Prometo (por enésima vez[1]) que nunca más me ocurrirá esto, y que los libros que me vaya leyendo irán saliendo aquí reflejados puntualmente. Incluso estoy tomando anotaciones, de cuando en cuando, del que tengo entre manos ahora mismo, para poder hacer una crítica más larga de lo habitual. Pero ahora, sin más demoras, los cinco anteriores:
The Man in the High Castle (Philip K. Dick)
Los nazis han ganado la Segunda Guerra Mundial. Con Europa bajo su garra de acero, los Estados Unidos están divididos: los alemanes en la costa oeste y una zona oriental nipona. En medio, una tierra de nadie supuestamente neutral, un escritor ha publicado un libro que presenta un futuro alternativo, una historia paralela en la que los alemanes mordieron el polvo todavía en Europa y el mundo es un lugar completamente diferente.
Podría decir que es el libro menos dickiano que me he leído. Sin embargo, eso sería llevarse a engaño: la verdadera fantasía oculta, esa realidad escondida de la que los personajes no son conscientes hasta el final, se manifiesta en esta obra de una forma mucho más sutil que en el resto de las historias del autor en las que el concepto está, generalmente, más presente, más evidente, más explícito: Ubik, The Three Stigmata of Palmer Eldritch o We Can Remember It for You Wholesale podrían valer de ejemplo. Podría decirse que es una novela que gira en torno a unos falsificadores de antigüedades en una época en la que la gente adinerada intenta encontrar una referencia histórica en objetos que tuvieron un pasado; en torno a una mujer que no tiene claro si su pareja es la mejor de las elecciones posibles; en torno a un embajador japonés repugnado por el barbarismo alemán, pero no lo es. Eso es sólo la excusa.
Cuentos completos II (Isaac Asimov)
¿Qué decir de esto? Asimov debería ser objeto de lectura obligatoria en clase, cuando aún somos pequeños y la sola idea de leer las desventuras de una vieja cosehímenes hace que muchos se olviden de la literatura para siempre. Es más: leerse algún cuento corto de este hombre debería ser obligatorio para sacarse el DNI. ¿Qué mejor explicación de lo que es realmente la identidad que El Hombre Bicentenario sin sufrir a Robin Williams? Eso es impagable.
A Confederacy of Dunces (John Kennedy Toole)
La primera vez que me encontré con Ignatius, reconozco que me repugnó. Tras una veintena de páginas en su compañía, me empezó a parecer una versión crecida de Eric Cartman. Llegando al medio centenar empecé a cogerle un cierto cariño. Pasada la mitad del libro, y a base de encontrarme parecidos con él (¡díganme, por favor, que no he sido el único!), lo percibí simplemente un incomprendido que luchaba por un mundo mejor. A su manera completamente estúpida y equivocada. Y con un definición de mejor que posiblemente la mayoría de la gente no comparta. Pero la causa era noble al fin y al cabo.
Afortunadamente, la madre del autor consiguió que esta obra se publicase: John Kennedy Toole se suicidó sin conseguir que ningún editor se interesase por ella. Teniendo esta joya entre las manos, quién sabe qué más podría haber salido de la mente de este hombre.
The zombie survival guide (Max Brooks)
Mientras ustedes están sentados tranquilamente en sus salones o tirados en la cama de su habitación con la vista fija en la pantalla del portátil, yo probablemente estaré cargando fardos de latas en conserva hacia mi trastero. Tengo controladas las rutas de entrada y salida, un coche acorazado con el maletero lleno de armamento en la plaza de garaje y suficientes pastillas potabilizadoras para varias semanas escondidas en un altillo.
Yo antes llevaba una vida despreocupada como la suya, pero ahora estoy avisado. Ustedes también deberían prepararse para cuando llegue el momento: no se me ocurre cosa mejor que la lectura de esta guía (¿ficticia?) de supervivencia. No digan que no les advertí.
Apathy and other small victories (Paul Neilan)
Ignatius me mantuvo entretenido con media sonrisa en la cara durante prácticamente todas desventuras. Con Shane, el protagonista de este libro, me encontré riendo como un idiota por primera vez desde hace mucho tiempo en un vagón de Metro abarrotado de gente. La apatía a la que hace referencia el título sitúa al protagonista como un exponente destacado del duderismo, jugando en la liga de la gente que se tira a la mujer de su casero, soporta estoicamente a su sexualmente ruidoso vecino de arriba y roba compulsivamente saleros en los bares. Para empezar.
[1] Aunque mucho me temo que no será la última vez que lo incumpla.



