La abundancia de tiempo libre, cuando se disfruta de forma despreocupada durante largas temporadas, provoca una reacción contraria en el individuo ocioso que hace que se apunte a un bombardeo sin pensar demasiado en las consecuencias.
Sí, el del párrafo de arriba soy yo (bueno, yo soy uno de los afectados por la dolencia). Sin comerlo ni beberlo, me encuentro saliendo de casa poco antes de las nueve de la mañana todos los días y volviendo, por norma general, poro después de las nueve de la noche. Entre medias hay únicamente trayectos cortos de Metro y algunos de los días simplemente estoy en el mismo sitio de principio a fin de la jornada.
Esto, per se, no es malo en absoluto. Ya conocen el dicho: encuentra un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar nunca. Tengo la suerte de tener uno de esos.
Pero esto es simplemente un pensamiento en alto justo ahora que llega el fin de semana: si de repente se encuentran tirados en la cama, o en el sofá, con la vista fija en el techo pero enfocada al vacío y les da por pensar “debería hacer algo”, no lo hagan. Algún día echarán de menos ese momento.









A mí lo que me mosquea es que cuando llevas un tiempo sin parar, cuando tienes un ratito de quedarte traspuesto en el sofá piensas: “Aaaargh, estoy aquí tirao con todo lo que tengo que hacer…”
La inercia mental es un hecho…
Hay que aprender a parar un rato y tocarse las pelotas. A veces cuesta, pero puede resultar muy gratificante.
Ay qué tarde he leído esto!
;-)
¡Amén! Yo estoy de 9 a 19 h y se me hace el tiempo libre cortísimo. Me gusta mi nuevo trabajo, pero me está matando.
Creo que este es un consejo para ponerse en algún sitio bien visible…