Sí, hoy toca edición nocturna. Tal y como dije el otro día, hoy se ha llevado a cabo la charla sobre homeopatía dentro del marco de la VI Semana de la Ciencia. Así que me acerqué a ver qué contaban.
La charla ha sido llevada a cabo por un médico y un farmacéutico encantados de haberse conocido que desde el primer momento intentaron meterse al público en el bolsillo, aunque por lo que vi la mayoría iban predispuestos desde el principio.
Realmente yo sólo iba a hacer una única pregunta, que ocurrió al final de la charla, y después de que el farmacéutico explicase el proceso de disolución. Para los que son demasiado vagos como para ver el vídeo: se basa en coger 1 ml de tintura madre (el principio activo que se desea emplear), disolverlo en 99 ml de alcohol (alcohol 96 reducido con agua hasta 70 grados) y agitarlo 100 veces en 10 segundos. En ese momento, se tiene una disolución de 1 CH. Repitiendo la operación se obtiene una 2 CH (es decir, cada CH es 100 veces más pequeño -o está 100 veces maś disuelto- que el anterior). Las disoluciones más utilizadas son de 5, 7, 9, 15 y 30 CH, aunque existen más variantes.
Mi pregunta fue que, cogiendo un frasco de 30 CH de cualquier disolución, y un frasco de la misma cantidad de alcohol del que se utiliza como disolvente, si existe diferencia entre ellos tras un análisis (o dicho de otra forma: ¿Qué diferencia hay entre esto que me están explicando y el vudú?). En efecto, el farmacéutico me dijo que en esa disolución (y en menores índices de CH) normalmente no se encuentra ninguna molécula del principio activo. Después de que el hombre disertase un rato sobre lo maravillosa que era la física del agua (pero sin decir la palabra memoria, que era lo que yo estaba esperando), le pregunté que, en ese caso, de dónde obtenían el alcohol y el agua que se utilizaban inicialmente en el proceso y que cómo tenían la seguridad de que anteriormente no habían estado mezclados con otros compuestos. A lo que el hombre me respondió que se había publicado un trabajo en 2003 de un científico (del cual ahora mismo no recuerdo el nombre) que utilizando técnicas de termoluminiscencia había detectado cambios en la estructura físico-química del disolvente (la famosa junta de la trócola, aunque sin tener el artículo aquí delante no puedo decir más), y que siguiente pregunta, que íbamos mal de tiempo.
Tras lo cual decidí hacer un discreto mutis por el foro, que era la hora de comer. He dejado las transparencias que me han parecido más interesantes a disposición del que las quiera, incluyendo aquellas que citan revistas en las que supuestamente se han publicado trabajos que respaldan las tesis homeopáticas. Cuando tenga un rato escribiré a los editores a ver qué se cuentan.
[tags]semana de la ciencia, homeopatía[/tags]




Akin (#1) dice:
Sí, ha levantado polémica esa entradita de la homeopatía donde jamás debería haber estado…
12/11/2006, 01:34LAH (#2) dice:
que gusto da tener un publico entregado que se trague todo lo que sueltes y te ria cualquier gilipollez que digas.
12/11/2006, 09:33KJ (#3) dice:
Es que tienen unos huevos que se los pisan. Vaya pila de sinvergüenzas, unos, y de interesados -los otros, los que los invitan-. ¿No eran unas jornadas de ciencia? Manía de mezclar la homeopatía con las cosas serias…
12/11/2006, 14:49Gualberto Diaz (#4) dice:
Acabo de leer tu artículo de opinión y he sentido mucho no haber sabido dar una respuesta adecuada a tu pregunta el día de la conferencia en la “Semana de la Ciencia”, o no haber sabido expresarla. Sobre todo lo siento porque es una pregunta que, formulada de otra manera, yo también me hice en su momento (¡y quién no, cuando se profundiza un poco!) y que me respondió uno de los investigadores de referencia en homeopatía en una conferencia. Me hubiera gustado poder trasladar esa respuesta a todo el público, pero ya que no fue posible permíteme hacerlo ahora; después, tus conocimientos y sentido crítico valorarán la plausibilidad de la misma.
En efecto, afirmamos que las disoluciones contienen “algo”, que no debe ser químico porque no se detectan moléculas. Por tanto, detectar diferencias entre homeopatía y agua (o alcohol según el medio de disolución) mediante un análisis químico no sería posible. Como comenté en la conferencia, hoy podemos detectar concentraciones de sustancias a las que antes no accedíamos, y eso no significa que esas sustancias antes no existieran, y ahora sí. Lo más razonable sería desarrollar un método para medir esas diferencias entre homeopatía y agua, y parece que el más prometedor es la termoluminiscencia, de la que ya has hablado. No me he molestado en buscar bibliografía sobre la “junta de la trócola”, pero en cambio puedo asegurar que sí existen publicaciones científicas sobre la termoluminiscencia en diferentes campos, y aplicada a la homeopatía.
El otro problema que plantea tu pregunta es: ¿cómo podemos estar seguros de que productos previamente presentes en el agua (o alcohol, según los preparados) no han dejado su “rastro” o influencia, que podría ser incluso más potente que la de la sustancia homeopatizada? Yo añadiría: ¿y en los últimos pasos de la elaboración del medicamento, no es cierto que cualquier impureza del ambiente (a pesar del flujo laminar y las medidas de higiene protocolizadas, siempre quedará una mota de polvo) que contamine el preparado tendría mayor concentración y una hipotética capacidad de modificar la “estructura” y por tanto los efectos del medicamento final?
La respuesta es que, para que una sustancia introduzca esos cambios o deje una influencia en el preparado diluido, no basta con que haya estado presente. Debe hacerlo a una concentración inicial mínima, y las sucesivas diluciones deben seguir alguno de los métodos reconocidos por la farmacopea y siempre incluyendo la dinamización (agitación) y saltos de concentración que no sean inadmisibles (sería más fácil fabricar los preparados comenzando directamente por concentraciones insignificantes, y haciendo saltos de dilución más grandes). De lo contrario, no se consigue ni el cambio (verificable por termoluminiscencia) ni la capacidad terapéutica. Además, tal como se comentó en la conferencia, el calentamiento, irradiación y otras agresiones físicas pueden anular los cambios presentes en la disolución, lo cual comprobamos nuevamente tanto por medio de la termoluminiscencia como por la inactividad terapéutica.
Para responder directamente tu pregunta: las impurezas o contaminaciones (que por exigencia de los organismos competentes, conforme a las normas de fabricación dictadas por la ley, deben ser mínimas) pasadas o producidas durante la elaboración, nunca estarían en el solvente en concentración suficiente ni hubieran seguido el proceso de dilución-dinamización que permite que trasladen su influencia (cambios estructurales) al medicamento final.
Confío en que esta ampliación de la respuesta que se dio en la conferencia se adecue mejor a la pregunta, que nuevamente te agradezco. No quiero dejar de agradecerte tampoco el que no monopolizaras el escaso tiempo de preguntas que quedaba; si hubiera próximas ocasiones en que nos encontremos y en las que no sepa enfocar correctamente mis comentarios o respuestas, me encantaría que te acercaras al final, como hicieron otras personas tratando de resolver sus dudas personales. Para saber más directamente de la fuente, busca los trabajos del Prof. Dr. Louis Rey, reconocido experto en física del agua.
27/11/2006, 22:05