Allá por finales de 2005, Tim Burton se sacó de la manga una película llamada La Novia Cadáver. La cosa iba de un hombre que va al bosque a practicar los votos de su ceremonia de bodas, tras haber cabreado al cura de rigor. Durante el proceso, despierta el cadáver de una mujer, con traje de bodas y ramo de flores marchitas incluido, que reposaba allí a la espera de que su futuro marido la despertase.
Como principio de un cuento no está mal. A mí la película no me hizo mucha ilusión, dicho sea de paso. De hecho, seguro que el mundo real puede dar historias más truculentas, incluso sin llevar el pelo de punta ni gafas con cristales de colores. Probemos a ponernos cómodos en la butaca, a ver qué sale.
Vamos a coger, en primer lugar, un país en el que los Derechos Humanos no valgan ni el papel en el que están escritos; esto no es condición indispensable, pero ayuda mucho. En China salen más baratos que un Big Mac, así que vamos a quedarnos por la zona. También podríamos ir a la estepa rusa, y el protagonista se llamaría Nicolai, pero ya hemos dicho que escogemos Asia, así que se llamará Yang Dongyan, por ejemplo.
El hambre por la zona arrecia, así que nuestro protagonista decide comprar, por $1600, a una joven para revenderla después en un matrimonio forzado. Tras varios días puesta a la venta en el libre mercado comunista, descubre una tradición llamada minghun:
Minghun (or afterlife marriage) is a custom of rural China of arranging a funeral for a bachelor son to include joint burial with a recently deceased unmarried woman in a form of marriage.
Dicho y hecho, encuentra un comprador que quiere utilizar a la chica en el rito, y ofrece $2,077 a cambio de los restos. ¿Restos sólo? Pues nada: los restos es lo que se entrega, y por el proceso nadie pregunta. Pecunia non olet.
A estas alturas el viejo Dongyan ya se ha dado cuenta de que vender cadáveres sale más rentable que vender mujeres vivas, así que mata a una prostituta que conocía de antes y la vende para lo mismo. Desgraciadamente, sólo obtiene $1000 de la transacción porque esta joven era más fea que la anterior: el más allá hará maravillas con los pecados de las almas y las conciencias de ciertos dictadores hijos de puta, pero las marcas del acné ahí siguen. Con todo, seguía siendo más rentable que la primera venta.
La historia termina aquí, con la policía china deteniendo al protagonista y a los compradores. Para el espectador, que hace un rato que se ha olvidado de su cubo de palomitas, la sorpresa viene cuando en los créditos del final, en lugar de al principio del todo, y sin la típica voz en off, aparece el mensaje: Basado en una historia real.
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Pues como no se pueden poner insultos ni puedo mencionar a ningún familiar, me limitaré a alegrarme de vivir aqu´`i y preferir seguir en la ignorancia de costumbres tan bárbaras.
Fdo: una chica occidental con suerte de serlo.
Terrible, como la vida misma
BUENO, LA CUESTION ES QUE AL FINAL NO ES UN FINAL DE ESPERARSE, SI FUE BURTON QUIEN LO QUISO ASI,
MAS DEPRIMENTE QUE NO SE QUE, ME DEPRIMIO, EL VICTOR ESE DEVIO ABANDONAR A LA ENGREIDA DE VICTORIA YQUEDARSE CON LA POBRECITA DE EMILY ¿NO?