Archivo de Enero, 2008

Hace mucho tiempo escribí una historia sobre una pareja que decidió tomar medidas imaginativas para forzar el cierre de su cuenta de MySpace. Ahora, gracias al blog de Richard Dawkins, también tenemos la manera de borrar los grupos de forma fácil y sencilla:

Social networking site, MySpace.com, panders to religious intolerants by deleting atheist users, groups and content.

Early this month, MySpace again deleted the “Atheist and Agnostic Group (35,000 members). This deletion, due largely to complaints from people who find atheism offensive, marks the second time MySpace has cancelled the group since November 2007.

What’s unique in this case is that the Atheist and Agnostic Group was the largest collection of organized atheists in the world. The group had its own Wikipedia entry, and in April won the Excellence in Humanist Communication Award (2007) from the Humanist Chaplaincy at Harvard University and the Secular Student Alliance.

A la hora de escribir estas líneas, el grupo sigue estando inaccesible.

In a college psychology class, I had read a treatise on comedy explaining that a laugh was formed when the storyteller created tension, then, with the punch line, released it. I didn’t quite get this concept, nor do I still, but it stayed with me and eventually sparked my second wave of insights. With conventional joke telling, there’s a moment when the comedian delivers the punch line, and the audience knows it’s the punch line, and their response ranges from polite to uproarious. What bothered me about this formula was the nature of the laugh it inspired, a vocal acknowledgment that a joke had been told, like automatic applause at the end of a song.

A skillful comedian could coax a laugh with tiny indicators such as a vocal tic (Bob Hope’s “But I wanna tell ya”) or even a slight body shift. Jack E. Leonard used to punctuate jokes by slapping his stomach with his hand. One night, watching him on “The Tonight Show,” I noticed that several of his punch lines had been unintelligible, and the audience had actually laughed at nothing but the cue of his hand slap.

These notions stayed with me until they formed an idea that revolutionized my comic direction: What if there were no punch lines? What if there were no indicators? What if I created tension and never released it? What if I headed for a climax, but all I delivered was an anticlimax? What would the audience do with all that tension? Theoretically, it would have to come out sometime. But if I kept denying them the formality of a punch line, the audience would eventually pick their own place to laugh, essentially out of desperation. This type of laugh seemed stronger to me, as they would be laughing at something they chose, rather than being told exactly when to laugh.

Cuando las risas no vienen marcadas por grabaciones enlatadas, platillos de batería ni un luminoso. Being Funny, un magnífico texto de Steve Martin. Un tío que a mí, francamente, no me suele hacer ni puta gracia.

Se ofrece voto al mejor postor para las elecciones generales de marzo del presente año. Me la sudan las ideas sobre la redistribución realmente progresiva de la riqueza, la inversión en infraestructuras, el I+D, los servicios públicos, los trabajadores autónomos, los que no llegan ni a mileuristas y las estúpidas ideas sobre ayudar más a quién más lo necesita. Estoy en esto por la pasta.

Precio de salida: 400 euros demagógicos. Rebaja del precio a cambio de Wii negociable.

Razón aquí.

Letra EscarlataLa letra que adorna este artículo es el emblema de una campaña de salidas del armario, pero diferentes a las habituales: pide a los ateos que anuncien su descreimiento alto y claro.

Esto no es un problema (por norma general) en Europa (pongo el caso de la zona en la que vivo), pero en otras puede ser hasta peligroso. Ya lo dice Richard Dawkins (cuya fundación creó esta iniciativa) en el texto de introducción a la campaña:

Our OUT campaign will have nothing, repeat nothing to do with outing in that active sense. If a closet atheist wants to come out, that is her decision to make, and nobody else’s. What we can do is provide support and encouragement to those who willingly decide to out themselves. This may seem trivial to people in parts of Europe, or in regions of the United States dominated by urban intellectuals where support and encouragement is unnecessary. It is anything but trivial to people in other areas of the United States, and even more so in parts of the Islamic world where apostasy is, by Koranic authority, punishable by death.

En los Estados Unidos se realizaron varias encuestas con las religiones como transfondo. Atención, pregunta: dado un candidato presidencial válido, ¿qué característica haría que usted no le votase?

Catholic: 4%
Black: 5%
Jewish: 6%
Baptist: 6%
Woman: 8%
Mormon: 17%
Muslim: 38%
Gay: 37%
Atheist: 48%

Aunque claro, al menos allí se lo preguntan. En otros sitios ni se les pasaría por la cabeza.

