planeta un objeto plano flotando sobre un océano infinito y recubierto por la semiesfera celeste. Más tarde, fueron varias esferas, cada una conteniendo un planeta, el Sol, la Luna o las estrellas, girando concéntricamente alrededor de una Tierra situada en el centro del Universo. Posteriormente, el Sol ocupó tan privilegiado espacio en el cosmos.
Hoy, sabemos que no ocupamos ningún lugar particularmente relevante, que las órbitas de los planetas son elípticas en lugar de circulares y que las estrellas son objetos lejanos que muy probablemente jamás seremos capaces de alcanzar. El conocimiento sobre el firmamento y los elementos celestes ha seguido un paso lento, pero inexorable, hasta llegar al modelo utilizado hoy por la comunidad científica. Y uno de los mejores ejemplos de la necesaria divulgación para acercar ese conocimiento al público se encuentra en el Planetario de Madrid, y en el curso de introducción a la astronomía y la astrofísica que viene realizando anualmente desde hace quince años de forma ininterrumpida.
La última edición se cerró el pasado 13 de marzo con una sesión de observación astronómica en la explanada frente a sus instalaciones en el parque de Enrique Tierno Galván.
La cúpula de proyecciones del planetario es, posiblemente, uno de los mejores lugares en los que el estudiante puede familiarizarse con los objetos de la esfera celeste. Durante parte de las nueve sesiones en las que se divide el curso, de dos horas de duración cada una, se van dando respuesta a multitud de preguntas que cualquier persona curiosa se ha hecho alguna vez al mirar hacia el cielo: ¿Qué son las constelaciones? ¿Por qué siempre vemos la misma cara de la Luna? ¿Acaba en Plutón el Sistema Solar?.
El temario del curso no se compone únicamente de astronomía (un término muy propenso a ser confundido con la rentable superchería de la astrología). Algo menos de la mitad de las horas se dedican a realizar una introducción básica a la astrofísica, explicando las leyes que gobiernan los cuerpos celestes y que permiten acercarse a la comprensión sobre qué es un agujero negro. Finaliza dando unas leves pinceladas a las teorías que intentan explicar el origen del Universo.
En esta edición, se agotaron las plazas (250) durante los primeros minutos tras la apertura de la inscripción y otros años no han sido diferentes. “Siempre hemos tenido un lleno total”, comenta Asunción Sánchez, directora del Planetario. “Obviamente, no es un curso para niños, sino para gente que tenga unas ciertas inquietudes. El público que asiste es muy heterogéneo: hay desde universitarios que se apuntan por conseguir algún crédito hasta profesores que quieren saber más sobre el tema para poder explicarlo mejor”, añade.
El curso cuesta 100 euros y, en todo caso, el Planetario de Madrid no es el único centro en España que organiza cursos de este tipo. La Casa de las Ciencias de La Coruña y el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, entre otros, tienen una oferta similar en sus instalaciones. Además, a este acercamiento de la ciencia al público que realiza el Planetario de Madrid, también contribuyen las charlas esporádicas que realizan algunos científicos de la NASA que viajan a la base aeroespacial de Robledo de Chavela.
Es curioso recordar que, en 1650, James Ussher, arzobispo de Armagh (Irlanda), calculó que el mundo había sido creado en el año 4004 A. C.; concretamente, el 23 de octubre. Advertía Nicolás Cardiel, profesor del Departamento de Astrofísica de la Facultad de Ciencias Físicas de la Universidad Complutense de Madrid y ponente de la última sesión del curso: “Quizá estemos tan equivocados como el arzobispo. No tenemos por qué tener derecho a entender todas las cosas. Pero lo podemos intentar”.
Bajo una cúpula llena de estrellas artificiales y resaltando la humildad del método científico frente a los mitológicos transcurría la última clase de esta entrega de una labor tan difícil como es explicar la astronomía de forma comprensible a los curiosos que quieran respuestas a sus preguntas.
Actualización: me respondió Javier Armentia anoche, tarde para incluirlo en el artículo, que en el Planetario de Pamplona (Pamplonetario) montarán en mayo algo similar a lo que hicieron en 2006 en su curso de astronomía de aquel año.



Hasta nueva orden, el sistema solar termina en Neptuno.
#1: sí, pero yo me refiero a que si hay algo (no necesariamente cuerpos más grandes) más allá de Plutón, no a cuál es el último planeta :-p
#1: pero sí, de todas formas esa frase podía haber estado mejor escrita.
#1: y añado. El Sistema Solar no es sólo el sol y los planetas de alrededor. Aunque el último planeta sea Neptuno, antes de él está el cinturón de asteroides, que tiene cuerpos pequeños también en órbita. Más allá de Neptuno hay objetos que, sin ser planetas, son elementos del sistema.
VALE, GENIO, ya has dicho tu nombre. SIESJJJSQUE …
#5: mi nombre está puesto en la sección de “Acerca de este blog” (arriba, la derecha) desde hace años.