No sabía cómo titular este artículo. Barajé varias posibilidades pero ninguna me terminó de convencer; al final, tiré por el camino más corto, más fácil y, en el fondo, más efectivo: copiar el título del artículo original que leí hace unos días.

El asunto versa sobre una vieja batalla: el enriquecimiento del dominio público vs. el enriquecimiento de los creadores. Los primeros párrafos de la noticia resumen muy bien de qué va todo:

Los familiares de las estrellas de rock de los cincuenta podrían quedar en algunos casos en la penuria cuando, pasado medio siglo, caduquen los derechos de autor de los intérpretes, según ‘The Times’.

Esta semana, por ejemplo, se celebra el 50 aniversario de ‘Cumberland Gap’, el sencillo de Lonnie Donegan que representó el primer éxito de ventas en el Reino Unido.

Bajo la legislación actual, los intérpretes se benefician de los derechos de autor durante medio siglo, por lo que la viuda de Donegan perderá esos derechos el próximo año, según informa el citado diario.

Lo que está pidiendo la viuda de Donegan (al que Mark Knopfler dedicó una bonita canción: Donegan’s gone) es la extensión de los derechos de explotación. Actualmente, en la Unión Europea cualquiera puede publicar obras con más de 50 años de antigüedad, aunque los derechos del autor no se pierden como dice la noticia, sino que se extienden hasta 70 años después de la muerte del creador de la obra.

De la solicitud de extensión de esos derechos de explotación a la solicitud de la extensión de los derechos de autor en su conjunto, un paso. Un paso chungo que no sería la primera vez que se ve.

Que una obra entre en el dominio público (y estrictamente hablando no estamos tratando ese tema, pero es al que llegaríamos inevitablemente y al que -no les quepa duda- llegaremos tarde o temprano) no es una tragedia: al contrario, enriquece el abanico de fuentes de las que cualquier persona puede beber si desea modificar alguna obra para cualquier uso. Las obras de Poe están en el dominio público, así como el Quijote y las sinfonías de Beethoven. Cualquier puede hacer una adaptación de El Cuervo, del capítulo de los molinos o de la 9ª Sinfonía y no tiene que pedir permiso a nadie. El grupo The Verve utilizó una secuencia de cinco notas de una canción de los Rolling Stones y la cosa terminó como el rosario de la aurora.

Ceder ante los zelotes del copyright (sean bienintencionados, como no me cabe duda que es esta señora, o percibidos directamente como seres malignos que llegan a intentar censurar un número) nos lleva a encarcelar la cultura bajo las restricciones de la propiedad intelectual, como le pasó a Mickey Mouse. La siguiente gráfica es exactamente tan perversa como parece una vez que se ha entendido qué representa:

Mickey Mouse contra el copyright

La línea en color azul oscuro es la edad de Mickey Mouse, nacido en 1928 en el corto Steamboat Willie. La línea en azul claro es la duración del copyright de acuerdo a la legislación americana. A base de sucesivas reformas, el ratón orejudo nunca alcanza la libertad del dominio público. Teóricamente, será libre en 2019, salvo que una nueva reforma vuelva a tirar de la línea celeste hacia arriba. No podemos dejar que las canciones del señor Donegan sigan por el mismo camino.

(Gracias a los muchachos de la lista Creative Commons España por ayudarme, de una vez por todas, a encontrar la gráfica de ahí arriba; y al señor Iván Sánchez por asesorarme en un par de puntos turbios.)

[tags]mickey, mouse, donegan, dominio, público[/tags]

9 comentarios

  1. kikito (#1) dice:

    Ya lo sintetizaron estupendamente en South Park.

    “¡Oh dios mío! ¡Están condenados a una vida de semilujo!”

  2. meneame.net (#2) dice:

    ¿Se acabo el chollo? Las familias de las estrellas de los 50 en la ruina…

    Los familiares de las estrellas de rock de los cincuenta podrían quedar en algunos casos en la penuria cuando, pasado medio siglo, caduquen los derechos de autor de los intérpretes, según ‘The Times’. Esta semana, por ejemplo, se celebra el 50 a…

  3. Fabel (#3) dice:

    Debo ser una especie de psicopata peligroso porque me surgen instintos homicidas cuando leo cosas como esta. Los derechos de autor no deberían heredarse, y muerto el autor muertos los derechos. Esto solo favorece la exitencia de “chupopteros”. Patentes de software, laboratorios farmaceuticos, Hollywood y sus estudios… y la lista sería interminable. Si con una cerilla pudiese prenderle fuego a todo aquello que ha hecho de la codicia su forma de gestión y que justifica cualquier medio para lograr su fin, no lograría hacer del mundo un lugar mejor, tan solo vería un infierno a mi alrededor. Pero yo no soy más que un delincuente que se baja las canciones de internet y sólo se compra aquellos discos o juegos que le gustan de verdad…

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  4. Vivir del aire at Al fondo a la derecha (#4) dice:

    [...] Lo cuentan en Las penas del Agente Smith: [...]

  5. Camarada Bakunin (#5) dice:

    El daño que hizo el jodío Walt cuando parió al cabrón de Mickey… A la baricadoj!

  6. Daniel (#6) dice:

    ¿La legislación americana? ¿Y cuál es ésa? No les hagas el juego tú también, anda.

  7. RinzeWind (#7) dice:

    La que los americanos se empeñan en exportar por donde quiera que pasan.

  8. Daniel (#8) dice:

    Me refiero a hacerles el juego de llamarlos «americanos», como ellos se arrogan en su prepotencia, a quienes no son más que estadounidenses, o aun yanquis.

  9. LAH (#9) dice:

    si con esos derechos sacados durante 50 años no se han asegurado el futuro, ¿que mas quieren? ¿que sean eternos?

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