Archivo de febrero, 2007

A Long Way Down es la historia de Martin Sharp, un presentador de televisión venido a menos tras un desliz que tuvo con una niña de 15 años (aunque ella le dijo que tenía 16). Su mujer le dejó, llevándose a sus dos hijas, y él trabaja ahora en el canal de cable más cochambroso de Inglaterra. Así que Martin ha decidido subir a la azotea de Topper’s House la noche de Fin de Año para tirarse.

A Long Way Down es la historia de Maureen, un ama de casa que ya peina canas que ha pasado los últimos 19 años de su vida cuidando de su hijo disminuido, Matty, sin prácticamente salir de casa. Cansada de una monotonía de la que no puede escapar, decide dejar a Matty con unos cuidadores y subir a la azotea de Topper’s House la noche de Fin de Año para tirarse.

A Long Way DownA Long Way Down es la historia de Jess, una adolescente con serios problemas emocionales, hormonales y de comportamiento en general. La última que ha liado ha ocasionado que su novio Chas haya salido huyendo. Si a eso le sumamos las movidas que tiene en casa por diversos motivos, podemos llegar a comprender que Jess haya subido a la azotea de Topper’s House la noche de Fin de Año para tirarse.

A Long Way Down es la historia de JJ. JJ es americano y se encuentra en Londres porque su novia era de allí. JJ iba a triunfar con su grupo de música, Big Yellow. De la noche a la mañana se ha encontrado sin grupo, sin chica y repartiendo pizzas. Ante la perspectiva de no poder volver a vivir su época dorada con la banda, decide subir a la azotea de Topper’s House la noche de Fin de Año para tirarse.

Estamos hablando siempre de la misma noche de Fin de Año. Cuatro personas se reúnen por casualidad en el tejado de uno de los edificios más altos de su ciudad para saltar al vacío. En esas situaciones, un poco de cortesía nunca está de más, pero puede traer un cambio de planes radical: tras un rato hablando, deciden que quizá sea mejor idea volver a bajar y ver qué son capaces de hacer.

Con esta premisa comienza este libro, el primero que leo de Nick Hornby. Uno de sus mayores atractivos es la narración en primera persona de los hechos a través de cada uno de los caracteres, por los cuales se va saltando de forma más o menos secuencial; dependiendo de quién esté contando la historia cambia completamente el estilo de escritura: no es igual la forma de expresarse de Jess, que es muy coloquial y prácticamente se lee como si alguien estuviese hablando de verdad, que la de Martin, que será un pederasta pero se nota que tiene estudios y sabe dónde poner un punto y seguido.

No me ha entusiasmado en exceso, en parte porque a veces parecía que la historia no llevaba una dirección clara y que los personajes iban dando vueltas al tuntún a ver qué salía; y también porque a ratos me recordaba a un Palahniuk muy descafeinado (no me pregunten por qué, simplemente es una asociación de esas que me ocurren de vez en cuando. Posiblemente no sean ni parecidos.)

De todas formas, sí me ha picado lo suficiente como para darle otra oportunidad a este autor. Se aceptan sugerencias, siempre que no sea Alta Fidelidad. Sonará a excusa barata, pero después de ver la película me da una pereza terrible leerme el libro.

[tags]nick hornby, a long way down[/tags]

Queremos creer

[tags]peones negros, realidades alternativas, elvis vive[/tags]

Posiblemente una de las más famosas retransmisiones radiofónicas de la historia fue aquella adaptación de La Guerra de los Mundos que hizo Orson Welles y que se emitió el 30 de Octubre de 1938, justo antes de Halloween.

El paso al formato radiofónico se realizó con la idea en mente de que la narración de los hechos debía ser lo más realista posible, simulando que los eventos que se contaban mediante periodistas ficticios (y altos cargos ficticios, incluyendo todo un Secretario de Estado), noticias leídas en estudio y conexiones en directo estaban ocurriendo realmente. Funcionó: miles de personas creyeron que realmente los marcianos invadían los Estados Unidos.

