Estaba yo en mi casa tomándome un Frenadol con galletas cuando llamaron a la puerta. Era el judÃo-masón-comunista-gay-sociata a sueldo de Prisa que nos deja las consignas del Manifestómetro junto con un fajo de billetes y dos pelos de la barba de Rajoy para nuestros experimentos vudú. Asà que cogà mi estampilla de Zapatero y me eché a la calle (todo esto según fuentes bien informadas.)
Del 25-F al 25-M, y tiro porque me toca. Esta vez tocaban los parquÃmetros. A favor de su retirada, supongo. O directamente contra Gallardón. En todo caso, se agradecÃa ir a cubrir una manifestación que no fuese dejando a su paso un intenso aroma a incienso. El olor a naftalina, sin embargo, no lo echamos de menos.
A nuestra llegada la cosa no pintaba demasiado bien. En manifestaciones anteriores, a pesar de haber estado incluso más de una hora antes, ya se palpaba el ambiente en el aire. AquÃ, sin embargo, habÃa cuatro gatos (literalmente):

HabÃa más gente paseando por Preciados y curiosos alrededor tomando fotos que manifestantes propiamente dichos. Ejercicio de agudeza visual: miren esta imagen durante 10 segundos y luego intenten adivinar qué personas se estaban manifestando y qué personas simplemente pasaban por allÃ. No es fácil, no.
A pesar de que la cosa prometÃa ser un tostón, poco a poco se fue animando, y llegaron coches repartiendo pancartas. Atención a la banda sonora. Ya que estamos de alto el fuego, habrá que reciclar viejas canciones. De todas formas tampoco conviene pasarse con el reciclaje, porque algunas piezas daban ganas de pintar a la poli de gris y salir corriendo.
Tras unos minutos de titubeo, en los que me entretuve fotografiando alguna que otra pancarta curiosa (incluyendo las que sufrieron retoques de última hora), la cosa por fin arrancó, en la manifestación más ruidosa que he cubierto con el Manifestómetro, no sólo gracias al sambódromo que llevaban de serie, sino también al empeño del que aquà llamaré el Señor de la Trompeta, que no cesó en sus intentos por demostrarnos que dejar de fumar conlleva magnÃficas ventajas para el aparato respiratorio.
Asà que ahà empezó la cosa, un poco antes de las 18:30 previstas. De recuerdo me llevé un vale de aparcamiento de Fuencarral y un dólar de pega (anverso, reverso.) No sé si con ese pavo se puede pagar en algún parquÃmetro; si vamos a otra ya lo preguntaré. Otra de las cosas que realmente triunfaron esa tarde fueron los disfraces de policÃa y parquÃmetro, un conjunto muy mono en gomaespuma que ya quisieran para sà muchos productores de cine Z. El de la trompeta, a lo suyo, mientras algunas personas expresaban sus inquietudes por el resultado del recuento.
En un momento dado, la gente preguntaba “¿Dónde está Telemadrid”?. He de decir en su defensa que la periodista enviada era pequeñita, vale. Pero se la veÃa. Y lo que es más importante, se ha unido a la causa del Manifestómetro, pero ella no lo sabe aún. Atención a la siguiente imagen:

¿Ven el lazo? Efectivamente, es un metro. Eso quiere decir algo. ¿El qué? Ni idea, oigan. A nosotros nos gustarÃa pensar que es una simpatizante de incógnito, pero no nos atrevimos a preguntar. Es posible que el trompetista tenga su propia teorÃa.
Gallardón Faraón fue una de las consignas más repetidas durante toda la tarde, cuando conseguÃan sincronizarse. También pasaban por allà unos que pedÃan el fin de las talas. Un hombre con su propio equipo de sonido incitaba a las masas a recordar a Gallarón quién le va a votar en las próximas elecciones. Y yo voy y me lo creo. El trompetista también expresaba sus dudas.
La cosa se acercaba a su final. Llamada de aviso, foto de control cuando la cabecera llegaba a la Plaza de la Villa para realizar el recuento (que publicaré cuando tenga todas las imágenes, que más de uno va a estar durmiendo hasta mediodÃa) y discreto mutis mientras se leÃa el manifiesto. Los de la Sociedad Ornitológica también estaban allÃ.
Y él seguÃa, vaya que sÃ. Reemplazará al Kraken en mis pesadillas, ¡voto a brÃos! ¡Ar!
Este artÃculo se publica simultáneamente en Las penas del Agente Smith y El Manifestómetro.