Papá Oso nos regaló el otro día un recopilatorio de frases sobre religión que recomiendo encarecidamente que se lean. Sin embargo, falta una de las que más me ha gustado últimamente, del tío Douglas, que en un momento de extrema lucidez dijo:
Isn’t it enough to see that a garden is beautiful without having to believe that there are fairies at the bottom of it too?
Que viene a decir que es suficiente ver que un jardín es bonito sin tener que pensar que en alguna parte de ese jardín hay hadas.
Todo esto realmente viene a colación porque tengo una de esas historias entrañables, nostálgicas y absurdas para ilustrar la cita. Permítanme que me ponga en modo abuelo.
La breve anécdota tiene lugar durante mis más breves todavía vacaciones en Grecia de la semana pasada cuando, volviendo a las tantas de la noche a casa del colega que tuvo a bien alojarnos, una de mis coexpedicionarias dejó escapar una exclamación de sorpresa porque había visto una estrella fugaz. De lado a lado del cielo, decía. Debió de ser espectacular (yo no la vi porque estaba muy ocupado mirándome las puntas de los zapatos, una costumbre que tengo y que es muy útil porque les previene -y estoy seguro de ello- de salir corriendo cuando no les vigilo), porque estuvo un rato fuera de la casa mirando al firmamento por si pasaba otra.
Añado el detalle de que la muchacha en cuestión estudió astrofísica[1]. A estas alturas ya deberían sospechar por dónde van los tiros. Ella sabía perfectamente que el rayo que cruzó las estrellas no era una señal divina.
No era un ángel quemándose el hocico en la reentrada.
No era un ente que concediese deseos (y mucho menos un puñado de polvos con aroma a vainilla).
No era un dardo arrojado por ningún dios contra un demonio travieso.
Aquel relumbrón celeste no fue más que un trozo de basura interestelar que cruzó el espacio hasta nuestro pequeño punto azul pálido y que se incineró en la atmósfera justo cuando ella miraba hacia arriba. Y eso, solamente por haber ocurrido, por lo improbable que es la suma de acontecimientos necesarios, es suficiente para maravillarse.
Y ahora dediquen un momento para pensar en todas esas personas que dicen que para apreciar la belleza en los colores de un arco iris es necesario imaginar que al final hay un duende con un caldero lleno de oro.
Ni puta falta que hace.
Atheism is more than just the knowledge that gods do not exist, and that religion is either a mistake or a fraud. Atheism is an attitude, a frame of mind that looks at the world objectively, fearlessly, always trying to understand all things as a part of nature.
Carl Sagan.
[1] Lo cual, no hace falta decirlo, no es requisito imprescindible para lo que sigue a continuación, pero ayuda a dejar las cosas claras.
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