Ayer, de casualidad, encontré una grabación del programa completo. Es un archivo de audio que dura algo menos de una hora y que estoy escuchando mientras escribo esto. Desde la perspectiva de que es una forma de hacer radio de hace casi 70 años, me puedo imaginar las sensaciones que tendría un oyente que conectase en un momento intermedio de la emisión y no supiese que era una adaptación radiofónica de una obra de ficción. Si alguien tiene interés en seguirlo y tiene el oído algo duro para el perfidoalbionés, hay una copia del script disponible.

[tags]orson welles, radio, marcianos, invasión[/tags]

Ésta me la voy a apuntar en la lista de ideas felices. Ayer fui capaz de ir así por la calle durante los cinco minutos que separan mi casa del Metro sin enterarme:

Se me fue

Sí: la cazadora está abrochada con el abrigo. Puedo decir en mi defensa que al salir de la estación, con la luz de las farolas todo parecía del mismo color, y que además iba leyendo según andaba.

Menos mal que era tarde y no había gente por la calle. Algún día me pondré los pantalones del revés y saldré de casa extrañado de lo raro que queda el cinturón.

[tags]buscando mi cabeza[/tags]

Lo noté por primera vez hace ya varios meses. Fue gracias a una explosión: si a esa hora no hubiesen programado aquella película del tipo de apellido impronunciable yo no estaría contándoles esto. Dio la casualidad de que yo pasaba por delante de la puerta en el mismo instante en el que un coche saltaba por los aires. No le di mayor importancia.

Al volver a casa, bien entrada la madrugada, me dio por acercar la cabeza a la puerta. Tenía que pasar por allí para llegar tanto a la escalera como al ascensor que me llevaban a mi piso, no pude evitarlo. Sólo pude distinguir un ligerísimo zumbido. Lo dejé pasar.

Dos días más tarde, a las siete de la mañana, volví a caminar por delante de la puerta de aquel piso cuando iba de camino al trabajo. Me pareció oír un eco lejano. Consciente de que quedaría muy feo si alguien me viese, y aún más consciente de las horas que eran, decidí pegar la oreja con todo el descaro del que era capaz. Una voz lejana, con forzada seriedad, distorsionada posiblemente por la distancia y probablemente por una mala sintonización, informaba de que cierto jugador de fútbol se había lesionado el tabique nasal en una fiesta (aunque decían que era el ligamento cruzado). En algún país terminado en -istán había explotado algo cerca de algún sitio y había ocasionado algunos muertos. Tal cantante había confesado que su mayor éxito era un plagio de una canción menor de una banda desconocida.

A las 7:00, las noticias de la mañana.

En un principio lo consideré una afición. Le dije a mi mujer que no fumaría más dentro del piso y que saldría a la calle a dar un paseo cada vez que quisiese echarme un cigarro. Al pasar por delante del Bajo C, escuchaba. Me quedaba allí unos minutos: a veces se me olvidaba bajarme el paquete de palitos para el cáncer.

Al cabo de un par de semanas me compré una guía de programación, y en tres días logré averiguar el canal.

A las 13:30, la Ruleta de la Fortuna.
A las 17:50, un documental. Mañana, otro. Los sábados, una película dos horas antes.

Cada vez pasaba con más asiduidad. Necesitaba oír aquellas voces relajantes, personalizadas. No tenía que pelearme por el mando a distancia. El canal que necesitaba ya estaba puesto cuatro pisos más abajo. Y me daba lo que quería; sólo tenía que ir a él. Los presentadores, las modelos, el hombre del tiempo, todos eran amables conmigo.

A las 19:00, entrevista con una médium.

Todo va a salir bien.

A cualquier hora, publicidad.

Sabes quien eres. Sabes lo que quieres.

