31 de octubre de 2007. Esta noche, como otras tantas en años pasados, y las que quedan por venir, miles de personas se lanzan a las calles en todo el mundo a celebrar que ha terminado la cosecha disfrazándose de cosas que dan miedo con el objetivo de reírse del pánico en su cara.
Pero la fiesta se ha ido descafeinando con los años. Disfraces de esqueleto. De fantasma. De diablo.
¡Buh! ¡Soy el espíritu de una de las brujas de Salem!
El nivel de dificultad es bajísimo. Cualquiera se ríe de cosas que hace doscientos años mantenían en vilo a las madres mientras acunaban a sus hijos. Como rito podía estar bien hace siglos, pero el sistema está caduco. Aunque no sea practicante, propongo: ¿y si actualizamos la fiesta? Imagínense qué disfraces: de jeringuilla tirada en un parque con la que juega un niño. De preservativo pinchado del que nadie se percata. De prueba médica que hay que repetir porque no está clara.
¡Buh! ¡Soy una anciana abandonada por su familia que morirá sola mientras el banco se queda con su casa!
Yo creo que, este año, si me da por disfrazarme, voy a sembrar el pánico de verdad: utilizaré el mismo traje que aparece en el primer sketch de Attention Scum[1] e iré de Incertidumbre. No me miren así, nadie elige sus demonios.
[1] Si no la han visto, están tardando. Aunque estén en el trabajo. Su jefe lo comprenderá.
[tags]halloween[/tags]