La situación aquí tampoco es para dar saltos de alegría: todavía tengo que ver que un presidente de España proclame su ateísmo al ser preguntado por ello, y luego recuerdo que estamos en un país en el que el cargo se jura frente a la imagen de un cadáver crucificado en ropa interior[1]. Si bien es cierto que en este país nadie puede ser obligado a declarar sobre sus creencias, me gustaría saber si el tío por el que doy mi voto cree que tiene una relación telepática con un viejo cósmico espacial. Por cambiar de candidato, digo.

De todas formas, entendí que esta campaña estaba más orientada a otras tierras y la dejé pasar. También me daba un cierto repelús el hecho de ponerme una chapa en la solapa: “Yo no oigo voces. Pregunte cómo”. Sé que simplemente es una imagen (¡otra más!) y un enlace en la barra de la derecha, pero no me terminaba de sentir cómodo.

En resumen, que dejé pasar el asunto y lo olvidé completamente, hasta hace pocos días, cuando Txapulín y Su anunciaron que ya valía de tonterías (el primero) y que se lo iba a hacer mirar (la segunda). En esta época en la que, de nuevo, algunos sectores de la población quieren modelar las leyes de acuerdo a su pieza de ficción favorita, estas declaraciones de intención tienen mucho sentido.

Así que creo que la campaña puede estar bien, pero pasándome los símbolos por el forro y dejando que cada cuál haga lo que estime conveniente. Así que: si alguien de los que está leyendo esto sigue escondido en el ropero, que se plantee la posibilidad de darle la patada a la puerta y salir a tomar un poco de aire fresco. Y que en los armarios sólo queden las polillas.

[1] Afortunadamente, los autores de ese cuento nos ahorraron el trauma infantil de entrar en la iglesia a presenciar un empalamiento. Casi me entran ganas de sentir alivio porque decidiesen que remacharlo a unos postes quedaba poético.

Llevo desde finales de agosto viviendo en la casa que no es de mis padres. No me traje demasiadas cosas: la ropa que tenía en el armario y un puñado de libros que aún no me había leído y que ayudaron a rellenar un poco la estantería más barata que pude encontrar en Ikea, de donde también saqué una mesa trapera (apenas un tablero con sus cuatro patas, que además quedaron levemente cojas cuando las monté, pero nada que no arregle un trozo de papel doblado varias veces) y una pequeña cajonera.

También me traje el ordenador, claro; un regalo de mi padre por terminar la carrera (¡de una puta vez!, añadiríamos los dos) y que llegó justo antes de que se colapsase el anterior, que me acompañaba desde principios de siglo. En las cajas de la mudanza también entraron mis guitarras y algún póster.

El resto de mis compañeros de piso también trajeron sus cosas, pero hay un objeto que no estaba en las mochilas de ninguno: no tenemos televisor. Sí es cierto que tenemos un sintonizador que se conecta a un monitor de ordenador; también es verdad que me parece que se utilizó un par de veces al principio para ver partidos de baloncesto, pero ahora coge polvo en un rincón. A mí, que el deporte en directo por televisión no me dice nada, la situación me sirve para darme cuenta de que la ausencia de televisión no produce mono.

No es que antes la viese mucho, pero una cosa es no utilizar algo frecuentemente y otra prescindir por completo. He de decir que el síndrome de abstinencia, si lo hubo, fue tan breve y ligero que lo sudé durmiendo la primera noche de verano que pasé aquí.

Las cadenas de televisión están empezando a subir sus vídeos a YouTube, multitud de documentales están disponibles en Google Video, sin las restricciones temporales que impone la parrilla, y sin los cambios repentinos de la contraprogramación. Las series y las películas se pueden conseguir, sin cortes publicitarios, por los cauces habituales. La televisión, en resumen, es una copia mala, del streaming y del P2P, con publicidad añadida y restringida en contenido -puesto que generalmente ya ha pasado un filtrado para adaptarse a lo que la mayoría prefiere ver y poder enganchar anuncios- y en tiempo.

Lo que antes no veía, ahora lo sigo sin ver. Currys Valenzuelas, tomates y corrillos de hombres en pantalón corto pateando un balón se han quedado en standby permanentemente. Del resto, con las ventajas de ofrece el formato televisivo, tengo lo mismo con una presentación mucho mejor, cuando a mí me da la gana y sin que salga El Corte Inglés a mitad del episodio a venderme felicidad encorbatada.

Pruébenlo. Apaguen la televisión una semana entera. Si pasado ese tiempo no la quieren volver a encender, bienvenidos. Si la idea les produce aversión inicialmente, piensen que la campaña electoral ya está aquí y ellos van a estar apareciendo día y noche intentando comprarnos el voto.

Tira de Forges
Candorville

(Visto en la lista SKEPTIC.)

Africarexia

Es otra paja mental de micockringnomedejapensar.