Pero mojate más! Como diantres interpretas el final del Hombre en el Castillo? Lo que es yo no entendí nada de nada… Dime algo por favor!!!!
Yo he tenido mi época Philip K. Dick. Me sigue gustando, pero no con la misma “pasión” que antes. Eso sí, “The Man in the High Castle” es el único que me sigue pareciendo una obra maestra. Es sencillamente genial. No solo la trama (con todos sus niveles) o la historia paralela, sino el uso del lenguaje (la forma de hablar de los japoneses en inglés, los alemanes, etc.)
Natchukutat’l, tal como yo lo entendí, la historia “real” es la nuestra (Alemania perdió la guerra), y los personajes del libro son eso, personajes de un libro de ficción sobre historia alternativa. Y uno de esos personajes escribe un libro sobre historia alternativa (que se parece a la nuestra pero no exactamente). La clave es que el I Ching “corta” a través de los niveles de realidad y mundos paralelos, y le indica a los personajes del libro que a lo mejor su realidad no es la “real”.
qué casualidad, también he terminado recientemente “el hombre en el castillo” (tal día como el domingo pasado) y, en este caso, el primer volumen de los cuentos completos de asimov, de quien también leí “fundación” el verano pasado. estoy de acuerdo con lo que dices acerca de asimov. no sé qué prejuicio me hacía tenerlo muy por debajo de pkd como escritor de ciencia-ficción. evidentemente, estaba equivocado.
por cierto, me parece curioso en los cuentos de asimov que el soporte de información por antonomasia sea el microfilm.
Pués estaba pensando en empezar con el hombre castillo, esto ha sido el punto de infelexión.
mañana empiezo
Hombre, Rinze, no caigas en el amarillismo gratuito. Fernando de Rojas no sólo describió perfectamente el cambio de la sociedad medieval a la moderna, sino que plasmó en un solo personaje toda la maldad y bajeza de la que es capaz un ser humano, creando un personaje que ha influido en toda la literatura personal y ha trascendido al lenguaje ordinario. Aunque aquí esté de moda despreciar lo propio, es una obra conocida y leída por ejemplo en todo el mundo académico anglosajón, y no sólo no es infrecuente conocer a universitarios gringuitos que la hayan leído, sino que una de las ediciones canónicas publicadas en España fue preparada en parte por un inglés. Muchas veces sorprende ver cómo lo que despreciamos aquí causa envidia en otras partes.
Lo del amor por la literatura es como el mínimo de educación: si no lo llevas ya aprendido de casa, no hay nada que hacer en el colegio. Y como está de moda generalizar de forma absurda con el propio caso y ser ejemplo de lo que debería ser un sistema educativo, yo me leí la Celestina en clase de literatura de 2º de BUP, que fue un verdadero infierno por la japuta de la profesora, Asimov me lo leía en casa porque me gustaba y aquí estoy tan ricamente sin mayores traumas personales ni literarios. Y la verdad, para comprender desde el punto de vista la identidad humana antes que El hombre del Bicentenario recomendaría La condición humana de Malraux, La peste y El primer hombre de Camus, Kaputt de Curzio Malaparte y Misericordia de Benito Pérez Galdós, que eso sí que te deja con mal cuerpo y no El Orfanato.
A Asimov lo tengo en un pedestal en cierto modo, pero el Buen Doctor también tenía lo suyo. Nunca se adaptó del todo a las nuevas tendencias posteriores a la Edad de Oro e incluso después de casarse con su segunda mujer, la psiquiatra, metía alguna especulación psicológica o medio sexual con los personajes que quedaba como un pegote, desde luego no era lo suyo. Posteriormente, si uno lee alguno de sus ensayos sobre literatura, tenía una visión muy pobre y unas lecturas poco asimiladas, por muy inteligente que fuera, y se atrevía a menospreciar a Kafka y Proust (muy valiente, tambíen, a ver si hubiese tenido huevos a decir lo mismo de Joyce y Faulkner). Su crítica nada menos que a 1984 de Orwell es tan de vergüenza ajena que da la impresión de que leyó un libro completamente distinto que el resto de la humanidad.
Bueno, ahora también está muy de moda decir que es un anticuado y muy malo, tanto desde el punto de vista de los que quieren una ciencia-ficción más especulativa o poética, como a los que sólo les gusta el hard a lo bestia. Hay otros que también reniegan de Dune, los muy descastados.
De las lecturas de Dick todavía no me he repuesto del todo, y constantemente, como todo hijo de vecino, me encuentro en situaciones kafkianas o dickianas que desafían la poca cordura que me queda. Sobre todo son raras de narices sus últimas obras, las que se llaman del Período Metafísico, cuando estaba chaveta perdido: son realmente estupefacientes. Aquí podéis ver un ejemplo de lo que digo.