Una noche, ya tarde, comenté que iba a bajar la basura y a dar una vuelta, justo cuando mi mujer y yo íbamos a irnos a la cama. El sofá cama del salón se abrió del portazo. Me daba igual.

A las 2:00, Rocco conquista Polonia.

Ayer por la mañana supe que algo andaba mal cuando oí más ruido del habitual en el pasillo al bajar las escaleras. La policía estaba sacando los restos del dueño de la casa en una camilla cubierta con una sábana. Al parecer, le había dado un infarto mientras estaba sentado en el sillón, varios meses atrás.

Del interior del piso no salía ningún ruido.

Ninguno en absoluto.

Les cuento esto mientras rompo el precinto judicial de la puerta. Necesito oír su voz una vez más. Por lo menos otra vez. No, no sólo otra vez: necesito sacarla de ahí y despertarla. Porque sé que ella me cuidará como cuidó a su anterior dueño, que siempre podré contar con sus historias cada vez que la necesite. Porque sé que, en el fondo, ella me hablaba a mí y sólo a mí. Y que me mantendrá entretenido siempre.

Siempre.

Puedo contar con ello.

(Hace unos días, la policía encontró el cadáver momificado de un anciano, Vincenzo Riccardi, que había muerto hacía más de un año. La televisión que tenía puesta cuando falleció aún estaba encendida. No serán las cucarachas las que hereden el planeta: será nuestro ejército de cajas tontas emitiendo estupideces 24 horas al día a través de la señal de alguna pequeña emisora local que sufrió un corto.)

La sustancia que pudre el cerebro

[tags]televisión, relato[/tags]

Un científico tendría serios problemas éticos si se decidiese a crear una quimera en el sentido clásico de la palabra. No se espera, por tanto, que los cerdos vuelen en un futuro próximo.

Un taxidermista, por otra parte…

Grifo dorado

Más criaturas entrañables en Custom Creature Taxidermy.

[tags]quimeras, taxidermia[/tags]

Hace algo más de dos años hablé por aquí de The Ballad of Bilbo Baggins, una canción interpretada por Leonard Nimoy que data de 1968.

En ese artículo enlazaba a un videoclip de dicha canción, el cual hay que ver sentado y a ser posible con las neuronas a medio dormir, no sea que se aprecie en toda su intensidad (aunque he de decir que las hobbits sesenteras flowerpower son hipnóticas).

Ahora resulta que el videoclip en cuestión no estaba entero. Si alguien quiere todo el metraje (falta una estrofa y un solo de Casio) sólo tiene que pasarse por The Musical Touch of Leonard Nimoy, donde además explican:

As to the origins of this video, we can now say with certainty that it was originally created for the ABC summer replacement series, Malibu-U, hosted by “Ozzie And Harriet” TV star, Ricky Nelson. The show was a beachy version of American Bandstand, with musical guests who all performed on the sand. In the episode featuring Nimoy (as well as Mrs. Miller and The Buffalo Springfield!), the Bilbo clip was introduced by Ricky as a musical number designed to push your funny button. So for those of you who have seen the video and said, “Was he serious?!”, the answer is, no, he wasn’t. It’s supposed to make you laugh.

Pues risa, lo que se dice risa, no. Hay cosas más graciosas, sacadas de la página en la Wikipedia de la canción en cuestión (la negrita es mía):

Fans of Nimoy were intrigued by the fact (revealed in interviews) that Nimoy had read Tolkien’s The Lord of the Rings and been exceedingly impressed by it. From approximately 1968 to 1973, several Nimoy and Star Trek fanzine writers and editors (notably Regina Marvinny’s Nimoyan Federation) discussed the idea of a live-action The Lord of the Rings film, with Nimoy playing Aragorn, and there was a brief letter-writing campaign.

Me lo imagino:

¡Gandalf, cinco para teletransportar!

[tags]leonard nimoy, bilbo baggins[/tags]