Los sacerdotes apostados en sus baluartes de la capital no tienen por costumbre emigrar a la playa cuando aprieta el calor, pero quizá gusten de pasearse en tanga a ver si pillan moreno con la luz reflejada por el pan de oro de la capilla. El caso es que han vuelto a sacar la lengua a paseo (quizá, como los cánidos, para evaporar – en este caso mala leche) con ocasión de una boda que celebrará hoy Alberto Ruíz Gallardón, ese topo (dicen las malas lenguas) judeomasón y comunista llamado a romper las prietas filas del PP.
Lo cuentan en varios sitios, pero el comunicado original de la Conferencia Episcopal lo he visto en la noticia de El País: El Arzobispado de Madrid reprocha a Gallardón que case a una pareja gay.
En una nota de prensa, el Arzobispado dice que “el matrimonio no puede ser contraído más que por personas de diverso sexo: una mujer y un varón”, como expuso Benedicto XVI en el V Encuentro Mundial de las Familias celebrado en Valencia. “La verdad sobre el matrimonio debe ser respetada y promovida por la legislación civil y no son aceptables ni las equiparaciones de las llamadas uniones homosexuales con el verdadero matrimonio, ni mucho menos una definición legal del mismo, como ocurre en la vigente legislación española”, explica la institución eclesiástica en el comunicado.
Servidor se pregunta qué validez puede tener lo que diga o deje de decir Susan[1] en una boda civil en medio de un estado aconfesional. Pero da igual, ellos siguen con su monserga sobre “el verdadero matrimonio” que siempre tendrá incondicionales.
[1] Susan-tidad, máximo mandatario de la secta de turno. A la postre, Herr Ratzinger.
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