#5: a lo que me refiero es a que, en una época en la que las hormonas hacen estragos y el 90% de la gente que va a clase ve los libros en las estanterías de sus padres, no puedes intentar iniciar a alguien en la lectura con obras que, sin menospreciar su valor cultural, social y literario, son complicadas de leer y, en muchos casos, sin las preparación necesaria aburren. Hay que empezar por cosas sencillas. ¿Qué tiene de malo analizar cosas un poco más animadas? Cuando me mandaron leer La Celestina me entraron ganas de cortarme las venas. Otro profesor nos mandó “El señor de las moscas” y no hay color. ¿Que sigue siendo una obra complicada? Pues sí: pero mucho más cercana al alumno que los cuentecillos de la alcahueta.
A mi me mandaron “Sin noticias de Gurb” y no pudimos hacer el examen sobre el libro porque nos pasamos la hora todos descojonandonos con las anécdotas (profesor incluído).
Toda la clase lo leyó, sin excepciones. Incluso el pavo aquel de la ultima fila que pasaba de todo.
#6 Método cultural espartano: camina o revienta. Rendirse nunca, retroceder jamás.
Lo que no puede ser es que en España sólo citen a los clásicos Dragó y el niño sarasa que sale en Aída. Así ej que no vamos a ninguna parte.
Joder, por lo visto lo de la Celestina es una plaga. Yo también me lo tuve que tragar. ¡Por qué cojones mandarán esos libros? Yo, la verdad, es que me inicié en la lectura con los tebeos de Mortadelo Y Filemón y luego pasé a Los Cinco, porque los tenían mis hermanos. Luego ya fui a cosas más serias, pasando por Julio Verne. Pero, desde luego, si hubiera sido por los libros que me mandaron en el instituto ahora mismo no leería ni la etiqueta del champú. Cuando tenga más tiempo buscaré alguno de los libros que habéis mencionado. De Asimov he leído unos cuantos, los Cuentos Completos son buenísimos. Pero a mí, la verdad es que los libros de narrativa histórica son los que más me tiran. Los de la serie de Rob J. Cole, sobretodo el Médico, para mí son la hostia.
*sobre todo
A mi el trauma me lo causó “Fuenteovejuna” en primero de BUP. Me extraña que me haya acercado de nuevo a un libro después de semejante tostón. Hay que ser animal para encargar la lectura de semejante pestiño a críos de catorce años y pretender que alguno vuelva a leer.
Sobre Asimov, habiendo disfrutado como un enano de la Fundación y de algunos relatos cortos, creo que el ser demasiado prolífico le llevó a escribir algunas cosas que dejaban bastante que desear, como podría ser bastante de la saga de los robots, en los que algunos desenlaces, y la trama que desenlazaban, me parecieron extremádamente débiles.
(¡díganme, por favor, que no he sido el único!)
Ignatius es mi segundo nombre.
xD
Bueh, si te sirve de consuelo, un servidor casi abandona el ateísmo tras descubrir a Ignatius (o en su defecto, Kenedy Toole).
A mí La conjura de los necios me hizo su gracia, pero no la termino de ver redonda. Su otro libro, La Biblia de neón, no suele ser muy comentado. Yo no lo he leído.
#14: a mí me mata el final. No sé cómo tendría que ser para que estuviese mejor, pero sé que el que tiene no me llena.
La gracia de La Biblia de Neón es que el autor la escribió con tan sólo 15 tiernos años; siendo ésta una novela literariamente correcta y con una crítica al conservadurismo social de la América Profunda (especialmente en el aspecto religioso) en clave de drama familiar con toques de humor.
Hoy en día y por mucho menos, le hacen una buena reseña a cualquier novelista de cuarenta primaveras y gafas de pasta.
Por otro lado, Rinze, imagino que el final de la Conjura te habrá jodido tanto como a un servidor debido a que
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da tantísimo pie a una segunda parte en Nueva York con vistas a ser más disparatada y genial aún que los inicios de Reilly en N. Orleans, que jode cosa mala saber que ésta jamás llegará.
Pena de suicidio, tú.
Recomiendo vivamente “La Biblia de Neón” (el otro de John K. Toole) a pesar de la sórdida historia acerca de su publicación (posterior al éxito de “La Conjura de los Necios” y con un montón de aspirantes a herederos dándose de leches por los derechos). Si es realmente obra de Toole, es que ese tipo era un genio capaz de hacer maravillas en dos géneros completamente distintos. Si no es obra de Toole, es que hubo dos genios distintos.